El colmenar de Virgen del Cortijo tiene muchas reinas, pero ahora le duele una, Marina. Sí, la Marina de Virgen del Cortijo, la mujer infatigable que a todo y a todos acudió para defender y dignificar su barrio.

Se llamaba Marina García Alarcón. Cumplía ocho décadas y en sus veinticinco años en la asociación vecinal estuvo volcada en todo y para todos. Bien lo sabe la Federación Regional de Asociaciones de Vecinos, la FRAVM, de la que hemos usado un ‘tuit’ que publicó el mismo viernes 4 de septiembre cuando se supo que Marina había dado su último aliento:

«Esta madrugada, la Covid 19 se ha llevado a una de nuestras veteranas más queridas de Hortaleza, Marina García, ojos, voz y alma del barrio de Virgen del Cortijo y de su asociación vecinal Virgen del Cortijo.»

María Ángeles Martín, presidenta de la asociación vecinal, define a su vicepresidenta como «una persona luchadora, constate, muy positiva y, sobre todo infatigable». Sin embargo, esta descripción de Marina se va ampliando conforme avanza la conversación, porque también Marina era «fiel y muy generosa», era «muy popular» y «muy dispuesta», era «muy cariñosa y muy intrépida», era «luchadora, constante y positiva», era…

Estas y otras imágenes de varias decenas de vecinas y vecinos que la describen en el Libro de despedidas de Vitaes sirven para entender la figura de una personalidad que ha marcado y dejado un ejemplo imborrable en el barrio y en quienes la conocieron.

Cuando había que hacer algo en el barrio, "se olvidaba de todo y se lanzaba a lo que fuera" porque "el barrio le daba vida"

Como explica Mari Ángeles, aunque por la edad podía tener algún «achaque», cuando había que hacer algo en el barrio, «se olvidaba de todo y se lanzaba a lo que fuera» porque «el barrio le daba vida».

Hace apenas un mes, un día en el que cambió el tiempo, nos cuenta Mari Ángeles, Marina salió a la calle y dijo que «se había constipado y tenía un trancazo». En el centro de salud le hicieron una prueba PCR en viernes, pero los resultados no estuvieron hasta el martes. Ya entonces hubo de ir al hospital en ambulancia.

La neumonía no remitía, ningún tratamiento funcionaba y el 4 de septiembre a las cuatro de la madrugada, en la soledad de unas medidas obligadas por la pandemia, Marina fallecía. Al dolor, se unió la lejanía. La hija «no pudo acercarse a la madre, cogerle las manos, decirle una palabra».

EL BARRIO PREPARA EL HOMENAJE

Ahora el barrio se plantea un funeral pero no sabe cuándo porque el aforo de la iglesia es limitado y es mucha la gente que acudiría «porque todo el barrio está muy afectado», como nos cuenta la presidenta de la asociación vecinal.

Hay más homenajes pensados porque «tenemos que agradecerle mucho a Marina por su inquietud, por lo que ha hecho y, sobre todo, por el entusiasmo que ha puesto en todo, por el empuje que nos ha dado». Se va a plantar un árbol en su nombre junto a la asociación que «está al lado de la casa donde ha vivido tantos años», explica Mari Ángeles.

Pero otra iniciativa tiene que ver con uno de los sueños que Marina no pudo ver cumplido: un polideportivo con piscina en el barrio. La asociación vecinal Virgen del Cortijo solicitará al Ayuntamiento que, cuando esta instalación se consiga, «que lleve su nombre porque se lo merece».

Marina fue una de las personas que luchó por el desalojo de las cementeras del barrio o la ampliación del Metro a Virgen del Cortijo

Sin duda, la labor de Marina en Virgen del Cortijo fue intensa y propició grandes los logros. Fue una de las personas a las que agradecer el desalojo de las cementeras o la continuidad de la línea de Metro, por solo poner dos ejemplos.

Como recuerda Mari Ángeles Martín, Marina se metía en todos los despachos y acudía a todos los medios de comunicación para reivindicar el barrio. Su agenda manual «tiene teléfonos de todas las autoridades porque los cosechaba enseguida… porque era directa». Su frase era «yo me voy a la cabeza, nada de escrititos, a la cabeza».

Marina fue una autodidacta culta, «hija de la posguerra, de una generación difícil. Cuando se la entrevistó para este periódico, clara y explicativa, su memoria era capaz de dar nombres y detalles con toda precisión. Cada detalle de la historia del barrio estaba en Marina y en sus palabras.

Hace dos años, en un reportaje por el aniversario de la asociación y ante una mesa llena de fotografías, Marina recordaba hechos, medios de comunicación, gentes y rostros que han pasado por la historia de Virgen del Cortijo. Como dice Mari Ángeles, Marina hubiera sido una gran periodista. La propia Marina nos decía entonces que, cuando entró en la asociación «como vocal, dije que no sé si vamos a hacer algo pero os prometo que se va a enterar todo el mundo».

Sí hizo y mucho. Cumplió con que se enteraría todo el mundo y ahora su recuerdo es un acicate para una tarea inmensa en un barrio que no lo tuvo fácil y la echa de menos.

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