Más allá de los espacios que solían frecuentar aquellos jóvenes de la periferia madrileña de los 80 que se dejaron cautivar pronto por el rock duro, como los desaparecidos Canciller, La Sucursal o El Argenta, Miguel B. Nuñez se crió en Hortaleza. “Yo vivía en Canillas, en la entrada a Alcorisa, y donde había bares era aquí, en Hortaleza. Y donde veníamos era a Hortaleza”.

Este melómano dibujante podría haber sido en su juventud uno de los protagonistas de su libro de cómic Heavy 1986, protagonizado por una pandilla de melenudos en un barrio de extrarradio de la época. Un barrio como el Hortaleza rockero de la época. “La cosa es que han pasado los años y la gente no identifica el rock como algo de extrarradio, pero eso no significa que en el extrarradio el rock no siga siendo una música identificativa. Para empezar, los grupos que tú oías eran de extrarradio, aunque no lo supieras”, afirma el dibujante.

UN ROCK INVISIBILIZADO

Se refiere a esa hornada de bandas que eran sistemáticamente ninguneadas por los medios de la época. “Siempre me recuerdan que muchos grupos de heavy salían en la tele, pero en realidad eran muy pocos grupos, muy contados, muy señalados, y siempre escogían con pinzas”. Se refiere a los Obús, Leño, Barón Rojo, Asfalto o Panzer -su debilidad-, por citar quizá a los más relevantes.

“Estas cosas como crío no las ves, simplemente ves que las emisoras comerciales dejan de poner heavy metal o rock duro. Es raro, porque cuando vas a un concierto está lleno, cuando vas al Rockódromo está lleno. Bandas que llenan el Rockódromo, que era una barbaridad: 20.000 o 30.000 personas. Esas bandas no sonaban en la radio. ¡Cómo Bella Bestia podían estar tocando ante miles de personas si en la radio no sonaban!”.

LA RESPUESTA: AUTOGESTIÓN

“Creo que tomamos el relevo de algo muy de los 70, que era el fanzine. La época en la que Alaska y El Zurdo iban por el Rastro y hacían sus fanzines. A mí El Zurdo me ha enseñado fanzines geniales con dibujos de Carlos Berlanga. Creo que a los que nos gustaba dibujar, sin conocer eso, de manera natural hacíamos fanzines”, explica.

En aquellas publicaciones autoeditadas y de escasa tirada fue donde Miguel se atrevió a mostrarle al mundo su potencial como dibujante. “Tenía dos amigos que fueron el contacto para entrar en la publicación ‘Thrash Metal’: Antonio Delgado y Antonio Pardo. Yo hice logotipos y dibujos para la primera ‘Thrash Metal’ en el 88. Ellos tenían un fanzine que se llamaba ‘Thrashock’, que me parecía muy guay, porque Antonio Pardo se ocupaba de la parte thrash, que comenzaba a aparecer, pero era súper underground. Y, de hecho, los saco en Heavy. Los chicos están mal«. Se refiere al segundo de los libros que ha publicado con la editorial Sapristi, pese a que la autoedición vive un momento de cierto rebrote. “Ahora ha vuelto con fuerza el mundo del fanzine, sobre todo en el cómic. Está la feria GRAF, que prácticamente toda es autoedición. Y me recuerda a cuando hacíamos los fanzines, pero, claro, los fanzines que hacíamos nosotros eran la cutrez máxima, las fotocopias siempre eran horribles, se veían fatal”.

LAS TRIBUS: MARCA DE CLASE

Aquellas publicaciones eran una vía natural de expresión de las llamadas “tribus urbanas”. “Si tú te vinculabas a un grupo, que entonces se llamaba banda -los medios decían tribus, pero eran como bandas-, tenía que ver siempre con tu clase social. Es un tema del que ya no se habla, como si ya no estuviera, como si ya no existieran. Es una cosa que a mí me rechina un poco: pasamos por alto las clases sociales, hemos superado la época de “existe la clase media, la clase media baja, la clase media alta…”. No, no hemos superado una mierda.” Y zanja la cuestión. “Creo que hacen, sin darse cuenta, un cierto boicot a las otras clases sociales haciendo como que no existen”.

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