En el Sindicato de Barrio de Hortaleza hemos empezado el año de forma muy intensa. Por un lado, motivadas, pues vemos como cada día nuevas personas nos preguntan, nos conocen, nos dicen que quieren hacer algo, quieren poner su granito de arena para cambiar el estado actual de las cosas; pero, por el otro, la realidad nos golpea brutalmente, vecinas, trabajadoras, amigas y nosotras mismas sufrimos en nuestras propias carnes las violencias de este sistema capitalista y patriarcal, y, aunque desde el Sindi intentamos acompañar, cuidar y luchar, no siempre nos dan las fuerzas. Aún así, no cesaremos en nuestra tarea porque, algún día, sí que seremos muchas.

De momento, queremos compartir la carta que una compañera y vecina ha mandado al fondo de inversión Ponca que compró la vivienda que tenía arrendada y que pretende desahuciarla. Una vivienda que ha sido hogar de una familia durante más de 50 años, pero, que, un día, fue comprada por una empresa, perteneciente a otra empresa matriz, con el dinero de otros inversores, que se la vende a otra empresa y, así, sucesivamente, perdiéndose la pista entre Sociedades Limitadas y Anónimas, fondos y socimis sin sede física, sin rostro, que imposibilita el poder entablar una conversación directa, que dificulta el poder explicar, negociar, exigir.

El barrio se lo reparten fondos de inversión que no lo han pisado nunca pero, aún así, hacen negocio con él, expulsando a familias de nuestras calles y de nuestras redes sociales (las de verdad, las que se forjan en el cotidiano y la vecindad). A veces nos han llamado populistas por decirlo así abiertamente, en crudo, pero esto es lo que está ocurriendo. El negocio prima sobre nuestras vidas, el mercado nos impone sus decisiones.

Nuestra compañera se enfrenta a una orden de desahucio que, hasta ahora, estaba en pausa por el mal llamado “decreto antidesahucios”. Decimos mal llamado porque no todas las personas podían cobijarse de esta medida temporal, pero, al menos, para muchas de ellas, sí que suponía un pequeño respiro. Este año no se ha aprobado porque, nuevamente, una mayoría parlamentaria ha puesto los intereses de rentistas y especuladores por encima de los de las clases populares.

Compartimos la carta para que sea un toque de atención colectivo, que nos haga pensar hacia dónde estamos yendo, y con la esperanza de que la lean también las vecinas de Parque de Santa María, San Miguel o Sanchinarro que, también, se ven abocadas a las mismas dinámicas, presiones y angustias, porque sus viviendas son propiedad de los mismos fondos opacos. Desde aquí os decimos que no estáis solas:

Estimados señores:

Antes de nada disculparme y agradecer vuestro tiempo leyendo mi mensaje. Les escribo con el corazón en la mano, pero también con el máximo respeto.

La vivienda que ustedes han adquirido no es simplemente el lugar donde residimos: es el hogar de mi familia desde hace más de 50 años. Mi abuelos adquirieron la vivienda con un contrato de renta antigua. Mi madre llegó con 14 años y hoy, con 67, sigue viviendo entre estas mismas paredes. Yo nací y crecí aquí, y hace cuatro años nació mi hijo, que también está empadronado en esta casa. Somos cuatro generaciones unidas a este hogar.

Pero ya no se trata solo de mí.

Mi madre es una persona mayor con problemas de salud. Su estabilidad emocional y física está profundamente ligada a su entorno: sus vecinos de toda la vida, su familia cerca, su centro de salud, su rutina, la gente que la conoce desde siempre. Arrancarla de aquí no sería simplemente un cambio de domicilio; sería romper la red que la sostiene. A su edad y en su situación, perder esa seguridad sería devastador.

Y luego está mi hijo. Él adora este barrio. Juega en las mismas calles donde yo jugué. Tiene aquí su colegio, sus amigos, sus primos pequeños cerca. Me parte el alma pensar que tendría que decirle que nos vamos lejos, que tendrá que empezar de cero, que dejará atrás todo lo que para él es “casa”. Siempre he soñado con que sintiera que ser de Hortaleza, de “HTZ” como decimos aquí, es un orgullo, un lujo, una identidad que se transmite de generación en generación.

Entiendo que para ustedes esta vivienda forma parte de una operación empresarial. Para nosotros es nuestra historia, nuestra estabilidad y nuestro futuro.

Por eso les pido que, por favor, valoren la posibilidad de vendernos la vivienda a un precio que podamos asumir. No busco confrontación ni conflicto, solo una oportunidad justa para poder mantener el hogar que ha sido nuestro durante más de medio siglo. Estoy dispuesta a sentarme, hablar y estudiar cualquier fórmula que haga viable la operación.

Sé que detrás de cada decisión hay personas. Les pido que miren nuestro caso no solo como un expediente, sino como lo que realmente es: la vida de una señora mayor y un niño pequeño que podrían perder el único hogar que han conocido.

Gracias por su tiempo y por considerar nuestra situación.

Atentamente.