En Hortaleza se corre, y no solo para no llegar tarde al bus o entre los andenes de Mar de Cristal. A falta de pistas de atletismo, son muchos los vecinos y vecinas que aprovechan los carriles ciclables o peatonales para sacudirse el sedentarismo practicando un deporte barato, fácil y social.

Ya hace muchos años que a las 19.30 horas de lunes a jueves (20.00 horas en verano) las escaleras que dan acceso al parque de Villa Rosa-Paco Caño desde la calle Aconcagua ven cómo un nutrido grupo de vecinos y vecinas se reúnen para salir a trotar. Se hacen llamar la Panda del Muro y no son ni un club ni una asociación: «Somos personas que salen a correr juntas», les gusta decir.

Normalmente, sus pasos los llevan al parque Juan Carlos I, al monte de Valdebebas, al pinar de Papa Negro o a la Quinta de los Molinos. Durante una hora u hora y media, tanto veloces liebres como trotones domingueros estiran las piernas recorriendo el barrio en animada charla de grupo. Muchos jueves, además, celebran los cumpleaños de los compañeros con una bebida y algo de picar.

Se hacen llamar la Panda del Muro y no son ni un club ni una asociación: «Somos personas que salen a correr juntas»

Por eso, cuando se confirmó el estado de alarma y el inicio del confinamiento en Madrid, muchos de los corredores de la Panda tuvieron que buscar alguna otra forma de mantenerse activos encerrados en sus casas o pisos.

El primer fin de semana habían organizado la III Carrera Villa de Laguna, Memorial Juanito, un compañero corredor fallecido hace un par de años, y tuvieron que cancelar esta salida más social que ninguna otra porque, aunque aún no se habían prohibido las actividades en el exterior, no parecía apropiado organizar esta actividad en grupo de más de 40 personas.

PRIMERA MEDIA MARATÓN PASILLERA

Sin embargo, no hay nada que pueda parar a estos corredores cuando se empeñan en mantener el grupo en marcha y haciendo deporte. El siguiente sábado empezaron su Primera Media Maratón Pasillera a las 10.00 horas. Ya durante la semana empezaron a intercambiar vídeos de sus recorridos por el salón, la terraza, las escaleras o los patios interiores… Cualquier lugar era bueno para hacer unos kilómetros.

Durante la semana empezaron a intercambiar vídeos
de sus recorridos por el salón, la terraza, las escaleras
o los patios interiores…

Juanjo, el Secre, dio la salida como es habitual pasados unos minutos de las diez para esperar a los rezagados y a Pepe, el Trainer, que tiene esta costumbre. Thomas, suizo residente en Hortaleza desde hace años y un veterano que ha completado los 246 kilómetros de la ultramaratón Spartathlon, empezó poniendo el ritmo desde primera hora con los ánimos y las grabaciones de su compañera Vicky.

‘Casi’ y el suizo Thomas, durante su participación en la Media Maratón Pasillera.

No muy lejos, Maxi recorría el pasillo de su piso caminando a toda velocidad, entraba en el salón y giraba al llegar a la terraza para deshacer el mismo camino y retomar la carrera al llegar a la cocina. Cris y Raúl no dejaban de animar en el grupo de WhatsApp mientras Paquito dejaba un rato la cinta de correr y se ponía a dar pasos con la Wii delante de la televisión. Algún triatleta prefirió poner la bici sobre el rodillo o subirse a la bicicleta estática y acompañar en la distancia a los corredores.

Loli, que no perdona un entrenamiento, tuvo que esperar un par de horas porque parece que los vecinos no saben apreciar un buen trote mañanero. Jim mandaba ánimos con acento británico desde Cataluña y Vicky seguía retransmitiendo por vídeo la gesta de Thomas, que no se cansaba de dar zancadas por el pasillo.

Como todos los sábados o domingos por la mañana,
al completar sus recorridos, los corredores y las corredoras se abrazaron en la distancia

Como todos los sábados o domingos por la mañana, al completar sus recorridos, los corredores y las corredoras se abrazaron en la distancia al llegar a la meta comentando el estilo de uno, la velocidad de la otra o el orgullo por los pandereños y pandereñas que trabajan en nuestra sanidad pública.

Aun confinados, cada uno desde nuestro encierro, cuidamos de nuestra comunidad y nos mantenemos activos. La Panda del Muro sigue corriendo sobre el parqué o el terrazo porque, igual que en cualquier otra carrera, unos apoyan a otros y ninguno se queda atrás, y porque todos y todas quieren mantenerse en forma para que un día, no muy lejano, puedan volver a salir a nuestros parques, a reunirse junto a la placa de la Panda en Villa Rosa y a correr por nuestras calles como si el virus nunca hubiese detenido sus vidas.

Los miembros de la Panda del Muro, en una foto colectiva en el lugar donde quedan a correr.

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