Los centros escolares del distrito permanecen cerrados desde el 13 de marzo con el objetivo de evitar la propagación del coronavirus (COVID-19). Mes y medio llevan ya los estudiantes realizando sus clases desde casa a través de plataformas digitales y de todos los medios que ponen a su alcance las nuevas tecnologías –siempre que tengan acceso a ellas, claro–.

A esto hay que sumar el confinamiento en sus casa hasta el pasado domingo 26 de abril, cuando se ha permitido que los menores de 14 años pudieran salir a la calle durante una hora acompañados de uno de sus padres.

Muchas han sido las dudas sobre qué ocurre con los adolescentes de 14 a 17 años, que, según ha aclarado el Gobierno, pueden salir a la calle siempre que tengan autonomía y permiso de sus progenitores, acogiéndose a los supuestos que ya contempla el decreto de alarma, es decir, las salidas por motivos esenciales como realizar compras de primera necesidad.

Los adolescentes de 14 a 17 años pueden salir a la calle,
con permiso de sus progenitores, por los mismos motivos esenciales que los adultos

Pero ¿cómo están viviendo ellos el confinamiento y tener que estudiar en casa? Hemos querido hablar con las jóvenes hortalinas y hortalinos y saber cómo es su día a día. Sobre todo el de aquellos que este año tienen que hacer frente a la EvAU (Evaluación para el Acceso a la Universidad), que en la Comunidad de Madrid se celebrará los días 6, 7 y 8 de julio.

ECHANDO DE MENOS A LOS COMPAÑEROS DE CLASE

Pablo López tiene 17 años y estudia segundo de Bachillerato de Ciencias Sociales en el colegio Jesús María (del vecino distrito Ciudad Lineal). Antes de la cuarentena, iba al colegio por las mañanas y al gimnasio por las tardes.

Desde que se implantó el confinamiento, sigue las clases mediante videollamadas y tiene que hacer muchos trabajos. Para él uno de los pros de la enseñanza online es su comodidad, pero encuentra muy difícil el seguimiento que tienen que hacer los profesores de lo que hacen los alumnos.

De cara a la EvAU, además de retrasar su fecha, ha habido cambios en el formato que tratan de facilitar la realización de la prueba teniendo en cuenta las circunstancias excepcionales en las que el alumnado está realizando su preparación, que, en palabras de Pablo, «no está siendo buena». Sobre las posibles clases de refuerzo en junio, opina que «están bien para la gente que lo necesite», aunque todavía no le han hablado del tema sus profesores.

Pablo López dispuesto a jugar un tenis de mesa en casa.

Según nos cuenta, debido a la alteración de su horario, ahora duerme mucho. Por lo demás, está dedicando su tiempo libre a aprender algo de cocina y a jugar con su familia al tenis de mesa. En líneas generales, no piensa que la cuarentena le haya cambiado la vida, aunque cree que puede que cambie algo de cara al futuro.

Echa de menos estar en clase con sus compañeros y tiene muy claro que lo primero que va a hacer cuando termine el confinamiento «será ir a comer a un sitio de comida rápida».

RETOMANDO LA LECTURA

Para Claudia Fernández, estudiante de 18 años de segundo de Bachillerato de Ciencias en el colegio Santísimo Sacramento, un día normal antes del confinamiento consistía en ir a clase, estudiar, ir al gimnasio y pasear al perro. Ahora hace lo mismo que antes, pero sin ir a clase de forma presencial ni al gimnasio.

Sigue las clases mediante videollamadas y correos electrónicos y nos cuenta que las lleva bien, pero no piensa que sean tan fáciles de seguir. Por un lado, le gusta la comodidad de poder realizarlas en casa, pero por otro echa en falta el contacto con las personas. Respecto a las clases de refuerzo en verano, le parece que «están muy bien, pero solo para las personas que verdaderamente lo necesiten».

Gracias al confinamiento, Claudia Fernández ha podido retomar su amor por la lectura.

Además de gustarle dar largos paseos todos los días, la única rutina que no puede seguir durante la cuarentena, Claudia siempre ha sido una gran lectora, pero, con todo el jaleo que supone estar en segundo de Bachillerato, había tenido que alejarse de la lectura. Sin embargo, con todo el tiempo de sobra que tiene ahora, se dedica a retomar libros atrasados.

Aunque echa mucho de menos ver al resto de su familia y quedar con sus amigos, lo primero que hará cuando pueda salir a la calle será ir a hacer fotos.

APRENDIENDO A TOCAR LA GUITARRA

Ir al colegio, jugar al fútbol y pasear por el campo es lo que hacía normalmente Javier Bardés, de 17 años y estudiante de segundo de Bachillerato de Ciencias Sociales en el colegio Santísimo Sacramento. Ahora se dedica a hacer deberes, a jugar a videojuegos y aprender a tocar la guitarra.

Javier Bardés está aprendiendo a tocar la guitarra durante su tiempo libre.

Sigue las clases mediante videollamadas y realiza los trabajos por plataformas online, y aunque los lleva bien, cree que son excesivos. Para él lo mejor de la educación online es la libertad a la hora de organizarse, pero opina que esta forma de dar clases no es buena, «porque están dando demasiado temario con métodos no efectivos».

Los profesores le han hablado de la posibilidad de realizar clases de refuerzo en verano, aunque no saben nada oficialmente, sin embargo, esto echaría por tierra sus planes, ya que «tenía pensado trabajar durante las vacaciones».

Considera que la cuarentena le ha cambiado la vida, pero que no le ha supuesto un gran esfuerzo amoldarse. Eso sí, echa mucho de menos estar con sus amigos y practicar deporte, así que lo primero que va a hacer tras la cuarentena será jugar un partido de fútbol con ellos.

DESEANDO IR AL CINE

Con sus 17 años, Alicia Seco, alumna de segundo de Bachillerato de Ciencias en el colegio Santísimo Sacramento, después de estudiar, solía quedar con los amigos y jugar con sus gatos. Desde que se impuso el confinamiento, intenta madrugar para aprovechar el día, pero confiesa que «pocas veces se logra este objetivo».

Lleva bien dar las clases mediante videollamadas y a través del correo electrónico, aunque la parece muy raro. «La enseñanza online te permite hacer más cosas a la vez, pero esto también te impide estar atenta». Además, nos cuenta que «en algunas asignaturas, no se ha empezado con la preparación para la EvAU».

Alicia Seco tiene muchas ganas de ver una película en el cine.

Asegura que la cuarentena no le ha cambiado sus rutinas en exceso y coincide con Claudia en que lo que más echa de menos es ver al resto de su familia y a sus amigos. Como es una gran cinéfila, pero de las de pantalla grande, nos cuenta que en cuanto salga irá al cine, «si la situación lo permite».

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