Juan Carlos Aragoneses de Castro era un hortalecense de pura cepa. Varias generaciones paternas y maternas parecían ligarlo como un cordón umbilical a su tierra. De niño desarrolló la costumbre de preguntar a sus familiares y vecinos cómo había sido la vida en cada rincón del antiguo pueblo donde nació, que él solo conoció como barrio.

Al llegar a la adolescencia le regalaron una cámara de fotos con la que comenzó a retratar Hortaleza, y empezó a leer y a anotar lo que tuviera que ver con el pasado del lugar. Cuando alguien escribía sobre su historia, le facilitaba con generosidad datos o fotos, o le elaboraba detallados dibujos.

Su interés por Hortaleza lo hizo unirse con entusiasmo a las Jornadas sobre Historia de Hortaleza Otoño 2016 que organizó la biblioteca Huerta de la Salud. La conexión con su director fue absoluta, naciendo entre ambos una inquebrantable amistad.

Tanto en dichas jornadas como en meses posteriores, Juan Carlos conduciría con humilde sabiduría unas visitas guiadas por el casco histórico que perseguían poner en valor el original patrimonio del distrito. Al tiempo, seguía visitando y preguntando a vecinos y vecinas naturales del antiguo municipio, que lo respetaban por su cariñosa y obstinada entrega en la tarea de recoger información sobre un pueblo que, más allá de lo material, pervive orgulloso en lo que hoy es su casco histórico.

Juan Carlos condujo con humilde sabiduría diversas visitas guiadas por el casco histórico de Hortaleza organizadas por la biblioteca Huerta de la Salud

Su último gran hallazgo fue la localización de una tesis doctoral que cambió lo conocido hasta la fecha sobre la puerta ornamental de Huerta de la Salud: su propietario fue el marqués de la Regalía, y no el duque de Frías, y su inscripción en latín es obra de Juan de Iriarte, importante poeta, latinista y bibliotecario real.

Por otra parte, el año que figura tras su reconstrucción a finales del siglo XX está mal: pone 1749 y debería leerse 1744. “La respuesta estaba en la piedra”, tituló un artículo en Hortaleza Periódico Vecinal el 23 de enero de 2017 con el que convirtió de la noche a la mañana en erróneos los datos en textos que hablan de este monumento.

Lo más llamativo de su enfermedad fue observar como, mientras su vida se apagaba, seguía intacto el interés indestructible por su pueblo. Lo fortalecía pensar en historias y en datos que recuperar, y continuaba ayudando a los demás en sus investigaciones. Solo, cuando se sumió en la inconsciencia que antecede al sueño eterno, quedó apartada su pasión. Que lo sepa Hortaleza: Juan Carlos Aragoneses amó a su pueblo y su historia hasta el último de sus días.

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