Todo comenzó en 1984 en el instituto público Conde Orgaz de Canillas, donde estudiaban Enrique y Jaime, el primero los introdujo en la música tradicional. “Éramos cinco chavales que nos gustaba la música tradicional, el folk y los instrumentos antiguos”, recuerda Carlos.

“Desde 1984 veníamos juntándonos algunos folkies de Madrid para tocar, sobre todo al principio música celta. En esa época en Madrid había dos formas de contacto con la música tradicional: la música sudamericana andina con sus variados instrumentos o la música celta de Irlanda o Escocia. ¡Paradójicamente, en un principio por aquí no se le hacía mucho caso a la tradición autóctona!”, apunta Jaime.

Sin embargo, no es hasta el verano de 1986 cuando surge el primer germen de La Musgaña. Se juntan el hortalino Quique Almendros (influencia celta) y dos madrileños: Jose Climent (también influenciado por aires celtas) y Rafa Martin (facción andina).

“Quique había oído en la radio de casualidad a un abuelete tocando la flauta y tamboril de Salamanca. Le pareció tan potente y exótico que decidió que quería aprender ese instrumento. A partir de ahí hacen juntos un viaje iniciático por Castilla recogiendo música y entrevistando a músicos tradicionales. Habían decidido que querían trabajar con la música autóctona de manera similar a la que lo hacían los músicos andinos, irlandeses y europeos con la suya. A principios de 1987 entramos en escena Carlos y yo (también hortalino) para formar el grupo con el que se inicia nuestra andadura”, nos cuenta Jaime, rememorando sus inicios.

ORÍGENES

“No teníamos ninguna experiencia, íbamos aprendiendo a base de errores”, continúa Carlos, lo que para Jaime era muy emocionante, pues estaba todo por hacer. “Decidimos centrarnos en trabajar con música instrumental, algo poco habitual en el entorno castellano de entonces que era más de formaciones con voces tipo rondalla. Fuimos pioneros en utilizar algunos instrumentos fuera de su ámbito tradicional tales como la flauta de tres agujeros y tamboril o la gaita de la sierra de Madrid, instrumento de viento con lengüeta simple que terminaba en un cuerno en su extremo. Teníamos que ir aprendiendo a tocar los instrumentos. Éramos muy atrevidos, enseguida salíamos a escena con ellos en mano”.

Han grabado doce discos como La Musgaña, a lo hay que añadir múltiples colaboraciones

Pero ¿cómo respondía la gente? “Nos acogieron como algo novedoso, tanto el público como entendidos en tradición y músicos folk. En 1988 ganamos el concurso nacional de música tradicional para jóvenes intérpretes organizado por el Ministerio de Cultura. Otra cosa era cuando tocábamos en pueblos de Salamanca, por ejemplo, de donde recogimos mucha música. ¡No les gustaban nada los arreglos modernos que hacíamos!”, responde Jaime, con una sonrisa.

Han grabado doce discos como La Musgaña, editados por RTVE, en la compañía norteamericana Green Linnet y autogestionándolos en su propio sello Lubicán, a lo hay que añadir múltiples colaboraciones. Pero sin duda uno de los discos de mejor recuerdo es el grabado en directo, como relata Jaime, que atesora muchas anécdotas.

“Memorable, grabación muy intensa emotiva y musicalmente. En las horas de espera en camerinos no paraba el intercambio de música entre los artistas invitados, se hacían minibandas improvisadas, Radio Tarifa, Kepa Junquera, Amancio Prada… un sueño y un lujo. Me tocó hacer de anfitrión de Johnny Cunningham, violinista y productor del disco, ¡Te puedo asegurar que mi hígado sufrió mucho durante la semana que duró todo el proceso! Era un tío muy especial, un histórico del folk. Falleció el pobre hace unos años”.

La Musgaña

Jaime Muñoz y Carlos Beceiro (La Musgaña).

SALTO INTERNACIONAL

Reconocimiento internacional y con ello giras por el Reino Unido, Italia, Portugal, Irlanda, Francia, Bélgica, Alemania, Rusia, India, Marruecos, Argelia, México… incluyendo conciertos durante diez años seguidos por los Estados Unidos, pasando a formar parte de los nombres imprescindibles en las guías de Word Music junto a artistas nacionales como Joaquín Díaz, Paco de Lucía, Lluis Llach o Camarón. “Sin llegar al reconocimiento de estos grandes de la música española, sí que es cierto que en el mundo del folk tenemos reconocimiento”, reconoce Carlos con humildad.

Lo que no resultó nada fácil en aquel momento, como recalca Jaime: “¡Mucha responsabilidad! Dosis de asombro, la verdad. En la época en la que no había redes sociales, YouTube, internet… no era tan fácil salir de tu barrio para hacer algo medianamente notable internacionalmente. A esta difusión ayudó mucho nuestra relación con los Estados Unidos, los discos que publicábamos. De nuestros conciertos americanos se hacían eco los medios especializados, difundiéndose en otras revistas y medios internacionales”.

“En la época en la que no había redes sociales, no era tan fácil salir de tu barrio para hacer algo medianamente notable internacionalmente”

No todo son buenos recuerdos. A Quique le dio un derrame cerebral hace diecisiete años en una prueba de sonido, desde entonces está en una silla de ruedas. En palabras de Jaime: “Fue muy duro. Estuvimos un par de años pensado qué hacer, finalmente tomamos la decisión de seguir con el grupo, gracias al apoyo de nuestros amigos músicos y seguidores”.

En estos tiempos de covid, siguen presentando su último disco Raitán, en formato trío con Luis Antonio Pedraza, trabajando en un proyecto sobre los comuneros recordando la revuelta de 1521, colaborando en los directos de la vallisoletana Vanesa Muela y en espacios más pequeños en formato dúo La Musgaña: entre dos. A pesar de la escasa difusión que este tipo de músicas tiene en los medios generalistas, es evidente que hay un público que los sigue con pasión, sorprendiendo a quienes los desconocen en sus directos. Siguen vinculados al distrito, la hija de Jaime es colaboradora de este periódico.

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