En los años noventa, el barrio de Virgen del Cortijo era casi la aldea gala dentro de Hortaleza. Separados del resto del distrito (y de Madrid) por la M-11 y comunicados solo por las líneas de autobús 129 y el 150, ambos con la raya roja, que llegaban hasta Plaza Castilla y la Puerta del Sol, la percepción que se extendía entre la calle Oña y la avenida de Manoteras es que vivían más en un pueblo que en la capital de España.
Ahí fue donde se crio Nerea Blanco Marañón, una filósofa de sonrisa infinita que ahora se ha ganado el título de la cortijera más ilustre e ilustrada. Después de publicar Filosofía entre líneas (Grijalbo, 2020), ahora acaba de lanzar Una historia de la filosofía en Harley (Debate, 2026), que presentó en la Feria del Libro de Virgen del Cortijo celebrada el pasado 24 de abril en el club social Oña-Sanchinarro y donde repasa las grandes aportaciones de filósofos y filósofas a lo largo de la historia a lomos de una Harley Davidson y con una banda sonora de guitarras eléctricas y punteos que resuena en nuestras cabezas porque el punk y el rock siempre han estado presentes en su vida. “En mi adolescencia tuve mucha suerte de encontrar a mucha peña rockera y divertida. Me bajaba con mi hermana pequeña, que tenía 5 o 6 años, a la plaza roja a cantar Eskorbuto, Mägo de Oz… y ella se lo pasaba en grande”, cuenta Nerea entre risas, mientras su hermana apunta “todo un referente, para mí”.
“En mi adolescencia tuve mucha suerte de encontrar a mucha peña rockera y divertida”
Aquí está una de las grandes paradojas de Virgen del Cortijo. La llamada plaza roja lleva pintada de verde décadas, pero el imaginario colectivo cortijero la sigue denominando así, “como si fuéramos comunistas o daltónicos”, señala la filósofa milenial, quien recuerda ese lugar junto al Barroso, la tienda de chucherías, como sus lugares míticos del barrio. Porque las plazas de Virgen del Cortijo y sus zonas verdes han sido su seña de identidad.
“Es una sensación más de pueblo que de ciudad. Incluso también hay muchas zonas verdes, todas las plazas para jugar y eso no se ve en ningún otro barrio”, apunta Nerea, que pronto descubrió las ventajas de pasar tiempo en la calle junto a sus amigos. “Con diez años le dije a mis padres: ‘¿Por qué estamos pagando un concertado si hay un cole público en el barrio? Llevadme al cole de al lado de casa’. Gracias a eso gané una perra, porque adoptamos una perrita para que no pasase tanto tiempo sola por las tardes. Así que, después de llevar muchos años pidiendo animales, lo conseguí”. Esa primera perrita se llamaba Venus y, desde entonces, las mascotas han acompañado a Nerea. Ahora, aunque lleva casi una década viviendo en Salamanca porque el bullicio de la gran ciudad no es lo que más le gusta, sigue acompañada de sus mascotas, un par de gatos: Mía y Romeo.
Uno de sus objetivos es que la filosofía se “aleje de esa imagen seria de hombres barbudos que solo dicen cosas aburridas”
Desplazarse en transporte público también ha sido una constante en la vida de Nerea. Primero, por esa falta de conexiones que siempre tuvo Virgen del Cortijo y tanto marcaron su juventud. Luego con la llegada de Sanchinarro, el PAU vecino, no mejoró “la comunicación sigue siendo igual de pésima”, sentencia y eso que, cuando comenzaron a habitarse las primeras urbanizaciones del nuevo barrio, ella ya estaba matriculada en la Universidad Autónoma y hacía menos vida en el barrio.
Ahora, ya no coge el Cercanías a Cantoblanco, sino que, una vez al mes, se monta en el Media Distancia que cubre el trayecto entre Salamanca y Madrid. Bien para visitar a la familia y amigos, bien para grabar sus colaboraciones en Clan TVE, donde tiene una sección en la que acerca la filosofía a los más pequeños, o bien para participar en conferencias y clases magistrales. Porque su labor divulgativa de la filosofía es la que la ha llevado a construir Filosofers, una página web donde se venden camisetas originales y otro tipo de merchandising y una comunidad de más de 60.000 personas en Instagram donde acerca el pensamiento a la vida cotidiana. Porque uno de sus objetivos es que la filosofía se “aleje de esa imagen seria de hombres barbudos que solo dicen cosas aburridas que tantas veces nos hemos encontrado en los institutos”. De hecho, cuando le preguntamos a Nerea por sus recuerdos de Bachillerato, se acuerda de su profesor de filosofía “que me dijo, que no valía para esto y ahora me gustaría encontrármelo para enseñarle el libro de Santillana (Nerea es coautora) y decirle ‘Me estudian más a mí que a ti’”, mientras esboza otra de sus amplias sonrisas.





