Los brazos de la calle Santa Susana la agarran y no dejan que se le escape la calle Santa Virgilia. Desde la boca del Metro hasta el centro cultural Hortaleza, la U de Susana dibuja su trazo en un barrio tradicional donde la sorpresa de lo inverosímil es posible.

Allí nació un ateneo que después dio paso a las flores, desde allí se hizo grande Hortaleza con los mil frentes de la asociación vecinal La Unión y, desde allí, El Nido acuna cultura popular. No hace mucho, en esta Susana legendaria y barrial, abría sus puertas una casa de las musas: el Museo de Hortaleza.

¿Quién lo ha creado? ¿Un descendiente de Ptolomeo I? Investigamos y descubrimos que se llama José Ignacio y solo hace público su primer apellido, Fernández. Concertamos una cita. Será en la terraza Alupa (calle Santa Virgilia, 1).

José Ignacio Fernández llega directo, cargado con sus dos publicaciones y un verbo metralleta. Antes de nada, me regala y dedica una de ellas, Calles, comercios y colegios desaparecidos en Hortaleza. Aclara que no es un soborno, que “estas cosas en caliente” y se le escapa una queja: “aunque mucha gente no lo aprecia”.

El otro libro, encuadernado en espiral, va más allá de la autoedición y se titula El muro del Mediterráneo, una obra a la que lleva dedicado veinte años “en la línea del GEFREMA, el Grupo de Estudios del Frente de Madrid”.

Este preámbulo me hace pensar que estoy conociendo a un historiador y sí, es un apasionado de la historia; pero no un académico ortodoxo, sino alguien que mira, descubre mensajes del pasado y organiza rutas desde hace dos décadas. Yo quiero conocer a la persona.

PREGUNTA: ¿Cuál es tu profesión?

RESPUESTA: Administrativo, comercial de banca, prejubilado.

¿Eres de Madrid?

Soy vallisoletano de la capital. Hasta los 21 años, he vivido en la zona antigua de Zorrilla, fui al instituto de Zorrilla y, los fines de semana, al estadio José Zorrilla.

¿Aficionado al fútbol?

Me gustaba jugar al fútbol. Que el deporte profesional sí es verdad que me parece un paso muy importante, pero para mucha gente es una decepción importante.

¿Una decepción porque no llega?

Porque no llega y porque el sentimiento se diluye mucho más.

¿Qué destacas de Valladolid?

Valladolid tiene mucho. Se habla de la movida de Vigo o de la de Madrid, y Valladolid es una ciudad que parece que no hay nada, pero del 64 al 85 había cierta tensión. Hay un documental que invito a todos los vecinos que vean sobre la movida de Valladolid.

¿Cómo era tu familia?

Una familia de tradición, varios hermanos, pero una familia en principio acomodada, clase media sin pretensión..

¿Te pudieron dar estudios?

Con la beca yo he estudiado gratis toda la vida. Siempre he ganado dinero estudiando.

¿Fuiste a la universidad?

Yo me monté la venida a Madrid porque salió un programa de cooperación educativa con la Universidad Autónoma. No pagaba matrícula.

¿Algo más tuvo que poner la familia?

Con la beca yo me pagaba el alquiler en la zona centro, siempre estaba en San Bernardo, plaza de España…, siempre por ahí. La beca cubría el 80 o el 90% y yo tiraba para delante. Sí, yo he estudiado gratis y he ganado dinero.

Difícil hoy en día.

Solamente con el alquiler de la vivienda ya no te salen las cuentas. A ver qué beca te tienen que dar para pagar ahora mismo mil y pico en un colegio mayor.

Presentación de los libros ‘Calles, comercios y colegios desaparecidos en Hortaleza’ y ‘El muro del Mediterráneo’

¿Qué especialidad hiciste en la universidad?

Economía en la Autónoma y las prácticas en Bilbao.

¿Te pilló alguna de las movidas?

Había pasado todo. Todo el efluvio efervescente de los estudiantes había fallado. No es tanto como se dice, hay muchas leyendas. Mucha gente que estaba diciendo que corría delante de los grises ya sabemos adónde corría, a la cafetería.

¿Has estado en política?

Yo no he estado en ese ajo, he estado en el ajo cultural.

¿Eras de mentalidad matemática?

Sí, yo soy muy racional; eso sí te reconozco que sí. He hecho ciencias, hubiera querido hacer letras.

Finalmente, ¿satisfecho?

He podido hacer las cosas que he querido y he destacado.

¿Te consideras superdotado?

No, eso que dicen de altas capacidades me parece una chorrada. Es un camelo para sacarle los cuartos a la gente. O sea, el que se cree que tiene altas cualidades es el más tonto de los tontos.

¿Qué es lo importante?

Manejar asuntos, gestionar temas, ser una buena persona capaz de implicarte, de conseguir conexión con el tejido.

¿Cuándo llegaste a Hortaleza?

Era el segundo año que estaba trabajando en el banco cuando compré mi vivienda aquí, pero antes venía viendo el barrio desde el 92 o 93.

¿Cómo ha sido la conexión aquí?

Aquí el tejido social funciona y que creo que te integras bien.

¿Es lo que recoges en este libro?

El germen de este libro son todas las resistencias; todo lo que hay que mamar y todo lo que hay que ver para que las cosas no se queden enquistadas y puedan ir cambiando.

¿Qué has encontrado aquí?

La dignidad de la gente que venía con la cultura de su pueblo, la de hacer embutido, los bailes, la ropa de casa…

Pero ¿tu implicación en el barrio es reciente?

Desde hace cinco años, cuando tengo el museo.

¿Por qué lo montaste?

Para que todo lo que había ahí no se pierda. Yo me he pateado todos los solares y llevo toda la vida tomando notas. Nosotros, GEFREMA, cuando vamos a hacer una ruta, como, por ejemplo, del Jarama, te encuentras chatarra, metralla, una bala… Igual pasa en los derribos de Hortaleza. Te encuentras de lo más variopinto: la mosquitera de una puerta, huesos de perro, un mocho, un teléfono… También en el barrio he encontrado materiales de la Guerra Civil. Yo me he encontrado eso que viene ahí en el libro.

¿Hablas de tus hallazgos?

No hablo de referencias, son rutas donde hablo de lo que he encontrado o investigado aquí. He hecho arqueología urbana, pero totalmente amateur. La arqueología que yo he hecho es mirar al suelo.

¿Y encuentras restos aún de la Guerra Civil?

En el Jarama te puedes encontrar en un mes un kilo de metralla y de balas. Aquí sabes que vas a encontrar una milésima parte, pero tiene un valor infinitamente más alto, aunque tienes que saber interpretarlo.

Aquí en Hortaleza, del 7 al 9 de marzo se disparó hasta artillería pesada. Al final de la guerra, con el golpe de Casado, en Hortaleza hubo muchos tiros.

"Al final de la guerra, con el golpe de Casado, en Hortaleza hubo muchos tiros"

¿Algo curioso que hayas encontrado?

En la finca de Los Almendros, que había sido cuartel, antes de encontrar los casquillos soviéticos, encontré una máquina de afeitar eléctrica de los años setenta.

Fundamental para conocer la historia.

Tienes que estudiar todas las décadas con el mismo respeto, pero reconciliación ya.

¿Es lo que encontramos en tu libro?

Hay un 80% de material inédito, bien documentado, y, además, reseñado de dónde proceden las fuentes, lo que es propio, lo que se hace. Va a sorprender. Creo que es un libro que pone unos cimientos como para no ser superado en muchas décadas.

¿Los libros los pagas de tu bolsillo?

Esto casi me sale lo comido por lo servido. Es más barato que hacerse una autoedición.

¿Con qué asociaciones te relacionas más?

Con La Unión de Hortaleza y con El Nido. Ahí es donde hacemos las actividades porque es un local grande que está cerca del Metro. Siempre está lleno con gente.

¿Qué actividad tienes ahí?

Por ejemplo, este mes acabamos un ciclo de bossa nova con la proyección de actuaciones.

Ha debido ser impresionante.

Impresionante respecto a planteamiento, luego hay menos gente de la que debería. He hecho un ciclo lo más completo que he podido y he contado con la Casa Brasil, pero en parte no lo he sabido vender.

¿Qué otros proyectos tienes?

El año que viene, en primavera, haremos un ciclo de música y en otoño lo dedicamos a las precursoras del deporte femenino. Va a venir Mari Paz Corominas de Barcelona y Pilar Von Carsten de Madrid, las dos españolas que fueron olímpicas en México 68.

"El año que viene, en primavera, haremos un ciclo de música y en otoño lo dedicamos a las precursoras del deporte femenino"

¿Has pedido subvenciones?

Ninguna, ni las quiero. Van a venir y punto.

Todo eso es muy costoso.

Me da igual que me vale un duro o dos duros. Es que me siento muy bien. Como diciendo: «Ya me puedo morir, ya he hecho lo que quería hacer».

¿Quieres dejar tu huella?

Hombre, claro. Intentaremos hacer más publicidad, más promoción.

¿Qué contiene tu museo?

Pues libros, enciclopedias…, restos físicos, fotográficos, materiales, eclecticismo total. Hay mobiliario, una capa de principios de siglo, cascos militares… El 90% es de hallazgos de lo que tira la gente. Por ejemplo, ahora mismo, si vas ahí, hay un montón de sillas, estupendas. Vivimos en la sociedad del tira, coge, compra, tira, compra, tira…, sobra todo.

Pero ¿tienes espacio?

No tengo espacio suficiente, pero hago lo que puedo. Lo pongo en el techo, en la azotea, donde salga. Ahora está en reforma

¿Qué te dice tu pareja de todo esto?

Me apoya porque sabe que es como el oxígeno. Sin esto no podría respirar. Me apoya porque sabe que esto es algo absolutamente imperativo. Lo de investigar y lo de meter la nariz siempre me ha llamado.

Sueña en voz alta y dime qué te gustaría.

Que en todas las actividades que te he comentado estuviera lleno y se vendieran los 200 libros, no que los termine regalando, que pudiera hacer una tercera o cuarta edición.

¿Y si no está lleno?

Tampoco me preocupa. Si no me apasiona, si no me divierte, a lo mejor ha llegado la hora de hacer otras cosas. De momento, vamos bien, vamos muy bien.

José Ignacio Fernández

José Ignacio Fernández, frente al centro cultural Museo de Hortaleza ubicado junto al número 23 de la calle Santa Susana. JAVIER PORTILLO