Hay discos que no nacen para hacer ruido, sino para dejar huella. El Ghorba, el nuevo trabajo de Rachid Bahri, está construido desde la experiencia del desarraigo, la migración y el arraigo posterior a un barrio que le devolvió las ganas de hacer música. “Es mi trayectoria como emigrante y mi biografía personal, donde expreso toda la parte emocional que sufre un inmigrante cuando deja su tierra natal”, explica.

El título del álbum, grabado en darija (árabe marroquí), alude a esa sensación intermedia: ni aquí ni allá. “Con ello, la pérdida de lo más valioso: vivir junto a tu gente y a tu familia”. Aunque las canciones están en su idioma nativo, el trabajo de producción y la estructura musical permiten que el mensaje trascienda la lengua. “Hemos logrado, con la voz, las melodías y la producción de David, dotar al disco de una atmósfera muy agradable que atrapa al instante”.

La producción de El Ghorba ha corrido a cargo del vecino David Rodríguez (Beef), tras una primera etapa junto a Xisco Rojo. Dos enfoques diferentes que han enriquecido el resultado final: “Xisco Rojo aborda los temas de una manera poética y con una sonoridad muy íntima. David tiene otra visión distinta; es muy intuitivo y viste los temas de una manera que es difícil que el propio artista pueda percibir”. Ese contraste no ha modificado la esencia del disco. Y si hay un motor emocional que sostiene todo el trabajo son “la tristeza y la esperanza. A través de estas dos emociones, canalicé las letras y la sonoridad; las dos almas que configuran El Ghorba”. Además, las imágenes que ilustran el álbum se han tomado en diferentes zonas del barrio: como la plaza de la Iglesia, el puente de Gregorio Sánchez Herráez sobre la M-40 o la esquina donde se encontraba antiguamente el bar regentado por las hermanas de Luis Aragonés en la calle Opón.

Las imágenes que ilustran 'El Ghorba', grabado en Hortaleza, también se han tomado en diferentes zonas del barrio

Rachid vive en Hortaleza desde el año 2000, pero reconoce que fue gracias a su pareja e hijos cuando se integró realmente en el barrio. “Nos integramos a través de una asociación, Danos Tiempo. Desde ese punto, empecé a conocer gente y todo lo que vino después: el Club de Disco, nuevas amistades que compartían la misma pasión que yo por la música. Fue la causa de que volviera a componer y escribir canciones… Fue lo mejor que me ha pasado”. El disco ha tenido una acogida notable, pero Rachid pone el acento en lo local: “Lo importante es que se haya difundido muy bien por el barrio; eso tiene mucho valor para mí, como vecino y artista”. Las presentaciones en espacios como el centro social El Nido o en el Club del Disco del barrio fueron, para él, algo más que conciertos. “Ese fue siempre mi objetivo: presentarlo en el barrio primero y luego lo demás, para reivindicar y dar visibilidad a los movimientos culturales de Hortaleza”.

En lo musical, su propuesta fusiona idiomas, estilos y vivencias: “Aunque canto en marroquí, no uso la estructura tradicional del país; toco con guitarra acústica y con tonalidad totalmente occidental. Eso resulta interesante para el público español… les resulta familiar y muy agradable de escuchar, aunque no entiendan la letra”.

Más allá de los medios o del reconocimiento, Rachid se queda con el valor emocional de lo que ha construido: “Soy afortunado de poder expresar de manera artística mi experiencia. El Ghorba es mi biografía encuadernada como un pequeño relato, en este caso, cantado en forma de musical”.

El Ghorba

Rachid Bahri posando en la esquina donde se encontraba antiguamente el bar regentado por las hermanas de Luis Aragonés en la calle Opón. DAVID PÉREZ

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