Era Halloween y jueves. El sol se apresuraba a dar paso a la oscuridad y las manos expertas de Alicia Robledo con su familia y un puñado de voluntarios se aprestaba a transformar La Soci de Manoteras en un pasaje del terror.

Estaba previsto que durara dos horas y finalizara a las nueve de la noche, pero la afluencia de esqueletos, brujas y toda una fauna de espectros y seres terroríficos de todas las edades le impidió a la puerta posterior del número 46 de Cuevas de Almanzora que ese paseo catártico por nuestras pesadillas, industriales o ancestrales, no cerrara antes de las 22.30.

La cola para el pasaje del terror se mantuvo más allá de la hora prevista. ANA NAFSI

Había tres niveles de terror o de adrenalina y mucho diálogo, especialmente con los más pequeños. Las luces y los seres amenazantes del pasaje hicieron desistir a alguno de los visitantes de menos octubres. Mientras, la cola para entrar no se reducía.

Tras más de una hora y media de espera, Cristina decidió irse al Magosto que organizaba Danos Tiempo. También ahí el festejo superó las previsiones y las castañas y demás delicias se desvanecían con la magia de la noche, según informaba Radio Enlace.

En Manoteras, la celebración no finalizaba con la noche del 31 de octubre. Por tercer año consecutivo, el 1 de noviembre la Fantasmal Compaña de Manoteras iniciaba su lúgubre y jovial procesión desde la Plaza de La Soci.

Era un cortejo fantasmagórico que ascendía por Cuevas de Almanzora para doblar por Bacares, atravesar el parque y descender por Vélez Rubio hasta los aledaños del Spartac para entrar por Roquetas de Mar en el Huerto Comunitario de Manoteras.

Durante el recorrido, la música, las voces invitando a sumarse a la Fantasmal Compaña y los textos medievales de las danzas de la muerte o danzas macabras prepararon el gran ritual que junto a las lechugas y berenjenas tuvo lugar. Se trataba de un rito sincrético en el que el fuego rasgaba la oscuridad. Un relámpago lo anunció.

Morgan, la maestra de ceremonias, explicó lo que allí iba a ocurrir. Por un lado, cada quien iba a escribir en un papel lo malo del año. Todos los textos iban a ser quemados y sus cenizas enterradas en un aparte del huerto, al tiempo que se plantaba una caléndula, cuya flor protagoniza muchas leyendas.

El fuego también fue protagonista rebajando los grados de un orujo que servía para una ortodoxa queimada, cuyo texto había sido adaptado a los tiempos actuales. Hubo brindis y dulces para el festejo mientras la música invitaba a un baile en la oscuridad y las fantasmales figuras se iban diluyendo de vuelta a sus hogares.

La pregunta que surgía era sobre cómo algo tan sencillo y sin casi difusión tenía una respuesta tan positiva. De ahí, llegaron más interrogantes: ¿Por qué funcionaba en este caso la participación? ¿Qué se está haciendo desde los movimientos asociativos para conectar? ¿Se debía a la magia de esas fechas? ¿Cuál era el misterio?

Momento de la quema de los mensajes. SANDRA BLANCO

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