Tanto la asociación vecinal La Unión de Hortaleza como el Sindicato de Barrio de Hortaleza comenzaron el viernes pasado a difundir en redes una convocatoria en Hortaleza para ir juntas a la manifestación del sábado 26 de septiembre organizada por el Sindicato de Inquilinas de Madrid con el lema “Ni una Maricarmen más”. El desahucio de Maricarmen, ejecutado el miércoles 24 de septiembre, ha sido la gota que ha colmado el vaso de un problema social, económico y político que ha impregnado nuestro cotidiano durante los últimos años.

No hay quedada con amigos en la que no se hable de que a una le han subido el alquiler; o de que otro ha tenido que mudarse fuera del barrio, incluso a otra ciudad, al no encontrar aquí nada que se ajustara a su salario; o, también, de que hace mucho tiempo que no vemos a la vecina del tercero; o del miedo e inseguridad a decirle al casero que arregle la ventana, pero a ver si se molesta justo cuando queda poco para renovar; o, las más afortunadas, valga la ironía, cuentan que han conseguido comprar un pequeño piso con el apoyo de sus padres y madres para la entrada, eso sí, hipotecándose casi hasta su jubilación. Hablamos de nuestras casas pasadas y presentes, de nuestras búsquedas en Idealista, de las relaciones con los caseros, de la manifestación, de mudanzas, de llegar a fin de mes, de burofaxes, etc. Y el triste desahucio de Maricarmen ha conseguido que todas estas conversaciones, preocupaciones y malestares desborden el círculo íntimo de un grupo de amigas para inundar las calles y plazas de las principales ciudades de este país.

Pero volvamos al sábado. La manifestación, a la que acudió un grupo de hortalinas, finalizó con la instalación de varias tiendas de campaña en la Puerta del Sol, sin embargo, lo que comenzó como una iniciativa del propio Sindicato de Inquilinas ha acabado desbordada por la suma de miles de personas de otros colectivos y sindicatos, pero, también, de vecinas y vecinos de esta región que, a título individual, han querido hacer suyas las demandas y discursos que inundan una plaza convertida, una vez más, en altavoz del Madrid popular, el de fuera de la M-30, el que no sale en las guías turísticas.

Desde el sábado, militantes del Sindicato de Barrio de Hortaleza han estado presentes en la Acampada de Sol junto al resto de asambleas de vivienda y sindicatos de barrio con los que llevan trabajando para poder plantar cara a este enemigo tan grande

Desde el sábado, militantes del Sindicato de Barrio de Hortaleza, la pequeña red del distrito que, abrazando el apoyo mutuo como eje central en su práctica, ha conseguido construir un espacio para defendernos de los abusos de rentistas, especuladores, jefes y administraciones, han estado presentes, de una forma u otra, en la Acampada, junto al resto de asambleas de vivienda y sindicatos de barrio con los que llevan trabajando de forma coordinada desde hace tiempo para, siendo más y más unidas, poder plantar cara a este enemigo tan grande, con tantos sujetos protagónicos que han convertido la vivienda en un negocio a costa de nuestras vidas. Todo este proceso de coordinación se está materializando en la creación de un espacio unitario que, en la propia Acampada, gracias a todas las horas de compartir, debatir y encontrarse, ha salido reforzado y, seguramente, sea una herramienta de lucha muy útil en el futuro más próximo.

La Acampada hay que conocerla, hay que vivirla en plena ebullición, con sus diferentes espacios, sus debates multitudinarios, con las conversaciones casuales, con el escuchar a otras tantas personas en lucha en sus puestos de trabajo, como los bomberos, las profes o las trabajadoras del hogar, en sus comunidades de vecinos, como las que se enfrentan a fondos buitre, o a la EMVS o a la AVS. La Acampada rompe la dinámica de atomización imperante en la metrópolis madrileña y crea un espacio de confluencia sinérgica, una comunidad de lucha que se refuerza con la propia autopercepción colectiva de la existencia de esta comunidad.

Y, pese a lo que digan tertulianos y profesionales del odio en redes, la Acampada son miles de madrileñas, las que están allí y las que por sus circunstancias personales no pueden quedarse a dormir o pasar tantas horas como quisieran, pero traen una bolsa con alimentos y medicamentos, dan ánimos y bonitas palabras, difunden, generando una solidaridad que parte de la lucha colectiva, un apoyo mutuo imprescindible para mantener este pulso. Por otro lado, el Gobierno no ha tenido más remedio que mover ficha, la presión de la calle le ha obligado a elaborar un paquete de reformas normativas que podía y debía haber hecho con anterioridad, en algún momento de estas dos legislaturas, pero, aún así, el sentir colectivo en la Acampada es unánime, el paquete de reformas, materializado en dos decretos, es insuficiente, porque la mayoría de medidas son de carácter temporal y porque no confrontan con los cimientos de este sistema creado para la mercantilización de un bien tan necesario como es el de la vivienda. La situación ha llegado a tal punto que medidas superficiales van a ser imperceptibles para la mayoría, como ya lo es la última Ley de Vivienda elaborada por este mismo Gobierno.

Así que la lucha continuará, ya sea en la Acampada, en los barrios, en forma de huelga, con otro tipo de movilizaciones, etc., es decir, como sea y donde sea, según marquen las asambleas, porque, si con una semana de lucha hemos conseguido llegar hasta aquí, qué no podremos lograr durante todo este otoño.

Os animamos a buscarnos en redes o escribirnos al mail sindicatodelbarriodehortaleza@gmail.com, a pasaros a una asamblea del Sindicato de Barrio de Hortaleza, a construir desde abajo, en nuestro entorno, un espacio de solidaridad de clase y de lucha, para, con el resto de sujetos de otros barrios y pueblos, garantizar el acceso de todas las personas a una vivienda digna.