José Luis Molinero nos recibe una tarde primaveral enfrente de Ifema, un lugar que conoce bien. No en vano, fue pieza fundamental de la biblioteca Resistiré, una iniciativa surgida cuando recién comenzaba la pandemia para ofrecer libros a los pacientes del improvisado hospital de Ifema. Cuando le propusieron hacerse cargo de la biblioteca, no lo dudó. Todas las noches, tras extenuantes jornadas de más de diez horas en las que según asegura “se me olvidaba hasta comer”, se sometía a una “desinfección extrema” antes de entrar a casa.

Una experiencia que le dejó huella pero que le aportó muchísimo en lo personal. “Pese a lo duro que fue física y psicológicamente, lo volvería hacer sin ninguna duda. Fue una experiencia increíble a nivel humano. Poder ayudar a los enfermos recomendándoles libros y ayudándolos a olvidarse, por un momento, de la situación en la que se encontraban fue muy reconfortante”.

Por las mañanas conducía por las desiertas calles de un Madrid confinado para llenar su coche con las donaciones de libros que recibía. Recuerda con una sonrisa como, cuando lo paraban en algún control policial, ya lo reconocían como “el bibliotecario de Ifema”. Tal fue el éxito de la iniciativa que tuvo que rechazar los cientos de ofrecimientos de libros que llenaban su bandeja del correo electrónico. Los humildes estantes de la biblioteca Resistir” no daban abasto.

Junto a la voluntaria de SAMUR-Protección Civil Mar Eguiluz, ejercía como bibliotecario improvisado ordenando y recomendado libros. La lectura se convertía en la única distracción y consuelo que encontraban los pacientes del hospital de Ifema. En medio del desconcierto, del miedo y de la tragedia, los libros ofrecían una válvula de escape para huir del horror que allí se vivía.

LA ISLA DE LOS HABITANTES SIN NOMBRE

Nacido en Pinar del Rey, pasó por Canillas y Sanchinarro, para terminar viviendo entre Las Cárcavas y Valdebebas, donde le da “la sensación de estar en medio del campo”. Toda una vida en el barrio. Allí encuentra la tranquilidad para dedicarse a lo que más le gusta: escribir. José Luis Molinero, que estudió derecho y trabaja en el ámbito de la publicidad como responsable de relaciones institucionales, es, como él mismo reconoce, “escritor vocacional”. Cuando habla de escribir se le ilumina la cara. Transmite la ilusión de quien habla de su pasión.

Animado tras su experiencia como voluntario de la biblioteca Resistiré, se lanzó a escribir la que es su cuarta novela: La isla de los habitantes sin nombre. Según recuerda, muchos de los pacientes lo animaban a que escribiera; de hecho, “parte del libro”, confiesa, “se inspira en las historias que me contaban en el hospital”.

¿Dentro de qué género puede clasificarse esta novela? Arranca con reminiscencias orwellianas que recuerdan a la mejor literatura distópica. No obstante, según avanza la trama, los sucesos históricos van cobrando protagonismo hasta convertirse en un personaje más. Amor y romance, espías e intriga son otros de los ingredientes que completan esta obra. Esta mezcla de géneros, admite José Luis, se debe a que “me gusta escribir, lo que me gusta leer” y, como lector voraz, no hay ningún género que se le resista.

José Luis Molinero

INTRIGA Y AMOR

Imagine el lector que un día se despierta en una isla desierta, sin ningún recuerdo, y junto a un grupo de desconocidos, también en la misma situación. Este es el apasionante e intrigante punto de partida de La isla de los habitantes sin nombre. Comienza así un viaje en busca de una identidad perdida, de una vida que de la noche a la mañana les ha sido arrebatada. Con la crisis de los misiles de Cuba o los experimentos secretos de la CIA como telón de fondo, la acción se desarrolla a caballo entre los Estados Unidos, España y Cuba.

No obstante, si hay una cuestión que destaca sobre el resto en esta novela es el amor. Un amor por el que luchan incansablemente los protagonistas pese a los innumerables obstáculos que se interponen en su camino. La sugerente imagen de portada, la orilla de una playa de aguas cristalinas, invita al lector a sumergirse de lleno en esta historia.

Publicado por la editorial Caligrama del grupo Penguin Random House –una editorial de autoedición que solo se encarga, prácticamente, de la publicación de la obra–, la edición y la promoción del libro han corrido casi íntegramente a su cargo. Él mismo pagó la campaña publicitaria que lo ha llevado a anunciarse en marquesinas y autobuses de la EMT. “Más allá de los grandes nombres de la literatura comercial española —señala— resulta muy difícil abrirse camino como escritor. Todo lo tienes que hacer tú. Casi parece que hay que pedir perdón por escribir”.

No se olvida, sin embargo, de la ayuda y consejo que le prestaron dos grandes escritores como Gonzalo Giner y Javier Sierra. Con todo, pese a las dificultades, y después de más de siete meses de desvelos y noches en las que se levantaba de madrugada para anotar ideas que le iban surgiendo, ha conseguido sacar adelante esta novela de lectura amena e intrigante trama.

La isla de los habitantes sin nombre puede adquirirse en formato electrónico (ebook) o, previo pedido, en grandes superficies como Fnac, El Corte Inglés o La Casa del Libro. Asimismo, todo aquel que desee más información o contactar con el autor puede hacerlo a través de su página web personal.

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