Es valiente. Nos contactó porque somos parte de su cordón umbilical con el barrio. Proponía compartir su historia y experiencia en tres megaciudades y cómo ese conocimiento lo ha aplicado en el Nautilus, la terraza de la casa de sus padres. Nos pedía un pequeño hueco en el periódico, pero su generación se merece mucho más.

Quedamos en la puerta de la avenida de Machupichu y comienza el viaje por una espiral logarítmica en escalera que se abre hacia la terraza y el cielo. En ella ha sintetizado lo aprendido en Oriente y en Occidente. Dos años en Shanghái, dos años en Tokio y dos años en Nueva York. Ahora toca Copenhague, por fin cerca de casa. ¿Cerca?

PREGUNTA: ¿Eres hortalina?

RESPUESTA: Nos mudamos aquí cuando tenía 9 años. Veníamos de Alfonso XIII.

¿A qué coles has ido?

Al Arquitecto Gaudí. Hicimos un año en el colegio San Juan Bautista y luego nos cambiamos al instituto.

¿La carrera en el CEU?

Quería hacer Arquitectura y no me dio la nota. Sí creo en la educación pública, pero por la arquitectura… hay que ser prácticos.

¿Cómo era la vida de barrio entonces?

Esto era un descampado. Todos los años íbamos a las Fiestas del Pinar. El centro cultural más cercano era el de Benita de Ávila. Al Federico Chueca he estado yendo doce años a saxofón.

Cuando nos mudamos aquí, el barrio era un descampado
y el centro cultural más cercano era el Benita de Ávila

¿Has actuado?

En el centro y otros centros del barrio hacíamos conciertos. Teníamos una banda de viento de unas treinta personas. Hubo algún cuarteto que, a lo mejor, solo duraba dos años. La gente entraba y salía, o sea, que no era muy estable.

¿Música y arquitectura tienen relación?

Bueno, al final, todos los inputs y cosas artísticas influyen. También hice pintura.

¿Mantienes relación con tus compañeros?

A lo mejor los hijos no quedamos tanto porque nos hemos ido fuera, pero quienes mantienen la relación de barrio son mis padres con los padres de mis excompañeros.

¿Más aficiones?

Con el instituto jugando a baloncesto, conocimos a parte del barrio porque íbamos a jugar con el Rosa Chacel, el Arturo Soria… Había muchos equipos.

Foto Sandra Blanco

¿También deportista?

Está bien tener actividades que no sean específicas de un solo deporte. En los gimnasios puedes variar. He estado yendo a los Prunos y al Luis Aragonés. Iba a pádel, que es divertido porque es bastante dinámico y juegas por equipos…

¿Te gustan los gimnasios?

Como que es un espacio de reunión. Los gimnasios son ahora como las antiguas iglesias. El gimnasio no es tan espiritual, pero está sustituyendo la antigua religión con la nueva religión de gimnasio.

Háblanos del Nautilus

La idea del Nautilus surgió porque, de un falso bajo techo, se abre un Nautilus que es una espiral logarítmica. La casa es un espacio blando y cálido, que lo proporciona la madera de haya. Ideé un sistema de ventilación con rejillas en el suelo y en el techo. Todas las puertas están ocultas para producir efecto sorpresa. Esto es un puente de cristal. Ves un pasillo que es superestrecho de techo bajo, se va abriendo el techo hasta que abre al final y sales al exterior. (No hay espacio para toda la explicación.)

La idea del Nautilus surgió porque, de un falso bajo techo, se abre un Nautilus que es una espiral logarítmica

¿Cómo fue tu inicio como arquitecta?

El proyecto de fin de carrera es muy importante y es tu carta de presentación. Hice para la Pradera de San Isidro un estadio de fútbol de diferentes eventos con hologramas. Había un estadio real donde juegan los equipos con jugadores reales y otro en frente que era como virtual. Entonces podía verlo más gente porque es como si se duplicara el mismo evento en dos sitios.

¿Y tu inicio profesional?

Awa Estudio fue lo primero. Ellos fueron profesores míos de la universidad y, mientras estaba estudiando, estaba trabajando con ellos.

¿Y después China?

Quería irme a Asia por ser culturalmente diferente. Mi objetivo era Japón, pero en esa época era el boom económico de China y se estaban construyendo cosas bastante novedosas sin ningún tipo de remordimiento. Era un campo de batalla libre en la arquitectura para hacer lo que se quisiese. Me gustó porque se construía superrápido y podías ir a la obra. En Shanghái trabajé en el proyecto Lane189.

Foto Juan Cruz

¿Después a Japón?

Tuve bastante suerte en entrar en Kengo Kuma, que no es fácil. Lo curioso del proceso de selección es que Kuma, que es una eminencia y el maestro y trabaja de sol a sol, elige personalmente a sus empleados. Aparte, para entrar tienes que hacer un examen de doce horas. En Japón, si contratan extranjeros, es porque tienen proyectos extranjeros. No es como en China, que yo podía hacer proyectos chinos.

Allí entrabas al trabajo a las diez y antes de las once o doce de la noche no te podías ir. Durante tantas horas tienes que estar obligado a estar sentado, produciendo o intentando producir algo, que llegas a esos niveles de concentración que nunca me había pasado en ningún sitio.

En Japón, si contratan extranjeros, es porque tienen proyectos extranjeros. Allí entrabas al trabajo a las diez
y antes de las once o doce de la noche no te podías ir

Y volviste a Occidente…

Después de cuatro años en Asia, debía ver o volver a la arquitectura occidental y ver lo que estaba pasando al otro lado del mundo y por eso fui a los Estados Unidos. Fui a Work AC, una oficina pequeña, que es lo que quería porque así tienes más responsabilidad, trabajas más, pero controlas todo, ves cómo lo hacen. Lo último en moda está en Nueva York. Hay dinero y se pueden permitir construir cosas locas como hace Work AC.

¿Por qué volviste a Europa?

Quería quedarme más tiempo en Nueva York, pero, mientras esperaba la visa, surgió una posibilidad en BIG, un estudio danés. Es como volver a la construcción a lo bestia. Vivir en Copenhague es como vivir en un pueblo. Cada hora marcan las campanadas, por ejemplo. Mi familia está contenta porque en tres horas vengo.

¿Qué proyectos tienes?

Supuestamente, el objetivo del arquitecto es trabajar por su cuenta.

¿Qué destacarías en la arquitectura de Hortaleza?

El Mirador de Sanchinarro está muy bien. La idea era que es una manzana puesta en vertical. Tiene diferentes formas para crear diferentes tipologías de casas para crear una manzana para crear diversidad. Esto recrea en vertical diferentes tipos de edificios. El agujero es como la comunidad, el parque de uso público privado.

El Mirador de Sanchinarro está muy bien, tiene diferentes formas para crear diferentes tipologías de casas

¿Es un modelo Sanchinarro?

Cuanto más ancha es la calle, menos interacción hay de un lado a otro.

¿Qué propuestas harías desde tu estudio hortalino?

Parques, parques con usos, con actividades, con centros culturales, con exposiciones, que la gente pueda participar, que salga a la calle.

¿Casas bajas o grandes construcciones?

Es más bioclimático crear densidad a que las ciudades se expandan. Contamina más tener más uso de territorio. Eso quiere decir que gasta más en transporte, en conductos de suministro de agua…

¿Un problema de vuestra generación?

Es increíble que no podamos alquilar. En Dinamarca hay una iniciativa que se llama vivienda cooperativa. Compras una parte, un porcentaje, y otra parte es de alquiler. No tienes el 100% de la propiedad y eso ayuda a que puedas permitírtelo. Esto lo vería como una posible solución.

¿Y una ventaja de vuestra generación?

Ahora muchísimos arquitectos hemos tenido que salir fuera y tenemos una red de amigos arquitectos. Entonces, hay que aprovechar eso y no intentar copiar modelos anteriores. Hay que intentar hacer algo nuevo más allá.

 

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