Han pasado cuatro años desde las últimas elecciones municipales y autonómicas, tras las cuales, prácticamente el país entero quedó teñido de azul. Desde entonces, cada día hemos despertado con un nuevo caso de corrupción, promesas incumplidas, y robos sistemáticos de derechos. En definitiva, parece que no hemos hecho más que retroceder en el tiempo. Pero, precisamente, en estos últimos años cada vez más gente ha dejado de mirar hacia otro lado, y ha comenzado a involucrarse directamente para intentar cambiar lo que parece un destino fatal.

Es el caso de Daniel Mills Salcedo, un vecino de Hortaleza que a sus 25 años ha decidido dar el paso y presentarse como número dos por la candidatura de Izquierda Unida que concurrirá por primera vez en las elecciones de su pueblo, Burgohondo, en la provincia de Ávila. “Nunca mostré gran interés en la política, cosa de la que me arrepiento, y creo que la gente se equivoca si no se involucra en esto. Todos somos parte importante en las decisiones de cualquier Ayuntamiento, y debemos interesarnos por lo que ese Ayuntamiento haga y diga, pues cualquier decisión es importante para el día a día de cada vecino.”

El Partido Popular lleva gobernando en Burgohondo desde la desaparición de la CDS en 1995, elevando la deuda del pueblo, que con 1.300 habitantes asciende a más de un millón de euros, y una alarmante tasa de paro del 40%. “Se han privatizado servicios públicos sin el consentimiento de los vecinos, y el recibo del agua ha aumentado de forma considerable, ya que la potabilizadora es competencia privada en estos momentos, y así será durante 25 años más.” Sin duda, todo ello no favorece el mantenimiento de los servicios públicos más básicos, como el ambulatorio o el colegio del pueblo.

No obstante, Daniel recuerda que “no todo lo que se ha hecho está mal”, y añade “muchos concejales han luchado por proyectos de interés común para los vecinos, y de buena tinta sé que muchos de ellos se han dejado el alma por Burgohondo.”

Política a pie de calle

En las grandes poblaciones, es normal que muchos ciudadanos desconozcan quiénes son los responsables del desarrollo de su ciudad. Pero no así en los pueblos más pequeños, donde sus habitantes suelen conocerse mucho mejor, algo que puede resultar muy enriquecedor para llevar a cabo una nueva política.

Muchos vecinos están más que descontentos por la situación actual del pueblo y, como él mismo detecta, no encuentran una solución a corto plazo para sus problemas. “Somos gente de hablar y quejarnos en los bares, pero a la hora de mostrar ese enfado en las urnas nos achicamos”. Sin embargo, esa indignación colectiva es la que le da a Daniel más motivos para seguir adelante con su proyecto: “Creo que Burgohondo ha madurado durante estos años de caciquismo popular y quiere un nuevo cambio. Y creo que todas y todos merecemos eso cambio.”

Por eso mismo, su candidatura pretende llevar a cabo nuevas medidas para revitalizar el pueblo y acabar con los años más opacos de su historia. “Lo más importante en estos momentos sería realizar un plan de desarrollo local para dar empleo a nuestros vecinos en situación de desempleo, y así no obligares a marcharse de nuestro pueblo. Así como fomentar el que más familias tengan posibilidad de venir a vivir aquí.” Sin olvidar el impulso del turismo nacional e internacional: “Contamos con numerosos reclamos como nuestra naturaleza, en plena sierra de Gredos y rivera del Alberche, o nuestra gastronomía, donde el lugar más importante le corresponde a nuestro Melocotón, conocido en el norte y sur de España”.

Siempre llevaré a Hortaleza en mi corazón”

Burgohondo le enamoró por sus campos y tranquilidad, y él mismo se declara: “sinceramente, no soy un chico de ciudad”. Pero una parte de él siempre permanecerá en el barrio en el que crecieron sus padres y también él, y donde sigue manteniendo amistades y familia.

Su deseo es seguir desarrollándose en su pueblo y trabajar para hacer de él un lugar mejor, y aunque entre sus planes no entra volver a la urbe, “como diría mi abuela nunca digas nunca. Quién sabe lo que deparara la vida, damos tantas vueltas. Eso es lo bonito de vivir: no cerrarse a nada y VIVIR”.

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