Este miércoles 31 de agosto ha finalizado la primera fase de la exhumación de una de las dos fosas comunes del cementerio parroquial de Colmenar Viejo que albergan los cuerpos de republicanos fusilados en sus tapias en 1939, tras la Guerra Civil. Desde el pasado lunes 22 de agosto, la asociación Comisión de la Verdad de San Sebastián de los Reyes, junto a los arqueólogos de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, han logrado encontrar los restos de 13 de las 108 personas que fueron fusiladas (107 hombres y una mujer), entre los que hay once vecinos del pueblo de Hortaleza.

Tras años de espera, la autorización del Arzobispado ha permitido abrir la primera fosa de víctimas civiles de la represión franquista en la Comunidad de Madrid. En estos diez días de excavaciones, retirando tierra y escombros de manera manual, ya que las estrecheces del cementerio no permiten el uso de maquinaria pesada, los arqueólogos han hallado a casi dos metros de profundidad los primeros restos de las víctimas localizados en tres trincheras. Estos cuerpos fueron enterrados en ataúdes, algo poco habitual en fosas comunes, según los arqueólogos, lo que puede revelar que eran los familiares quienes personalmente daban sepultura a los fusilados.

La fosa abierta está dividida en tres trincheras y algunos cuerpos fueron enterrados en ataúdes. RODRIGO MÍNGUEZ

Los 108 fusilados en Colmenar, como recuerda el historiador e investigador Roberto Fernández Suárez «fueron gente destacada del movimiento obrero, de CNT, UGT, incluso alcaldes» de municipios de la Sierra y del norte de Madrid, que fueron trasladados a esta localidad porque era cabeza de partido judicial, y por tanto sede de los consejos de guerra a los que fueron sometidos. Tras cinco años de investigaciones, Fernández Suárez logró averiguar la identidad de todos los represaliados allí enterrados. Fue el resultado del interés del historiador en arrojar luz sobre las historias que, con miedo, escuchaba de testigos de los fusilamientos en Colmenar. Consultando los archivos de los consejos de guerra que se hicieron públicos en 2009 y contrastando estos datos con archivos municipales, dio con la lista de las 108 víctimas, entre ellas los vecinos de Hortaleza, que en 1939 era un pequeño municipio independiente.

Los familiares se escondían en la oscuridad, esperando para recoger los cuerpos que dejaban a la intemperie los ejecutores

TORTURAS Y PAREDÓN

«Desde el 15 de abril hasta el 1 de diciembre de 1939 estuvieron fusilando en esta tapia vecinos desde Hortaleza hasta Moralzarzal», explica Fernández Suárez a las puertas del cementerio. Era el final de procesos que comenzaban con una denuncia ante las autoridades franquistas, explica el historiador. Los represaliados de Hortaleza fueron apresados en su propio pueblo, donde sufrieron torturas para sacarles una confesión: «Las palizas estaban a la orden del día». Después se les trasladaba a cárceles próximas a las localidades cabezas de partido. En estas cárceles pasaban entre dos y tres meses hasta que se abría el proceso militar, los consejos de guerra, donde el denunciado, siempre en posición de inferioridad, se veía obligado a intentar defenderse a sí mismo. Los procesos eran brevísimos. «No duraban ni cinco minutos, era terrible: mentira, culpable, muerte». Algunos días después, eran conducidos a capilla para pasar la noche, y a la mañana siguiente, antes del amanecer, serían fusilados en la tapia del cementerio. Mientras tanto, aquellos familiares a los que les llegaba la noticia de que los suyos pasarían la noche en la iglesia, se escondían en la oscuridad, esperando para poder recoger los cuerpos que dejaban a la intemperie los ejecutores.

La memoria histórica es una asignatura pendiente de esta democracia, según el historiador Fernández Suárez. «Llevan ahí más de 80 años, esto es la historia de España. Había muchos intereses, políticos y religiosos, y querían impedir que esto pasara, no hay más», afirma sobre la exhumación, que requiere de más financiación para continuar. Los trabajos actuales han logrado una financiación de 22.900 euros, apunta Carmen Carreras, secretaria de la asociación Comisión de la Verdad de San Sebastián de los Reyes, impulsora de la exhumación. El montante no es ni la mitad de los 50.000 euros que se solicitaron para abrir tan solo una de las fosas. «Solo da para diez días de trabajo y acometer media fosa», lamenta Carreras, recordando que algunos de los restos de los fusilados se encuentran sepultados bajo tumbas posteriores, lo que dificulta mucho más su recuperación.

Memorial con el nombre de las 108 personas fusiladas en el cementerio parroquial de Colmenar Viejo. RODRIGO MÍNGUEZ

Sin embargo, la secretaria de la asociación tiene esperanza en poder continuar con los trabajos, porque una vez comenzados será más fácil lograr financiación para su completo desarrollo. «Siempre hay gente que está en contra, pero hay que ver lo positivo, que está abierta la fosa y que se está diciendo que aquí se fusiló a 108 personas». Este miércoles, el ministro de Presidencia y Memoría Democrática, Félix Bolaños, ha visitado la exhumación en Colmenar Viejo y ha anunciado que el Gobierno de España financiará una segunda fase de los trabajos de búsqueda de restos humanos «porque las familias se lo merecen». «Es una cuestión de humanidad», ha apostillado el ministro socialista.

Carreras agradece la gran repercusión que está teniendo esta primera exhumación de civiles en la Comunidad de Madrid. En el propio cementerio y con la ayuda de los familiares, Carreras se afana estos días para completar un banco de ADN que permita identificar posteriormente todos los restos exhumados. Con suerte, en un futuro cercano, este trabajo permitirá a las familias decidir donde descansarán con dignidad las víctimas que durante décadas permanecieron sepultadas por un olvido impuesto.