Muy pocos saben hoy que la comarca a la que pertenece Hortaleza se llama Los Lomos de Madrid. Este nombre describe la topografía, formada por una sucesión de lomas y pequeños valles, sobre la que se fundaron los pueblos del contorno.

Así, los barrios de nuestro distrito están construidos en torno a una gran loma, que lo recorre desde Fuencarral hasta la Ciudad Lineal, y que forma la divisoria entre las aguas que van a parar al río Jarama y las que van al río Manzanares.

Los cronistas antiguos hablan de la excelencia de esta comarca, apreciada, desde la Edad Media, por sus provechosos cazaderos, la fertilidad de las tierras y la abundancia de sus arroyos. Aunque en sus términos se podían encontrar cultivos de cereal y olivar, era reconocida sobre todo por sus buenos vinos, a los que había que añadir las sabrosas hortalizas de nuestras huertas.

La decadencia de este mundo basado en la agricultura comenzó, tras la guerra, con el real decreto del general Franco que anexionaba nuestros pueblos a Madrid. Los campos y caminos quedaron sin el control de ninguna autoridad local, aparecieron asentamientos desordenados alrededor de los antiguos núcleos de población, y la ciudad avanzaba inexorablemente hacia estos parajes naturales.

En los últimos años, los paisajes se fueron degradando ante una incontrolable y creciente afluencia de excursionistas; pronto, numerosos actos vandálicos terminaron por causar daños en los cultivos y en el arbolado. Así fue como desapareció la vegetación de ribera del arroyo Valdebebas: álamos, chopos y fresnos sucumbieron a la tala salvaje. Luego, para rematar la faena, vinieron las escombreras ilegales con la connivencia del Ayuntamiento de Madrid.

En 1989 se cultivó por última vez una tierra en Hortaleza, y lo hizo Nemesio Aguado, pura historia viva

Las labores del campo se fueron abandonando, y en 1989 se cultivó por última vez una tierra en Hortaleza. Fueron 500 fanegas en los parajes de Valdecarros, Cerro de Cabeza Gorda y Valdefuentes, y quien arrendó esas tierras para sembrarlas de trigo fue don Nemesio Aguado Santos.

Nemesio nació en Hortaleza hace 88 años y vive, jubilado, junto a su mujer, Margarita Casado Aguado, que vino al mundo en Canillas. Se conocieron en la romería que se celebra en la ermita de San Blas, templo que ellos mismos tuvieron que adecentar para casarse allí al acabar la Guerra Civil.

Los dos llevan el Aguado en su nombre: un viejo apellido hortaleceño que, desde 1579, cuando dio el primer salto a Canillas, no ha parado de hacer el viaje de ida y vuelta entre las dos poblaciones. Podíamos decir que esta pareja es el ejemplo de lo que siempre he oído en mi casa, aquello de que “Hortaleza y Canillas somos uno”.

Nemesio es pura historia viva de Hortaleza, un hombre emprendedor, honrado y trabajador, al que no le ha pasado nada desapercibido y que repasa con detalle su vida, desde su primer trabajo, a los 14 años, como hortelano en la Huerta de la Salud, hasta su paso por el cuerpo de bomberos, en el que sobrevivió al hundimiento de un edificio en Vallecas que se llevó la vida de varios compañeros.

Tras 15 años de servicio pidió la excedencia para dedicarse a labrar la tierra. En su cabeza están todas las tierras y los nombres de una sociedad rural que ya ha desaparecido. Este hombre, que hoy añora aquellos horizontes cubiertos de mieses, olivos y viñedos, pasará a la historia como el último agricultor de Hortaleza. Gracias, Margarita y Nemesio, por vuestra generosidad.

Nemesio Aguado (primero por la derecha) acarreando mies.

 

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