Tiene su espacio en la Wikipedia, pero ahí no dicen que, en el barrio, es Paqui, que, en pocos metros, produce un mar de “holas” porque se la conoce bien, ya que es “de toda la vida”. Sí dice la Wiki que recibió el premio de la Sociedad Española de Materiales a la mejor carrera científica, pero esto, en el barrio, pasaba desapercibido; sin embargo, sus ojos expertos saben mirar fachadas, paramentos, actitudes, palabras y rostros amigos con profundidad microscópica.

Más allá de su profesión, queremos oírla como hortalina y por su labor en la Asociación de Mujeres Investigadoras y Tecnólogas (AMIT). Sin embargo, sabemos que es un conglomerante de hija, hermana, compañera, madre, colega, profe, vecina… El líquido tiempo condensa en ella las virtudes de una generación que, de forma multitudinaria, empezó a llenar la universidad.

Para no perder de vista la calle, nos cobijamos a la sombra del Fresno, “la cervecería de Canillas”. Francisca es de respuestas fluidas y tono alegre y acogedor, que solo cambia cuando hablamos de la inversión en investigación; entonces, la pasión le traiciona y deja escapar la indignación que siente por ver cómo se desperdicia el talento de jóvenes muy capacitados a los que está formando.

PREGUNTA: ¿De dónde eres?

RESPUESTA: Yo soy de Madrid. Aquí, en este barrio, en Gomeznarro, cumplí el año. Viví toda la vida.

P: ¿Qué memoria guardas del barrio?

R: He visto crecer la Nueva Esperanza, la zona de Guadalupe… Recuerdo el barrio, barrio, lo que se llamaba “el poblado dirigido de Canillas”.

P: ¿Cuál fue tu colegio?

R: Yo he estudiado en el Rubén Darío.

P: Va a convertirse en la Casa de la Mujer…

R: Si puedo participar, ayudaré en lo que pueda, que hay muchas necesidades al respecto.

P: ¿Y tu instituto?

R: Fui al Conde de Orgaz. Yo soy del bachiller antiguo. Cuando yo empezaba, con nueve años, fue cuando lo inauguraron. Recuerdo que tenía un tabique por medio que separaba chicas de chicos. Estuvo ese tabique hasta quinto y, después, lo hicieron mixto.

P: ¿Qué recuerdas de tus profesores?

R: Había unos profesores magníficos, pero buenísimos. Me influyó mucho una profesora de Química de quinto de bachiller.

P: ¿Y fuera del colegio o el instituto?

R: Aquí, en la iglesia Nuestra Señora del Tránsito, nos daban clases de francés gratis. Al hombre que venía lo llamábamos “el francés de la iglesia”. Era espléndido. Todo lo que aprendí de francés lo aprendí con este hombre. Para mí, fue un personaje muy importante. He intentado localizarlo, ¿sabes?

P: ¿Qué universidad?

R: La Autónoma. Somos solo la octava promoción de Química. Ahora, nos estamos juntando al cabo de los años, de los treinta años que acabamos la carrera. Era una época superconvulsa. Acabé en 1980 y me quedé un curso haciendo la tesina.

P: ¿Miras el barrio como experta?

R: No voy mirando el barrio con ojos de experta en hormigones (risas). Son casas que tienen muchos problemas: humedades, aislamientos… Mi madre vive ahí en un tercero sin ascensor.

P: ¿Qué significa para ti la escoria?

R: Yo he trabajado mucho con la escoria, pero para hacer cementos. Trabajamos con muchos residuos. La industria del sector de la construcción, en general, es capaz de reciclar mucho, de trabajar con muchos residuos.

P: ¿Cómo está la investigación?

R: Está notándose muchísimo la crisis. Yo trabajo en el instituto del CSIC Eduardo Torroja, que es de la construcción, el sector que se ha visto más afectado por la crisis. El desarrollo de las sociedades depende en gran parte del desarrollo de la ciencia y de la tecnología. En buena parte no, en mucha parte.

P: ¿Eres formadora de investigadores?

R: Estamos formando a gente muy buena, chicos y chicas de treinta y cuarenta años a los que la iniciación en España no es capaz de absorber. En las universidades, sigue formándose gente muy buena que, después, no puede continuar y que, ahora, con veintinueve años, quiere casarse, tener su vida.

P: ¿Peor para las investigadoras?

R: Hay como un techo de cristal por el que es muy difícil que las mujeres lleguen a las posiciones relevantes en ciencia. Ya no es cuestión de tiempo. Hay algo ahí que lo impide. En España, solo hay un 20 % de catedráticas.

P: ¿Quizá por machismo?

R: Yo no me había percatado nunca de los temas de feminismo. Fue cuando empecé a trabajar. Cuando ves que los que dirigen los proyectos son hombres, los que dirigen los institutos son hombres… Entonces, te das cuentas.

P: ¿Son iguales los hombres y las mujeres en investigación?

R: La presencia de hombre y mujeres para la ciencia es necesaria, pero han de estar en relación de equidad y que se valoren los méritos, independientemente del sexo o el género que tenga nadie.

P: ¿Cuestión de tiempo?

R: No creo que sea cuestión de tiempo. Creo que hay que dar impulsos, apoyar a las mujeres. Por ejemplo, si tienen que hacer paradas por etapas de maternidad, que sea una etapa en la que el currículo no se valore negativamente.

P: ¿Por eso entraste en AMIT?

R: Me ha interesado siempre el tema de las mujeres, es decir, de la igualdad en general. Asistí a una reunión, me pareció bestial. Había muchas cosas que hacer y me puse a leer, a investigar, y entré en AMIT.

P: ¿Cómo son las mujeres de tu libro?

R: A mí me parecen unas mujeres entrañables; entre ellas, mujeres de lo que se llama la edad de plata de la ciencia en España, que fue a finales del siglo xix y principios del xx y que se truncó con la guerra civil.

P: ¿Qué mujer te ha impresionado más?

R: Mi madre, la persona que más me ha impresionado y sigue impresionándome, sin duda. No hay ninguna científica que gane a mi madre (risas).

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