Entrar por la calle Mota del Cuervo es deslizarse por una ese fenicia de comercios, bares, mercados… La calle es un camino sinuoso con sabor a vecindad y a vida. Allí en el número 30 está el HK. No es un hotel. Lo sabemos desde el número 14 de este periódico: la hache corresponde al nombre de Hovik (con la fuerza de voz en la i de increíble) y la K a Keuchkerian (el apellido armenio de bicampeón de España de los pesos pesados). Es un gimnasio o… ¿no solo un gimnasio?

Habíamos quedado a las ocho con Cristian Morales, reciente campeón de boxeo de España en peso ligero. Hemos llegado diez minutos antes y nos tienta la idea de dar un paseo por esa cuna de campeones, pero sentimos rubor. Nos invitan a pasar el torno. Cuerpos que se ejercitan, espejos, máquinas y consejos: “Se ha de hacer bien para evitar lesiones”. Al fondo a la izquierda tras un cristal se ve una danza, un ritual atávico de parejas que oscilan y usan sus manos enguantadas creando notas de armonía. Allí está él, como maestro de orquesta atento a cualquier compás, a cualquier gesto.

Cristian sale puntual. Solo una llamada al taller del coche. Mañana tiene que estar en Euskadi. Vamos a un bar. Nada de alcohol. Es afable, abierto, soñador y solidario. Tantos ingredientes que la conversación se alarga por dos horas.

PREGUNTA: ¿Dedicación plena al deporte?

RESPUESTA: Dedicación absoluta al deporte.

R: Cuéntanos tus raíces.

P: Yo me he criado corriendo en Las Cárcavas. Era como un pueblo. Tenías la facilidad de que estabas en la calle y tu madre estaba tranquila porque te veía desde la ventana. Yo me siento carcaveño hasta la muerte. Toda mi infancia y adolescencia las pasé en Las Cárcavas y en el autobús 87, que era la única comunicación con el mundo exterior -risas-.

P: ¿Empezaste jugando al fútbol?

R: Jugué para el bar Durán, el equipo de Las Cárcavas. Y éramos tan pocos en Las Cárcavas que tenían que reclutar en La UVA y no nos ganaba nadie -risas-. El del bar nos entrenaba y nos daba las camisetas. El tío es majísimo.

P: ¿Cómo fue el paso al boxeo?

R: No había muchos gimnasios por Hortaleza y caí en el HK, pero sin ninguna intención de boxear. Siempre he sido muy delgadito y me dije “bueno, voy a ver si me pongo un poco fuerte…” -risas-.

P: Así que a hacer pesas…

R: Las pesas me aburrían, pero empecé con las clases y conocí a Hovik que enseñaba kick boxing con un amigo, Antonio López “Locomotora”, que también fue campeón del mundo. Entré por primera vez en el HK hace quince años.

P: ¿Quisiste ser boxeador?

R: Bueno, pues mi padre para ver dónde me metía, fue al gimnasio. A escondidas le dijo a Hovik “no quiero que boxee mi chaval, cuídale y que no boxee”. Pero a los tres día de estar entrenando Hovik le comentó a otro compañero del gimnasio que “este niño le va a dar un susto a su padre porque va a ser boxeador”.

P: No solo estuviste en el HK…

R: En el Vicente Calderón hice el campeonato de España Junior y después la Selección Española me llamó para el equipo nacional. Entonces te crees que te vas a comer el mundo y te encuentras con que es una fachada… Estuve un año parado. Imagínate, estás empezando tu carrera, te meten en el equipo nacional y te abandonan.

P: ¿Qué estudios has realizado?

R: Acabé el Bachillerato, hice la Selectividad y la aprobé, pero quería hacer algo relacionado con el deporte. A los dieciocho años yo estaba estudiando el TAFAD. Aquel año me llamó el equipo nacional e intenté continuar con el TAFAD aquí en el instituto Rosa Chacel. Me dijeron que la asistencia era obligatoria; así que, aunque llamen a un alumno suyo para el equipo nacional, le dicen que o asistes a clase o te vas a la calle.

P: ¿Por qué dejaste todo para irte a Inglaterra?

R: Me vi en tierra de nadie, desatendido, y yo estaba acostumbrado a HK, que es una familia, o al Calderón, que también era una familia. Entonces pensé en hacer un cambio.

P: ¿Con una beca?

R: Nada, nada. Me puse a trabajar. Yo era el niño del gimnasio con diecisiete años. Mis amigos tenían treinta tacos y me decían “qué necesitas, pues vente conmigo a pintar” y un año aprendí a pintar, otro año estuve con el electricista…

P: ¿Qué tal la experiencia?

R: Ni sabía inglés ni conocía a nadie. Entrené en el Fitzroy Lodge, un gimnasio mítico con ciento cincuenta años de antigüedad. En mis primeras peleas llegaba a la esquina a por agua y ni sabía cómo pedirla.

P: ¿No te acercaste a una academia de inglés?

R: Todo el dinero era para comer, dormir y el transporte. El boxeo no me costaba dinero porque nunca me cobraron. Recuerdo que, después de alguna velada, Micky Carney me daba para cenar. Pero en amateur realmente no pagan. Hamed Miah, un abogado de Bangladesh, ha sido la única persona que he tenido allí. De hecho, él viene ahora a mi boda.

P: ¿Te casas!

R: El 11 de octubre con Raquel de la Orden. La conocí en una de esas nochebuenas que salíamos Hovik y todo el grupo al YesSí de Juanpe.

P: ¿Cuáles son tus metas deportivas?

R: Yo me pongo metas realistas. Era campeón de España amateur y mi siguiente meta fue ser campeón de España profesional. La siguiente meta es ser campeón de Europa. Si quedo campeón de Europa, lo mismo a lo mejor te digo que puedo ser campeón del mundo.

P: ¿Cómo se consigue?

R: Yo, gracias a Dios, he quedado campeón de España aquí en Madrid porque Hortaleza me respalda. Cuando salgo a pelear siempre le digo al speaker “por favor, di de Hortaleza”.

P: ¿Cuál es tu próxima pelea?

R: Ahora tengo que defender el título para final de año o para principios del siguiente; diciembre o enero. Quiero hacer una defensa…, y esto lo tenemos que lograr (insiste con emoción), quiero hacer la defensa del campeonato de España en Hortaleza, conseguir que nos dejen un pabellón en Hortaleza. El lugar perfecto sería el de las piscinas de La UVA.

P: ¿Cómo sueñas tu futuro?

R: En un futuro me veo dentro de la docencia más que como entrenador de boxeo, una docencia a través del deporte, del boxeo. Si tengo que soñar, pienso en una escuela social y popular en la que se limpie también el nombre del boxeo.

A través del boxeo se ayuda a las personas. Yo no he tenido a ningún chico (y por mis manos han pasado muchas personas, a pesar de lo joven que soy, mucha gente joven y mucha gente mayor) y no he tenido a nadie que se haya hecho más agresivo ni peor persona con el boxeo. Al revés.

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