España, y por ende Hortaleza, fue institucionalmente machista hace apenas dos generaciones. En tiempos de Franco, el machismo se enseñaba en las escuelas. Había manuales de la buena esposa y de la buena ama de casa con consejos para mantener al marido contento. Consejos resumidos en un único axioma: ser lo más sumisa y dócil posible.

Las mujeres precisaban la autorización de un varón para temas tan nimios como abrir una cuenta bancaria. Los anuncios de la tele dejaban bien claro quién tenía que lavar la ropa o hacer la cena y quién fumarse un puro o disfrutar de un brandi en copa de balón al calor de la chimenea. Eran otros tiempos. Sin embargo, aún colean resquicios de aquello. Actitudes residuales, posos que siguen saltándose el filtro de la igualdad como un virus que muta.

Hace unas semanas, sin ir más lejos, mi taxi y yo fuimos testigos de un bochornoso episodio machista en torno a un tipo que se negó a subir en el primer taxi de mi parada solo porque la taxista era mujer. “Llevo prisa. Con esta, no llego ni de coña” llegó a decirme a mí, que era el segundo taxista de la parada. Aquello me ofendió tanto que, entonces, fui yo quien se negó a llevarlo. Y el siguiente taxista de la parada, atento al agravio, también se negó. Y así hasta el quinto y último. De modo que el machista tuvo que marcharse caminando.

Al día siguiente, decidí contar lo sucedido en la red social Twitter. Apenas me ocupó tres tuits, pero la historia caló tan hondo que, en apenas unos minutos, se hizo viral. Las horas siguientes fueron frenéticas: llamadas de decenas de medios. Radios, diarios, informativos de televisión haciéndose eco. Querían contar lo sucedido y así lo hicieron.

Visto en perspectiva, es de valorar que algo así se convierta en noticia. Nunca está de más darle cierta visibilidad al compromiso de construir un mundo más justo, más igual, a través de un gesto tan pequeño. A todos los taxistas de aquella parada apenas nos supuso unos minutos de espera extra hasta la llegada de nuevos usuarios. Tampoco fue un acto de heroicidad propiamente dicho: héroe es aquel que, por ejemplo, se juega la vida tratando de salvar migrantes en pateras a la deriva. Pero hubo un gran debate alrededor del machismo. Algo, en definitiva, impensable hace cuarenta años.

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