Había decidido no ver más informativos de televisión. Basta de cadáveres de niños y basta de recién nacidos prematuros fuera de su incubadora. Oír y no ver, porque “ojos que no ven…”, pero las redes me lo hacían imposible.

Fue entonces cuando, a través de Roberto, conocí a Saida Ghodaieh, una vecina de Sanchinarro que es española y palestina. Tenía sentido entrevistarla en este número del periódico para escuchar a alguien cuya identidad se fraguó aquí y en Cisjordania.

Para ello, habíamos quedamos en el centro cultural de su barrio. Dani Mills le haría la foto. Había anochecido y el muro exterior del edificio me recordó el “muro del apartheid” en Palestina. Yo trataría de preguntar sin hacer daño, pero la viveza de sus ojos se fue tornando emoción contenida de dolor cuando nos separamos.

Antes de comenzar la entrevista, Saida resumía diligente sus datos familiares, académicos y laborales. Quería hablar ya de Palestina y mostraba una serenidad contenida, aunque el día anterior habían disparado a su familia.

Esta hortalina nació en el 78 de madre española y padre palestino, estudió en Madrid “de toda la vida”, está casada con un palestino, es madre de tres niños (“a los que llevo todos los años a Palestina desde que han nacido para que conozcan sus raíces y de dónde vienen”), es farmacéutica y participa en el movimiento de mujeres palestinas Alkarama, una asociación feminista, laica y anticolonialista cuyo objetivo principal es generar un espacio de comunicación de las mujeres palestinas en la diáspora que viven en España.

PREGUNTA: ¿Y tú has nacido en Palestina?

RESPUESTA: No, yo tenía 11 años cuando mi padre me miró y dijo: “Mis hijos no saben hablar árabe, no conocen mis raíces y no conocen Palestina”. Y decidió enviarnos a mi hermano de ocho años y a mí a Palestina como si fuera un campamento de verano.

¿Fuisteis con vuestro padre?

No, el tenía prohibida la entrada a Palestina. Salió con las primeras guerras y, hasta que no obtuvo la nacionalidad española, no pudo volver. Tardo como 30 años para ver a su hermano.

¿Y quién os llevó?

Fuimos a Tel Aviv con una azafata en un avión y la azafata nos entregó a unos palestinos que viven en Israel, que se llaman los árabes del 48, unos primos de mi padre. Ellos nos llevaron a Cisjordania, lo que se conoce como territorios ocupados.

Menuda impresión.

Era un pueblo lleno de niños, las casas abiertas, todo el mundo venía a vernos el primer día.

¿Cómo se llama el pueblo?

Zeita, pertenece a la ciudad de Tulkarem, que está en el norte de Cisjordania.

¿Cómo fue la experiencia?

El primer día, los niños nos hablaban en inglés y, al día siguiente, nos encontramos jugando con todos los niños, primos, gente de nuestra edad, y comenzamos a fluir…, hablar y hablar… Mi padre se quedó impresionado con lo que habíamos aprendido mi hermano y yo en un mes.

¿Volvisteis?

Entonces, empezamos a viajar todos los veranos, dos meses. Al principio, también en Semana Santa y en Navidad. Las vacaciones las pasaba allí, lo que agradezco un montón porque me ha permitido conocer las dos culturas bien y tener una mente más abierta para aceptar y no estigmatizar.

“Las vacaciones las pasaba allí, lo que me ha permitido conocer las dos culturas y tener una mente más abierta”

¿Has vivido allí momentos de violencia?

Crecí bajo ocupación en la primera intifada. Estaba acostumbrada a ver a los chicos, la resistencia, las milicias con sus mítines, las incursiones del ejército, las pedradas… A mí me tiraron la puerta abajo y me apuntaron cuatro metralletas…

¿Cuándo fue eso?

Con 14 años, en el 92.

¿Qué sentiste?

Pánico y, entonces, me salió mi lengua materna y me puse a decirles de todo en español. Levantaron las armas y justo llegó mi prima y dijo “Es mi prima y viene de España”. Entonces me dijeron en árabe “No temas, Barshilona”, y es que eran las Olimpiadas de Barcelona.

¿Los soldados israelíes?

Casi todos los que entran allí están formados para hablar un poco de árabe. Estoy muy familiarizada con lo que es la ocupación, lo que es convivir con bajar al aeropuerto, los interrogatorios… Allí da igual que seas niño o no seas niño, lo sufres igual.

¿Había riesgo?

Sí, sí, había riesgo. No sé cómo mis padres tuvieron la valentía de que siguiéramos y siguiéramos yendo. Viví la primera intifada, viví la segunda intifada…, empecé a reivindicar, me casé allí… Éramos novios aquí, pero nos casamos allí.

¿Qué religión tenéis?

Somos agnósticos. Mi familia paterna es sunní. En Palestina, hay musulmanes, hay cristianos, hay ateos, hay agnósticos… es una sociedad muy plural. Es cierto que hay una mayoría musulmana a la que yo adoro, conozco y respeto.

¿Tenemos muchos prejuicios?

Para algunos, todo lo que suena a musulmán les parece de terroristas, que son gente mala, que son mujeres oprimidas y esto no es así. Por eso agradezco haber ido tanto para haberlo conocido. Al final, todos somos humanos, todos las mismas emociones, los mismos sentimientos y nos mueven las mismas cosas.

“En Palestina, hay musulmanes, hay cristianos, hay ateos, hay agnósticos... es una sociedad muy plural”

¿Dónde estudiaste?

Estudié en el colegio Fuentelarreyna y en la Complutense.

¿Qué te decían tus compañeros?

Más allá del tema de la ocupación, cuando éramos adolescentes, al principio me hacían las típicas preguntas absurdas de “¿Y tienes que llevar velo?”. “Pues, no. De mis primas, unas van con velo y otras no”. Bueno, cuando les contaba las cosas que me pasaban, porque en esas épocas nos escribíamos cartas, me decían “Mira lo que está pasando y cómo vas allí…”. Cuando estás allí o eres más niña y no ves el peligro, te gusta, te sientes identificada y lo consideras, no sé, si es una obligación o es una forma de resistencia. Estoy aquí porque quiero estar aquí.

¿Esa posición la heredas de tu padre?

Sí, de mi padre, pero sobre todo de mi abuelo paterno. Yo era la única de sus nietas que vivía en el extranjero. Entonces, para él era muy importante que yo no perdiera mis raíces ni mi identidad.

¿Te consideraban palestina?

Al haber habido un desplazamiento masivo, allí se dice que los hijos de palestinos son palestinos allá dónde vivan. Allí nadie te dice tú no eres de aquí, todo lo contrario: te abrazan para que te sientas de ellos. Mi abuelo se sentaba y me sentaba encima de él. Siempre me traía los caramelos que más me gustaban, los dulces que más me gustaban. Era la consentida y, además, algunas de mis primas tenían hasta celos (risas).

¿Qué te decía tu abuelo?

Se sentaba y me decía: “Ves esas tierras, todas eran nuestras”.

¿Era agricultor?

Sí, allí la mayoría de las personas se dedican a la agricultura, a los naranjos, a los limoneros, a los tomates… Bueno, también, en años no tan buenos, era sastre. Se dedicaba a confeccionar.

¿Vivió el 48?

Sí, claro, y mis tías. Mi padre, no. Mi padre vivió el 67, pero, ¡claro!, sufrió el 48, los desplazamientos, las masacres…

“Allí se dice que los hijos de palestinos son palestinos allá dónde vivan. Te abrazan para que te sientas de ellos”

¿Has sentido conflicto entre tus señas de identidad españolas y palestinas?

Hubo, ahora ya no. Cuando pasas esa etapa de adolescente a adulto, muchas veces sientes que te tienes que identificar. ¿Soy española, soy palestina, qué soy? Es un proceso, no es fácil. Al final, te das cuenta que no tienes que elegir: soy palestina y soy española, pertenezco a los dos mundos. Puedes querer a España y puedes querer a Palestina, y adoro España porque soy española y adoro Palestina porque lo llevo en el corazón y en la sangre y tengo un deber moral hacia Palestina.

¿Cuáles son tus mejores recuerdos de Palestina?

Como estamos todos en distintos países, en verano nos juntamos los que venían de Jordania, algunos de Alemania, otros de Estados Unidos… Hacíamos fiestas con el darbuka, nos poníamos todos a bailar, venía mi abuelo para que no molestáramos a los vecinos, nos íbamos a recolectar todos juntos, veníamos empapados de todo… La cabra, recuerdo que íbamos a ordeñarla y se nos caía la leche y mi tía se ponía malísima: “Estáis tirando la leche, esto es sagrado” (risas). Es una infancia muy bonita, como la de cualquier niño, con sus sueños, con sus ganas de divertirse, vivir y ser feliz.

¿Y de pronto había una incursión de soldados?

Es una pena, pero, cuando eres pequeño, vives con eso interiorizado. Llega el ejército y empiezas a correr. El problema no es cuando eres niño, sino cuando eres adolescente porque ya te enfrentas, ya te rebelas contra una opresión. Si un adolescente se rebela contra sus padres o una norma establecida porque es un proceso natural, imagínate ante una ocupación.

¿Se actuó contra los niños?

Es brutal. Las cárceles israelíes están llenas de niños, de adolescentes, de mujeres… Recuerdo en la intifada de las piedras que les partían los brazos, las piernas con las propias piedras. Recuerdo represiones, todos en cárceles. Venían los chicos de las cárceles y venían tocados, torturados…

¿Cómo lo soporta la gente?

Hay gente que les tiene miedo, hay otra gente que tiene que resistir, que tiene que vivir. Es que no te queda otra: tú resistes para existir. Somos de allí. Sientes impotencia, sientes rabia. Son agentes externos que vienen a ocuparte y no te dejan vivir como quieres, no te dejan desplazarte como quieres, no puedes estudiar cuando quieres…

¿Por los muros y check point?

Ahora mismo, con lo muros que hay y los check point, los niños que han nacido hace doce o catorce años hacia acá no conocen el mar, que estaba a quince minutos.

¿Y ahora cuánto se tarda?

Tardo una hora y media porque tengo que dar una vuelta para llegar por las entradas que tienen controladas, en las que yo tengo el privilegio de poder salir porque tengo la nacionalidad extranjera, española, pero mi marido, no.

¿Por ser solo palestino?

Tiene la nacionalidad española, pero no se la reconocen por haber nacido en Palestina y no le dejan salir, con lo que no puede ir al mar. Discriminación, apartheid

“Las cárceles israelíes están llenas de niños, de adolescentes, de mujeres…”

¿Y la convivencia con los colonos?

En 1993 se firmaron los Acuerdos de Oslo para un estado palestino, toda una falacia. Iban a parar las colonias. Para que se entienda qué es una colonia, dentro de tu propio territorio, que no es suyo, forman miniciudades, algunas de ellas son superciudades con universidades, industrias…, absolutamente de todo. Eso implica que tienen carreteras solo para ellos por las que tú no puedes pasar, hay puntos de control por los que ellos tienen paso libre y tú tienes que estar esperando controles hasta que ellos quieran, check points. Los que viven ahí dentro son agresivos, actúan con impunidad y, aparte de con impunidad, protegidos por el ejército.

¿No viven de puertas adentro?

Ellos van a los pueblos, a las zonas de la recolección. Atacan, agreden, queman… y el ejército los protege. Es una sensación de indefensión, pero admiro la capacidad palestina para reponerse. Al final, los palestinos quieren vivir y seguir con sus vidas, pero no viven con rencor.

¿Ni con lo que está pasando ahora?

No sé qué pasará después de la agresión de ahora, porque esto no se olvida ni se perdona. Es una capacidad de querer vivir, de darle lo mejor a tus hijos…, como cualquier persona. Pero nos ha tocado vivir con una ocupación que es dura.

¿Qué les dicen a sus hijos?

La mejor lucha es formarnos. Lo dicen allí: “Nuestra mejor lucha es la formación”. La formación vale más que mil fusiles, que mil balas. Es algo que ha calado mucho allí. Te pueden quitar tu casa, te pueden quitar tu tierra, pero tu título y tu formación y tus conocimientos no te los puede quitar nadie. Eso es para ti.

¿Has estado en Gaza?

He viajado mucho por Cisjordania, pero a Gaza no he ido. Desde hace bastantes años, no hay una continuidad territorial en el estado de Palestina. Gaza y Cisjordania no están unidas. De hecho, Cisjordania no tiene continuidad territorial y eso es para que sea inviable la creación de un futuro estado palestino.

¿Qué te pregunta ahora la gente?

Te comento, los profesores no han hablado conmigo para explicar la situación, cosa que me sorprende. Mis hijos van al instituto público Manuel Fraga Iribarne y cuando hubo la invasión de Ucrania, hubo una movilización brutal y estupenda para la acogida y ayuda a los refugiados, qué hay que hacer y aportar. Me enviaron un email y les contesté pidiendo que, cuando estas cosas pasen con Siria o Palestina, que, por favor, actuasen de la misma manera, que no hay refugiados de primera y segunda clase, que enseñen a los niños valores. Yo lo envié, pero no me contestaron. De los amigos, muchas preguntas. Al final, ven lo que ven en la tele y en los medios de comunicación. Quienes estamos metidos en el tema sabemos que están manipulados, financiados por los que lo financian y, al final, la noticia está comprada, no ahora, toda la vida ha estado comprada y cada vez más.

¿Qué podéis hacer?

Lo que podemos hacer es esto: dar a conocer y hablar de que llevamos más de cien años ocupados y que somos un pueblo con derecho a luchar de la manera que elijamos luchar.

¡Ojalá no llegue a cien años!

¡Ojalá, ojalá! Cien años si partimos de 1948, pero realmente el proceso fue anterior y ya luchamos contra la emigración masiva de la colonia británica que teníamos en ese momento. La gente piensa que esto empieza tras la Segunda Guerra Mundial con el holocausto… ¡Que no, que no…, que están muy confundidos! Esto viene de mucho antes. En Palestina tuvimos un doble colonialismo, el británico y el sionista a la vez, mientras que la colonia británica les permitía el paso.

¿Por el dinero?

¡Hombre, claro! Eso es lo que mueve el mundo. Si no tuvieran dinero, no se estarían cometiendo las barbaries que se están cometiendo ahora mismo.

“La mejor lucha es formarnos. La formación vale más que mil fusiles, que mil balas”

¿Te llegan noticias que no recojan los medios?

Claro que llegan muchas más noticias de las cosas que están pasando ahí dentro. Aquí, después de la invasión de Gaza, no me gusta llamarlo guerra porque una guerra es entre iguales, esto es una agresión directamente contra una población civil. Empezaron con las fake news de bebés decapitados, de mujeres violadas… Todo para desprestigiar que están resistiendo. Aquí faltan muchas imágenes que sensibilizarían más a la población de fuera que no se están viendo; la gente está bebiendo agua contaminada; no vemos bebés debajo de escombros, se limpia y no interesa. A mínimo que se pasen fotos de esas, Facebook e Instagram, te lo capan y te lo cierran.

¿Qué se puede hacer?

Todo el mundo es responsable de saber lo que pasa porque nunca antes se ha tenido tanta información a nuestro alcance y hemos querido ver menos. Como personas, tenemos que ser responsables de los actos humanos. Lo que está pasando ahora son crímenes contra la humanidad, es una ocupación, un genocidio, un apartheid, es quitar territorios, son más desplazamientos… Cuando se permiten estas cosas, hoy nos toca a nosotros, pero mañana no se sabe a quién le va a tocar y la vida da muchas vueltas. Cuando se permiten estas cosas, hay una legislación internacional. Estamos todo el mundo obligados a cumplirla. Y cuando hay estados que se saben inmunes y saben que no van a responder, pasan estas cosas y, cuando pasen unos años pasarán en otros lados y nos echaremos las manos a la cabeza. Como humanos somos responsables de tomar medidas y no ser cómplices; y somos responsables también de informarnos y saber lo que está pasando con medios alternativos.

¿Cómo está respondiendo la gente en España?

Siempre hay gente dispuesta a apoyar y ser solidaria con determinadas causas, pero esto no es suficiente. Claro que necesitamos el clamor civil, el clamor popular. Creo que, en España, la mayoría de la gente es pro palestina, conociendo la causa. Pero ahora se está politizando. Lo que es la derecha española se ha hecho eco del derecho de Israel a defenderse, cuando realmente quien ha perseguido y ha estado en contra de lo que los propios judíos llaman victimización del holocausto fue la propia derecha. Es como que se está intercambiando la simetría de los poderes, pero es por una cuestión de dinero.

¿De ahí la medalla otorgada por Madrid a Israel?

Es vergonzoso, pero no creo que represente a la mayoría de los españoles. Bueno, a mí no me representa.

¿Se puede ser pro israelí y pro palestino?

Dadas las circunstancias, ser pro israelí es ser pro sionista porque el estado de Israel es el proyecto sionista. Por eso, la creación del estado de Israel sobre un estado palestino donde había una población autóctona es una usurpación de tierra y un desplazamiento forzoso de las personas que vivían allí. Es muy complicado ser pro israelí y no ser pro sionista.

Hay israelíes en contra del trato dado a los palestinos.

Los israelíes que están a favor de que haya una paz y a favor de que no se dañe a los palestinos están dando cada vez más poder y peso a los ultraortodoxos dentro del poder legislativo y ejecutivo. La izquierda israelí, que se supone más pro derechos humanos, se está quedando en nada.

Hay quien os acusa de antisemitas.

¡Perdona, yo soy semita! Cuando se está diciendo algo en contra de Israel se dice antisemita, para nada es así. Primero, yo soy semita, y, segundo, yo soy anti sionista; pero no soy anti judíos. ¡Bienvenidos todos los judíos!

¿Entiende la gente esos términos?

La gente no entiende esos términos porque se juega con ellos. Hay manipulación de esos términos en la tele.

“Como personas, tenemos que ser responsables de los actos humanos. Lo que está pasando ahora son crímenes contra la humanidad”

¿Qué pretendía Hamás con su matanza?

Desde mi punto de vista, y esto es una opinión mía e individual, creo que los servicios secretos israelíes están muy por encima de no enterarse de que una incursión de estas características vaya a ocurrir dentro de su territorio. Lo dudo muchísimo. Conociéndolos como los conocemos, dudo que no supiesen de esta incursión o de que algo se estaba preparando.

¿Cómo te sientes con la entrevista?

Estoy aquí hablando y mantengo el tipo, pero es muy duro. Intento no tocar temas sensibles para poder continuar hablando, pero… Vengo afectada porque a una población civil se le nieguen los derechos de comida, agua, combustible, electricidad… Estás viendo como se están bombardeando hospitales, ambulancias con enfermos, las escuelas de la ONU, donde van los civiles a refugiarse… Pero lo peor no es eso, también está la gente que se queda debajo de los escombros y no puede ser atendida. Madres que saben que su hijos están debajo de los escombros y que van a estar cinco días muriéndose y que tú no puedes hacer nada… Es la mayor deshumanización, la mayor barbarie a la que se haya sometido la población civil. Es inaceptable que bebés se estén muriendo porque no se les pueda enchufar a una incubadora, porque hay un bloqueo de combustible y se esté consintiendo desde la comunidad internacional y desde los medios occidentales, abanderados de los derechos humanos, y que bebés se estén muriendo porque no haya combustible y se esté operando a niños sin anestesia.

¿Puede haber alguna solución?

Ahora no hay solución. Ya hemos visto que la ONU no sirve para nada. No hay nada que hacer.

¿Te reúnes con palestinos en Madrid?

Claro, nos reunimos e intentamos que la desinformación que haya rebatirla. Hacemos lo que podemos dentro de lo maniatados que estamos y ves la impotencia de lo que no puede hacerse. Estamos presentes en manifestaciones que se organizan, intentamos apoyarnos. Un amigo al que la semana pasada mataron a sus dos primas y a su tío, pues esto, sentirnos acompañados. Estar ahora mismo hablando, transmitiendo todo lo que podamos, asistiendo a todas las manifestaciones, apoyamos el boicot cultural de desinversiones, sanciones económica y, bueno, tratar de presionar a nuestro gobiernos…

Con el boicot, el apartheid cayó en Sudáfrica.

Efectivamente. Argelia tuvo un millón de muertos hasta que se liberó. Es duro y es lo que está tocando vivir. Esto parece un asedio medieval.

¿Os sentís manipulados?

Palestina es la mayor causa que unirá en un momento al mundo árabe, no a los gobiernos que hay puestos ahora. Toda la nación árabe es de una solidaridad impresionante, toda la población civil, no los gobiernos.

¿Bomba iraní?

Hay dos cosas. El único que ha utilizado las bombas atómicas ha sido Estados Unidos, en Hiroshima y Nagasaki. De Israel se sospecha como de Irán.

¿Solo se sospecha?

No está confirmado por ellos. Es más, por eso el otro día, cuando uno de los ministros dijo que había que utilizar una bomba atómica, se echaron todos las manos a la cabeza; pero, no, no esta confirmado, aunque todo el mundo lo sabe y sospecha que es una potencia nuclear. Pero, bueno, no he visto a Irán invadiendo ningún país del mundo, no he visto que haya lanzado bombas nucleares ni haya derrocado gobiernos. Por supuesto es una cultura del miedo a lo desconocido.

“Somos responsables también de informarnos y saber lo que está pasando con medios alternativos”

¿Cómo enfocas a tus hijos todo esto?

Tienen 17, 16 y 13 años. Ellos ven y lo han vivido y saben de la ocupación. Todos los que tenemos ascendencia palestina transmitimos la causa palestina. Intentamos que conozcan bien el conflicto. Como madre, intento que sepan canalizar bien las emociones, que es lo que más me preocupa. Que esa rabia la canalicen en fuerza, en oportunidad, en fórmate; no en odio porque el odio va en contra tuya, te paraliza a ti.

¿Olvidaba preguntarte por escuela palestina?

La creé con Fátima, una amiga palestina. Hace diez años vimos la necesidad de crear una escuela palestina laica donde los niños pudieran tener un punto de encuentro común, que se sintieran iguales, que entiendan que se puede ser de los dos sitios, para transmitir el idioma, para que conozcan nuestras historia, nuestra cultura. No solo es para palestinos, hay chicos sirios, libios y de otras nacionalidades, aunque hay una mayoría palestina. Ya van 60 alumnos que van los domingos de diez a una.

¿Dónde estáis?

Nos vamos moviendo donde nos ceden instalaciones. Vamos solicitando. El cole pertenece a la Asociación Hispano Palestina, que es una asociación española que está en el registro de las asociaciones.

¿Admitís menores españoles?

Con niños españoles, sería posible organizar jornadas de encuentro. Si hay niños españoles que quieran aprender árabe, también pueden acudir.

¿Qué te gustaría decirle a tus convecinos de Hortaleza?

Que se hicieran conscientes y responsables como seres humanos de lo que está viviendo un pueblo agredido. No les voy a pedir que se pongan de un lado o del otro sin conocimiento. Que conozcan y se informen y, una vez que conozcan el conflicto, que apoyen, que presionen donde puedan que transmitan, que no digan “qué pena lo que está pasando” porque no nos gusta dar pena, sino que digan “os apoyamos”. Eso es lo que más fuerza nos da.

¿Y al Gobierno español?

Que fuera valiente y que defienda los derechos humanos, pero no está en sus manos. No puedo pedirle algo que no pueden hacer, pero, por lo menos que denuncie, que no sea cómplice. Como palestinos, le estamos pidiendo a los gobiernos internacionales, a los gobiernos occidentales, fin de la ocupación y cumplimiento de la legislación internacional. Pero no confío mucho.

Gracias, Saida, seguiré informándome y olvidaré la táctica del avestruz.

Saida Ghodaieh

Saida Ghodaieh. DANIEL MILLS SALCEDO

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