Empecé llamándolo Ignacio, después Nacho y, finalmente, descubrí que tenía que llamarlo Iñaki. Hay algo en él que me hace pensar en Martín Zalacaín, el héroe barojiano. Media un siglo entre ambos, pero el carácter los asemeja. Como describía el profesor Santos Sanz Villanueva, representan el hombre de acción, un personaje de “convicciones firmes y elementales, valeroso en extremo, enfrentado con decisión a las adversidades, pero también con un punto de pícaro y otro de ternura”.

Estamos en el parque del roko (rocódromo de Manoteras). Iñaki casi acaba de aterrizar de su misión en Guinea. El azar me hace conocer a sus padres y al perro. Con ello empiezo a entender el carácter aventurero de nuestro entrevistado, una personalidad curtida entre el barrio y media Europa en caravana. Hablan de una minimoto, de barranquismo, de Ámsterdam y, de pronto, despide a los padres y, con la mirada clavada en el roko, me suelta “¿cómo tenemos que vender todo esto?”.

Le digo que la entrevista la hago yo y que él es cualquier vecino con el que nos cruzamos, pero sé que no es así. Quiere salir en el periódico para impulsar las siguientes fases del proyecto de rocódromo que defendió en el Pleno de la Junta Municipal. Yo pretendo descubrir el personaje. Los dos jugamos.

PREGUNTA: ¿De dónde eres?

RESPUESTA: Soy nacido al lado del colegio de Virgen del Carmen. Siempre he vivido en Tomás Aparicio, al lado de la UVA. Después me cambié ahí a los picos, que es Pinar de Chamartín, pero en realidad es Manoteras.

¿Cómo te defines?

Me reconozco como una persona del Club de Montaña Manoteras, de aquí del roko.

¿Dónde estudiaste?

Estudié en la Inmaculada, justo en frente de Radio Enlace. Mi abuela fue quien metió a mi madre en la Inmaculada. Luego fui al Gabriel García Márquez. Años después, tuve la oportunidad de entrevistarme con el hermano de Gabriel García Márquez y visitar su casa poco después de que falleciera Gabriel.

“Me reconozco como una persona del Club de Montaña Manoteras, de aquí del roko”

¿Cómo fue?

En la Ruta Quetzal. Tendrías que ver su casa. Entras por la puerta y ya ves sus palabras escritas. Una de las últimas charlas de Gabriel la dio con Miguel de la Cuadra. Había mucho vínculo entre España, Gabriel y el Gobierno de Colombia.

¿Cómo entraste en la Quetzal?

Es un poco fuerte. Yo era un chaval de barrio de aquí y era un poco piececilla de barrio. Mi padre era celador en el Hospital del Aire. Mi abuela fue la primera civil que trabajó en el Hospital del Aire. Como era un piececilla, mi padre me metió a trabajar en el hospital de Fuenlabrada de celador.

¿No estudiabas?

Estudiaba Administración y Dirección de Empresa en la Rey Juan Carlos. Mi padre me metió ahí y yo alucinaba. Un enfermero me dijo que había un Máster de Medicina de Montaña para médicos y enfermeros en Aragón. Yo me dije:  “Tengo que ser enfermero y hacer ese máster”. Y cogí y me hice Enfermería.

FOTO DANIEL MILLS SALCEDO

¿Habías dejado la Rey Juan Carlos?

No, me saqué Administración y Dirección de Empresas. El último año lo hice con el primer año de Enfermería. Hay muchas veces que dormía al lado del hospital en la autocaravana para ir a trabajar.

¿Trabajar y estudiar dos carreras?

Me apoyaban mucho en el hospital todos mis compañeros. Fue increíble. Y nada, me apunté al máster en Aragón en el hospital Servet con el doctor José Ramón Morandeira, que en paz descanse, y con todo el ejército de allí, la Unidad de Jaca y la Guardia Civil.

No tengo palabras. Trabajar en helicópteros, trabajar con gente de todas la comunidades autónomas… Era un máster de formación en catástrofes para poder ir a cualquier misión en cualquier lado, subir a cualquier pico. Podíamos dar apoyo logístico y sanitario a cualquier población en cualquier lado y llegar a esa gente fastidiada cuando hay una catástrofe o que no tienen apoyo.

No me has contestado a lo de la Quetzal.

Tuve la oportunidad de ir a la Complutense a hacer una entrevista con Miguel de la Quadra-Salcedo. Después pasamos un montón de pruebas, la verdad, bastante duras en el proceso de selección de los monitores. Y tuve la oportunidad de ir a Panamá a la ruta de Núñez de Balboa cuando descubrió el océano Pacífico.

¿Una experiencia increíble?

Luego en 2015 fui como logística en Colombia. Estuvimos haciendo la Ruta de las Esmeraldas. Visitamos la casa de García Márquez, Cartagena de Indias con nuestro embajador, Santa Marta para visitar el poblado kogui. Tuvimos que hacer una expedición para llevar agua por la selva con cuatro caballos. Un montón de cosas hasta que llegamos a Bogotá y nos recibió el presidente.

¿Hubo algún peligro?

Íbamos apoyados por el gobierno de Colombia. Nos recibieron 24 militares. Todo el rato vigilados por delante y por detrás. Una organización por parte de la Ruta Quetzal increíble.

¿No seguiste en la Quetzal?

Una pena. Desde que falleció don Miguel de la Quadra, se nos vino esto abajo. Ese hombre llegaba a todo el mundo. Tenía un teléfono y cambiaba todo. Una pena. Ojalá se pueda hacer algo entrañable por España, que se nos vea como en la ruta.

¿Empresario o enfermero?

Llevo dieciséis años dedicado a los hospitales. Creo que he pasado por todos los servicios que puede haber en el hospital. He trabajado en el Ramón y Cajal, en la unidad de oncología de La Paz, también en el Infanta Leonor de intervencionista haciendo endoscopias y en la consulta, en la Princesa, en el Gregorio Marañón llevando toda la oncología también, tanto en planta como en hematología, oncología, trasplantes hepáticos…

Con esto de la COVID, también he estado en muchos centros de Atención Primaria. Tenía plaza en el centro de salud de Barajas y me mandaron a la UCI de Ifema. Trabajaba en la UCI del Ifema y en los quirófanos del Ramón y Cajal que fueron convertidos en UCI.

“Llevo dieciséis años dedicado a los hospitales. Creo que he pasado por todos los servicios que puede haber en el hospital”

¿Cuántas horas?

Podía echar 16 horas al día, pero en realidad echaba 16 horas al día por la sanidad pública. El pueblo la necesitamos. No se puede permitir que nuestro sistema español no esté organizado cuando hay una catástrofe de este tipo.

Para catastrófico, el Zendal.

Como delegado sindical de UGT, soy el encargado de llevar todo lo del Zendal. Son 120 pacientes para 1.500 trabajadores. Es ilógico que un hospital que cuesta 150 millones de euros no tenga un quirófano. Me parece fuerte que se quiten a 500 enfermero, 490 auxiliares y 140 médicos de hospitales que estaban abarrotados para llevarlos al Zendal en el que hay 120 enfermos… Tampoco debemos estar esperando una ambulancia para que te traslade a otro hospital.

Los trabajadores tienen sus derechos como todo el mundo. Los sindicatos han luchado mucho por eso y son los que luchan por los trabajadores. Si no les dejan entrar los sindicatos dentro de un hospital, ¿qué derechos tendrán esos trabajadores en el hospital?

¿Y eso de delegado sindical?

Esto es un poco fuerte. A mí que me monten el hospital del Ifema y me traigan a gente de la empresa privada no me gusta. Yo soy de la empresa pública. Entonces escribí mis opiniones a Jesús Vázquez, el director de Salud Pública. Le dije que no me parecía bien cómo funcionaba esto y renuncié al contrato que tenía como interino en el centro de salud de Barajas y me fui de vacaciones.

Posteriormente, UGT se puso en contacto conmigo y me propuso luchar de verdad por la sanidad pública. Le dije cuáles eran mis principios. Mis principios son que la sanidad pública es de todos. Podéis privatizar muchas cosas, pero la sanidad la han luchado mis abuelos.

¿Algún sinsabor sindical?

En el Zendal se han buscado la escusa de que es un hospital abierto y hay COVID. No podemos entrar en las zonas de trabajo. Pongo los carteles. Nuestra directora de enfermería de allí todavía no me ha recibido. El director médico me ha recibido una vez; me dijo que me iba a mandar los datos y pocos datos veo que me manda.

¿Qué se puede hacer con el Zendal?

Queremos que ese hospital no se venga abajo, que se utilice, que formen una plantilla propia, que haya una organización de ese hospital y que los trabajadores no salgan obligados de sus centros de referencia.

“Queremos que el hospital Zendal no se venga abajo, que se utilice, que formen una plantilla propia”

¿Qué es lo de la misión internacional?

Tuve que partir a Guinea Ecuatorial con una misión del Equipo Start de la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID). Cuando un país sufre una catástrofe, pide ayuda a la OMS y la OMS solicita ayuda a los países pertenecientes a este tipo de equipo.

Fuimos allí como un equipo de 14 sanitarios. Al llegar, pensamos que la catástrofe iba a ser de una envergadura muchísimo mayor por lo que habían documentado, pero, la verdad, la atención sanitaria del país está bastante bien organizada y tenían todo un poco controlado.

El equipo español ha hecho lo que ha solicitado el Gobierno guineano. A mí, por ejemplo, me tocó llevar la unidad de la UCI del hospital de La Paz con todos los niños afectados por el accidente. Niños entubados, amputados… que estaban con cuidados especiales. Otros compañeros se distribuyeron por los quirófanos y otro compañero en urgencias.

¿Cómo está la situación en Guinea?

Todo funciona de otra forma. Allí los medios no llegan de la misma forma; para una jeringa, tú te la tienes que pagar. Te puedo decir que una operación de mama o la colocación de un tobillo está alrededor de cinco euros, pero la población no tiene ese dinero.

Estuvimos en el Hospital General y vimos que la necesidad más grande era cambiar los quirófanos. Podemos decir que en diez días esos quirófanos empezaron a funcionar. Se invirtió una cantidad de dinero por parte del Gobierno de España y de la Cooperación española que va a servir para la población.

¿Qué es lo del Club de Montaña?

Nosotros llevamos en el rocódromo más de 15 o 18 años juntándonos. Estaban las instalaciones después de 15 años un poco obsoletas. Hicimos un grupejo y lo decidimos entre todos, todo el equipo, todos los montañeros, toda la gente de aquí que colabora.

“El proyecto de reforma del rocódromo de Manoteras tenía cuatro fases y se aprobó a la primera. Nos quedan todavía tres fases de construcción”

En realidad es autogestión, poniendo piedras, poniendo presas… Nos presentamos al Pleno a través de la asociación de vecinos. Se hizo el proyecto, se le mandó a concejal y nos lo aprobó. De ahí surgió toda la obra y la creación del Club de Montaña de Manoteras.

El proyecto tenía cuatro fases y se aprobó a la primera. Nos quedan todavía tres fases de construcción que esperamos que el Ayuntamiento siga colaborando y que haga esas fases a las que se comprometió.

¿El de más éxito de Madrid?

No solo de Madrid, sino a nivel nacional no hay ningún roko que sea así. De hecho, mucha gente de otras comunidades autónomas nos han pedido opinión de cómo hemos hecho esto y de cómo lo gestionamos.

De la Federación de Montaña debería tener más apoyo. La gente de Hortaleza y de Manoteras ya lo apoyó, los barrios lo apoyan. Lo que necesitamos es que se invierta bastante más en mantenimiento. Vamos a estar más en contacto con el Ayuntamiento a ver si se hace algo. Vamos a luchar por esto. Queremos que este proyecto vaya para arriba.

¿Qué es para ti ahora lo prioritario?

Todos los españoles, todos los madrileños, tenemos que unirnos, ver que la sanidad es de todos. Si no salimos todos los que la usamos a la calle y no nos unimos, esto no va a haber forma de levantarlo. Me da igual que gobiernen los de la derecha o los de la izquierda. Lo que quiero es que tengamos atención sanitaria, que no nos mangoneen, que sea de verdad algo del pueblo. Vamos a luchar por ello. Necesitamos el sistema nacional.

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