Son ya once años colaborando con Hortaleza Periódico Vecinal y, desde el otoño de 2021 estoy aquí, entre visillos, asomada a mi ventana, miro tras los muros de ladrillo, tras los jardines, patios, plazas, rotondas, cristales y rincones sombríos, miro por encima de las antenas de metal que todavía destellan en nuestro horizonte como lanzas abandonadas de batalla.
Siempre presumo de que vivo en uno de los barrios más ricos de Madrid, sí, ¡el más rico!, porque es rico en culturas, en mestizaje, en colores, y es también rico en vecinos, animales, flores y plantas, es un barrio verde. Es un barrio internacional, hablamos todos los idiomas, hablamos hortalino, francés, holandés, inglés, alemán, portugués, catalán, vasco, árabe, chino y hebreo.
Tenemos sinagogas, mezquitas, iglesias y, además, créanme, existe un templo budista, pero son muchos los ateos y agnósticos que viven aquí. Es un barrio solidario, muy protestón, cañero y, a veces, puede ser incómodo para algunos, de eso no me cabe duda, nos gusta protegerlo de la especulación y las malas prácticas.
"Volver de las vacaciones siempre es señal de que existe ese lugar al que regresamos, porque el barrio será siempre nuestro Ítaca"
Tengo que confesarles que esta columna estaba ya escrita desde el mes de junio, quería despedirme, dejar que otras miradas construyeran ese horizonte que hay allí fuera, otras voces, otras palabras, pero hoy reescribo la columna que están leyendo y borro cualquier expresión o tono que suene a despedida.
Después de una dura negociación conmigo misma, parece que he ganado y me quedo aquí asomada, sí, pero, a partir de septiembre, usaré un catalejo, de esos que usaban los marineros cuando las máquinas ni pensaban ni miraban por nosotros. Levantaré el catalejo más allá de nuestra frontera, más allá de Fuencarral, Valdebebas, Ciudad Lineal o Alcobendas, usaré el catalejo para mirar al mundo desde mi barrio, cambiaré el enfoque sin cerrar la ventana, un cambio de aires, eso es todo.
Descansen, no les preocupe tener que volver de las vacaciones, no se entristezcan, porque eso siempre es señal de que existe ese lugar al que regresamos, como regresó Ulises, porque el barrio será siempre nuestro Ítaca.





