Desde los años 70, el local situado en la calle Abárzuza ha venido siendo un lugar de encuentro de asociaciones tales como la asociación vecinal La Unión de Hortaleza, la asociación vecinal UVA de Hortaleza y la asociación de comerciantes del barrio.

Entre las actividades que se desarrollan aquí, podemos en­contrar desde breakdance, dan­zas del mundo, cajón flamenco y taller audiovisual hasta boxeo. Pero en Hortaleza Crew Boxing, un proyecto que trabaja con jó­venes, la práctica de este depor­te no es un fin, sino un vehículo que los lleva hacia la verdadera meta, que son los chicos y chi­cas del barrio.

Los tachan de okupas

Como todo el mundo sabe, la UVA lleva varios años remodelándose —han estado tirando las casas viejas y construyendo, en los terrenos vacíos, bloques de viviendas— y, ahora, le ha llegado el turno a este bloque, donde son los únicos que quedan. Sin embargo, a las asociaciones, que llevan allí desde 1996, no les han dado ninguna opción que puedan asumir.

Por otro lado y lejos de mediar en este tema, la Agencia Social de la Vivienda (AVS) ha puesto en el punto de mira a estos colectivos diciendo que, por la acción ilegal de estos okupas, no pueden derribar el bloque y está retrasándose la reinserción de los vecinos que tuvieron que abandonar sus viviendas.

Chavales sin espacios

Esta no es la situación real. Según nos cuenta Julio, van a quitarles uno de los pocos lugares donde los chavales tienen su espacio y no solo para la práctica del boxeo, sino para hablar, para liberar tensiones, para reunirse sin que les cobren o sin que los multen.

“Las instituciones no parecen darse cuenta de que estamos haciendo una labor que no está siendo cubierta por el Estado —continua Julio—. Acogemos a los chavales, vamos dándoles herramientas para que sepan solucionar sus conflictos sin el uso de la violencia, hacemos un seguimiento en las familias y ayudamos a los chicos en su crecimiento como personas que deben estar dentro de la sociedad.”

Alternativa inasumible

Finalmente, la AVS de la Comunidad de Madrid les ha enviado un escrito diciendo que les facilita un local en el barrio, eso sí, sin acondicionar y donde deberán pagar 460 euros al mes más gastos (luz, agua y comunidad). La labor que ellos realizan es totalmente altruista y, desde luego, nada lucrativa. Ellos entenderían que les pidieran abonar una mensualidad si fueran un gimnasio que cobra a sus afiliados, pero esto no es así.

Seguirán de movilizaciones y negociaciones; incluso, estarían dispuestos a encerrarse en el local si fuera necesario. Deseamos que no sea un KO, sino una simple caída —donde empieza a contarse y uno se levanta—, porque los vencedores, a veces, caen, pero siempre, siempre, se levantan.

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