A principio de los años cincuenta, Hortaleza había dejado de ser un municipio agrícola para convertirse en parte de la ciudad, pero los habitantes del pueblo seguían viendo con recelo a los forasteros.

Así consideraban a las humildes familias que se dejaron los ahorros para comprar una pequeña parcela en la Huerta del Manzanar, sobre la meseta hoy enclavada entre la calle López de Hoyos y la Gran Vía de Hortaleza, con el anhelo de dejar atrás el triste Madrid de posguerra.

En el pueblo, los bautizaron como ‘hormigas’, porque trabajaban día y noche, también los festivos, para levantar con sus propias manos una vivienda. Como el padre de Antonio Pérez Martín-Tereso, que puso los ladrillos de su casa, cocidos en la parcela de al lado, robando horas al sueño a la salida del trabajo.

Su hijo Antonio reniega del apelativo de ‘hormiga’ y prefiere denominar a su padre y al resto de familias como ‘colonos’. “Porque realmente era un territorio por colonizar”, apunta este maestro jubilado, que aprendió a leer tarde, pero llegó a ser director del antiguo colegio de la UVA de Hortaleza, y ahora presenta El barrio de las Hormigas (Yagruma Ediciones), un libro donde ha volcado su memoria para saldar una deuda pendiente con el padre que se autoconstruyó una casa para salir del “cuartucho oscuro” de Prosperidad en el que se hacinaba la familia.

En total, 24 relatos que dibujan en prosa las calles donde se levantaron 140 modestas viviendas, que han acabado sustituidas por chalés unifamiliares y en los que también se invocan los “elementos clásicos” de una vida no tan lejana.

“La tierra, simbolizada en la adquisición de la parcela; el agua, que obteníamos a través del pozo; el fuego, con el que se cocían los ladrillos, y el viento, para aventar el grano de la espiga”, explica el autor, que formó parte del grupo Poetas de Almudaina de Hortaleza.

Un libro al padre, también a las mujeres, que “jugaron un papel importantísimo” en aquel estoico modo de vida, y al vecindario, que forma un reparto coral evocador. “Al final, en los relatos emerge el barrio, que es el verdadero protagonista”, sentencia Antonio.

Un niño y una mujer en el antiguo Barrio de las Hormigas, con un torre de la calle López de Hoyos al fondo. Foto Santiago Barrallo

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