En España a principios de siglo ser hija de una escocesa liberal determinaba en gran medida tu futuro. Isabel Oyarzábal fue educada entre España e Inglaterra, hecho que le permitió conocer otra forma de vivir dotándola de la capacidad de cuestionarse el papel de la mujer española en aquella época.

La prematura muerte de su padre, de origen vasco y andaluz, permitieron a Isabel estudiar fuera, gozar de la libertad de la que carecían la mayoría de las mujeres en aquellos años, presas de las convenciones educativas y de la falta total de libertad para viajar o manejar el propio patrimonio. Vivió de manera directa los movimientos feministas ingleses y aprendió de ellos. En sus viajes convivió con estudiantes de Filosofía y Derecho, con mujeres que pertenecían al movimiento sufragista europeo.

Fundadora de la primera revista femenina

Tuvo acceso a ensayos y tratados sobre sociología y sexología que comenzaron poco a poco a abrirle los ojos. En su biografía I must have a liberty, escrita en inglés y traducida al sueco, cuenta la sorpresa de su padre cuando le informó de que quería ganarse la vida por si misma. Y así fue. En 1908 comenzó a rondarle la idea de fundar la primera revista femenina española La Dama donde se mezclaban contenidos meramente domésticos con otras secciones dedicadas al teatro, la música, la literatura y los viajes.

Quería que la mujer leyera y para ello creyó que la mejor manera de conseguirlo era con una publicación escrita por mujeres. La revista se mantuvo en activo tres años. Después de su cierre, Isabel continuó escribiendo y traduciendo artículos para periódicos nacionales y extranjeros, realizando trabajos como corresponsal para The Standart y el Daily Herald.

Escritora y activista

En 1915, en el Ateneo de Madrid, algunas mujeres comenzaron a cuestionar y debatir el sufragio femenino. Poco a poco Isabel Oyarzábal fue involucrándose en una serie de charlas, conferencias y reuniones donde se fraguaba el movimiento feminista español. En 1921 escribió su primer libro El alma del niño, un tratado de psicología con muy buenas críticas, y en 1923 se publicó su primera novela El sembrador sembró sus semillas, que fue apoyada y respaldada por los intelectuales de la época. A partir de ese momento y tras su exilio no dejó de publicar ensayo, literatura infantil, novela…

Su trabajo como corresponsal en el periódico The Standart le abrieron definitivamente los ojos a la situación política y social de España hecho que motivó sus comienzos en el Partido Socialista.

En 1926 nace en Madrid el primer lugar de encuentro entre las feministas de la época, el Lyceum Club, donde Isabel Oyarzábal ocupaba una de los puestos de presidencia. Compartía el espacio con María de Maeztu, Victoria Kent, o la mujer de Juan Ramón Jiménez, Zenobia de Camprubi.

Era un espacio cultural, moderno, que seguía la tendencia de lo que sucedía en París, Londres o Nueva York donde acudían mujeres de todas las clases sociales. Un espacio que fue ridiculizado y despreciado por una buena parte de la sociedad de la época, sobre todo, masculina.

El propio Benavente, rechazó una invitación como ponente con la siguiente frase: “¿Cómo quieren que vaya a dar una conferencia a tontas y a locas?”. Por los artículos de la época y los testimonios parece ser que había pocas tontas entre aquellas mujeres, quizá alguna loca, pero sí eran valientes ya que fue la primera vez en la historia de nuestro país que se solicitó una reforma del Código Civil donde se recogía casi una docena de puntos donde el único objetivo era la igualdad civil entre hombres y mujeres.

Representante internacional

Isabel Oyarzábal cada vez estaba más comprometida con España. Fue delegada española en la Sociedad de Naciones y en la Conferencia Internacional del Trabajo, trabajando por las mujeres y sus condiciones laborales. Durante la II República representó a España en conferencias internacionales por Estados Unidos y Canadá, donde tuvo la oportunidad de codearse con grandes escritores de la época como Thomas Mann, Steinbeck o Dorothy Parker.

Su nombre apareció en importantes periódicos de todo el mundo. En 1937 en plena Guerra Civil, Isabel Oyarzábal fue nombrada embajadora en Suecia. Desde su puesto denunció y criticó duramente a la comunidad internacional por favorecer y reconocer al régimen franquista. En 1939, finalizada la guerra, Isabel se exilia a México desde donde escribió Hambre de libertad (I must have liberty), su autobiografía que tardó demasiado años en publicarse en nuestro país. Menos mal que, al menos, ahora podremos también recordarla cuando paseemos por el barrio de Hortaleza.

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