Reino Unido, Italia, Canadá, Australia o Indonesia son tan sólo algunos de los países en los que vecinos y vecinas de Hortaleza se han tenido que enfrentar al coronavirus, una de las pandemias más devastadoras de los últimos años.

Óliver y Elena, dos jóvenes hortalinos, se fueron a conocer la isla indonesia de Bali antes de que saltara la alarma social del coronavirus. Ahora, son dos de los 200 españoles que se han topado con una compleja situación para salir de la isla.

“Aquí cunde un poco el pánico porque la gente no sabe cómo van a evolucionar las cosas por aquí y quieren salir”, cuenta Óliver. Su mayor dificultad ha sido salir del país y sacar un vuelo fiable. “Nosotros teníamos un vuelo para el 10 de abril, pero, tras cancelarse, nos tocó comprar otro vuelo con ayuda de nuestras familias. Lo hemos cogido con las aerolíneas más fiables que nos ha recomendada la embajada”, comentaba Óliver todavía desde Bali.

Desde la embajada siempre han atendido a estos dos jóvenes, aunque, según explica Óliver, la única solución que han ofrecido a los españoles que están allí es fletar dos aviones: uno por 1.300 euros a Lituania y otro de 950 euros a Alicante.

“Las agencias de viaje se están lucrando mucho de esta situación porque están sacando vuelos que se sabe que se pueden cancelar”, apunta Óliver. “La realidad aquí es que la gente está en pánico, a la expectativa, y que mucha gente se está gastando muchísimo dinero intentando volver”, concluye Oliver.

AUSTRALIA, LLENO DE ESPAÑOLES

Alberto, de 27 años, partió del barrio de Parque de Santa María a la ciudad de Brisbane (Australia), junto a su novia, el pasado mes de enero con la finalidad de mejorar su nivel de inglés. Su experiencia, prevista para nueve meses, se vio truncada antes de llegar al tercero a causa del coronavirus, y el pasado domingo regresó a Madrid en previsión de cómo podían evolucionar las cosas allí.

“En Australia la situación ha sido parecida a la de España, pero con dos semanas de retraso. Hasta ahora la gente no ha empezado a teletrabajar ni se han cerrado establecimientos”, cuenta Alberto, que explica también que la percepción del coronavirus allí depende mucho de cada persona.

“Los australianos actuaban con mucha normalidad, mientras al grupo de estudiantes españoles que estábamos allí empezaba a preocuparnos la situación; incluso dentro del grupo encontrábamos diferencias entre los que éramos de Madrid y Barcelona y los que procedían de otras comunidades en las que la situación aún no era tan crítica”.

En Australia, el llamamiento del Gobierno español a regresar "causó pánico" por el temor a "un cierre de fronteras", explica Alberto

Alberto, a la izquierda, había viajado a Australia para aprender inglés.

Para Alberto, y para muchos otros estudiantes españoles, hubo un punto de inflexión: el 17 de marzo el Gobierno hacía un llamamiento a regresar a los españoles que estuvieran fuera de España y que no fueran residentes en otros países. “Esta noticia causó el pánico y fuimos muchos los españoles que nos apresuramos a comprar un vuelo de vuelta en previsión de un cierre de fronteras”, recuerda.

Para otros muchos estudiantes que no compraron sus vuelos en ese momento ya ha sido demasiado tarde, relata Alberto. “Hy gente que no puede comprar vuelos por el precio, otros no pueden volver porque les están cancelando vuelos continuamente, y otros se están quedando colgados en los aeropuertos. Otro de los problemas es que a muchos estudiantes les caduca el visado de estudiante, y con él su seguro médico y su estado de legalidad en el país. Desde la embajada nos han asesorado, pero están desbordados y no pueden asegurar nada”, concluye.

LONDRES: «NORMALIDAD» ANTE LA PANDEMIA

Aunque nació y creció en San Lorenzo, Irene ya es casi más londinense que hortalina. Se fue a Londres, la capital de Reino Unido, a pasar un verano y ya lleva 17 años instalada allí, y trabaja enmarcando obras de arte de una galería.

Como a muchos españoles afincados en Londres, a Irene le llegaban las noticias del coronavirus sobre todo desde España, lo que le hacía tener una visión de la situación muy distinta a la que se planteaba en Inglaterra.

Mientras desde España le llegaban "imágenes muy impactantes", en Londres "la vida seguía con normalidad", relata Irene

Irene, durante un paseo por Londres, su ciudad de residencia.

“En mi caso estaba muy mentalizada. Tengo un montón de amigos italianos que me comentaban la situación de allí. Desde España me llegaban imágenes muy impactantes, especialmente porque son sitios familiares y que no reconoces sin gente. Mientras, aquí parecía que la vida seguía con normalidad”, cuenta.

El primer día que Irene no fue a trabajar fue el pasado martes, aunque confiesa que ella llevaba ya dos semanas del trabajo a casa únicamente. “De momento, yo creo que la gente no se da cuenta de la gravedad de la situación y realmente espero que pase pronto”, ultima.

CONTRADICCIÓN EN CANADÁ

Desde Vancouver (Canadá), Sara, que actualmente vive allí con su pareja, Pablo, nos cuenta que, como en los anteriores casos, toda la información que les llegaba sobre el coronavirus era a través de sus familiares y amigos, y también de medios de comunicación españoles.

Sara define su experiencia con dos palabras: confusión e incertidumbre. “Veíamos cómo los casos de infección ascendían y empezaba a cundir el pánico en España mientras nosotros aquí seguíamos con nuestras vidas como si nada”.

“Bajar al supermercado fue toda una montaña rusa de emociones”, explica Sara desde Canadá, donde se encontró los estantes vacíos

La hortalina Sara Jiménez pasa el confinamiento en la ciudad canadiense de Vancouver.

Sara cuenta que a partir de la proclamación del estado de alerta y la cuarentena en España fue cuando notaron que había llegado la histeria colectiva. “Fuimos a comprar al supermercado y los estantes estaban prácticamente vacíos”, comenta Sara, que trabaja haciendo recetas de cocina y recuerda que “bajar al supermercado fue toda una montaña rusa de emociones”.

Desde el Gobierno de Canadá se ha abierto una solicitud para todas aquellas personas que se han quedado desempleadas por esta situación, y también se ha facilitado un formulario online que te dice qué hacer en caso de presentar síntomas del Covid-19.

“En Vancouver ya se ha declarado el estado de alerta sanitaria y se han empezado a cerrar establecimientos. Sin embargo no hay cuarentena obligatoria. Se vive en una contradicción: por un lado, los supermercados están poco abastecidos, y por el otro lado, esa misma gente que arrasa los supermercados, está en la calle”, puntualiza Sara.

ITALIA, EL PAÍS VECINO QUE NOS ALERTÓ

Marina tiene 21 años y estudia psicología en la Universidad Complutense de Madrid. Se fue a hacer un Erasmus a Sicilia para un año y a finales de febrero, cuando acabó su primer cuatrimestre allí, empezó a escuchar hablar sobre el coronavirus en Italia.

“Al estar en el sur, al principio no nos lo tomábamos en serio. De hecho, del 1 de marzo al 6 de marzo viajé a Polonia sin problema”, revela Marina. Entre las primeras medidas que se tomaron fue la cancelación de las clases. Del día 1 que debían empezar se pospusieron al día 16, hasta que finalmente se han retomado de forma online.

En Sicilia, el "repentino" confinamiento comenzó el 10 de marzo, "pero no era muy estricto", detalla Marina

Marina, en Sicilia con una beca Erasmus, en la playa antes del confinamiento.

“El día 8 de marzo todos los bares se cerraron y empezamos a pensar que la situación era más grave de lo que parecía, y el día 10 empezó una especie de confinamiento muy repentino, pero no era muy estricto y podíamos hacer deporte. Empezaron a cancelar vuelos y prohibieron las salidas para hacer deporte. Todo fue muy precipitado”, recuerda Marina.

Los padres de Marina consideraron que la situación estaba empeorando y la animaron a cogerse un vuelo de vuelta, que llegaría el día 14 de marzo a Valencia, sin embargo, este se canceló. “Nuestra situación aquí no es tan horrible, nos agobia más la situación que se está viviendo en España, por nuestras familias y amigos, que lo que estamos viviendo nosotros, aunque nos preocupa mucho no saber cuándo vamos a poder volver a España. Por ahora llevamos dos semanas y media de confinamiento y lo estamos llevando bien”, finaliza Marina.

A pesar de que todos estos vecinos y vecinas se han topado con situaciones difíciles lejos de sus familiares y amigos, todos ellos han destacado algo: la solidaridad que ha surgido en medio de toda esta pandemia, especialmente a través de grupos de Whatsapp de españoles que comparten información sobre vuelos, se ayudan y se apoyan entre ellos.

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