Quien ha vivido en un barrio, quien lo guarda en su memoria con añoranza y afecto, reconoce enseguida las cosas que más le gustan de él y siente un deseo perentorio de volver a ellas. El café donde comíamos los churros con chocolate, la frutería de la esquina donde se compraban los mejores tomates, la pastelería que siempre olía a mantequilla y azúcar tostada y, por supuesto, el kiosco, donde los niños se dejaban la paga, los abuelos compraban el periódico local o nacional y las señoras recogían la Pronto en el ritual litúrgico de todos los domingos.

Cada vez que se cierra un comercio local, se pone un punto final también a estas historias y vivencias cotidianas que suceden en las calles recónditas de nuestros barrios. Por eso, no dejan de entristecernos cifras que ya son apabullantes. En cuanto a los kioscos de prensa, por ejemplo, según datos de la Asociación de Vendedores Profesionales de Prensa de Madrid (AVPPM), en el año 2023, Madrid apenas contaba con 300 kioscos de prensa activos.

La falta de relevo generacional y la caída en las ventas de productos editoriales en papel son algunas de las causas que explican la extinción. Pero ya a nadie se le escapa que también obedece a la progresiva privatización de las ciudades, donde grandes plataformas, franquicias y tráfico sin control discriminan a comerciantes y habitantes, porque no queda casi nada en ellas que no deba ser pagado a un alto precio.

El 13 de marzo de este año se volvían a llenar de artículos los estantes del kiosco de Parque de Santa María

Sin embargo, a veces se dan pequeñas y modestas historias que revierten el implacable devenir de los tiempos que corren. Contra todo pronóstico, como un manantial que vuelve a manar en un paraje desértico, el 13 de marzo de este año se volvían a llenar de artículos los estantes del kiosco de la calle Santa Susana, en el barrio de Parque de Santa María, solo unos meses después de haber echado el cierre por jubilación.

La artífice de esta gesta se llama María Isabel, que conoce bien el negocio por sus padres y explica con una sonrisa amable que está contenta con los resultados hasta la fecha y agradece a vecinas y vecinos el gran apoyo brindado. “Los días de diario vienen sobre todo jubilados a comprar el periódico y, durante los fines de semana, el público es más diverso”, cuenta María Isabel y apunta que las revistas “del corazón” son uno de sus productos estrella. Aunque reconoce que es un tipo de negocio que exige mucho trabajo y dedicación, el trato con la gente es el aspecto que le reporta más satisfacciones y las palabras cariño y familia son recurrentes cuando menciona a sus clientes.

María Isabel se sabe de memoria la ubicación del puñado de kioscos, apenas una veintena, que aún permanecen activos en el distrito. Espera jubilarse aquí, explica con optimismo y una se despide de ella deseando que así sea, que este pequeño kiosco de la plaza de Parque de Santa María permanezca irreductible desplegando en sus estantes aficiones lectoras no mediadas por ningún algoritmo.

kiosco de Parque de Santa María

Vecina comprando en el kiosco de Parque de Santa María. JAVIER PORTILLO

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