¿Por qué trajimos a los Barricada al barrio de Hortaleza para grabar el videoclip de ‘El trompo’? Porque quisimos y pudimos, esa es la verdad.

Barricada estaban presentando su disco Bésame y era el año 2002. En aquellos años la banda Marea (que, como los Barricada, son de Iruña) nos había encargado un par de vídeos para adornar las preciosas canciones del disco Besos de perro. Imagino que los resultados con este grupo llevaron a la compañía discográfica a confiar en nosotros y en los meses de aquel año nos llegó este encargo, el de hacerle el vídeo a los Barricada.

Henchidos de la ilusión y el orgullo que supone trabajar con una banda de rock and roll mítica, nos pusimos con el guion. Con esa idea en una mano y con el presupuesto en la otra llegamos a la conclusión de que sería una pasada alquilar un camión, un camara-car, rentar también un backline y montar a los Barricada encima y pasearlos por el barrio interpretando una y otra vez el playback del tema a realizar que se nos había encargado. Nos partíamos de la risa pensando la escena, que, por otro lado, para nosotros tenía unas connotaciones épicas. Fue una idea cojonuda.

Esa canción la cantaba Boni, es una letra de Kutxi Romero con un precioso riff de rock duro sustentado por la abundante sapiencia de los Barricada y su apabullante contundencia. La especialidad del Boni que, para estas, ya llevaba con la banda dos décadas, desde que se juntase con El Drogas para dar forma a ese proyecto. Y aquí quería llegar yo.

"Boni llevaba el barrio untado por todo el cuerpo, una persona modesta y observadora, un tipo bien parecido y con cara curtida, lo que le daba un halo peligroso a la vez que enternecedor"

Barricada entraron en mis oídos hace muchos años, pero muchos. Eran tiempos de casete, ese antiguo soporte (que hoy se trata de recuperar, no sé si por romanticismo o qué) que te permitía reutilizar esa cinta casi infinitas veces, eran tiempos de descubrir, pero también de mostrar, y en esas llegaron Barricada a mí. Fue ‘La silla eléctrica’ pero sobre todo ‘Okupación’ y ‘No hay tregua’. En esa misma casete sonaban La Polla, Kortatu y grupos broncos de aquel entonces, casi todos del norte, pero esas dos canciones me volvían loco, eran una patada a todo lo que yo había escuchado hasta entonces, pero es que además poseían una elegancia inusitada que para mí marcaba la diferencia con lo que había en esa escena de rock contestatario.

Desde ese momento supe que, en Pamplona, además de los Sanfermines, había un grupo de rock que poseía la luz de la originalidad, no copiaban a nada ni a nadie. No te digo nada cuando vi una foto de los cuatro: tan macarras, tan bien puestos, vestidos para matar, vaya.

Los vi en directo un puñado de veces, escuché todos sus discos y con alguno me tocó entrevistarlos, y ahí es donde los traté por primera vez en persona. Boni me llegó por ser un tipo de pocas palabras, pero muy expresivo, de esos que, si con una mueca podía explicarte algo, lo hacía. Llevaba el barrio untado por todo el cuerpo, podía sentirse nada más verle, una persona modesta y observadora, un tipo bien parecido y con una cara curtida, lo que le daba un halo peligroso a la vez que enternecedor. Era fácil crear complicidad con Boni, al menos, en lo poco que le traté, esa fue mi experiencia.

Todo esto culminó esa vez que les trajimos al barrio de Hortaleza para grabar el video clip de ‘El trompo’. La jornada era larga, como lo son todas las jornadas de rodaje. La producción también lo fue. Logramos permiso para grabar en una calle de Manoteras, la que desembocaba en el antiguo cine, pero la verdad es que llegamos a pasear a los Barricada desde el túnel de Costa Rica hasta Las Cárcavas, arriesgándonos a un multazo. Ese día compadreamos con ellos muchas horas, ahí me pude fijar aún más en el Boni, en su figura como cantante y guitarrista, en su papel (que no ejercía) de rock star.

"Logramos permiso para grabar en una calle de Manoteras, pero llegamos a pasear a los Barricada desde el túnel de Costa Rica hasta Las Cárcavas, arriesgándonos a un multazo"

Luego vino todo aquel asunto de la separación, un triste y agónico final, primero saliendo El Drogas de la banda, luego la despedida definitiva con Boni y Alfredo capitaneando solos la nave Barricada. Tras esto llegó el disco en solitario de Boni, el tercero que sacaba tras una discontinua discografía, Réquiem por el mundo, en 2018. Ese mismo año se hace público que tiene un cáncer de laringe que haría que el Boni enmudeciera para siempre, una especie de maldición que le hundió anímicamente y que propició el reencuentro con su colega de juventud, El Drogas, justamente en los camerinos del concierto de despedida de Rosendo en la capital navarra, todo ello mostrado en el documental que recientemente se ha estrenado sobre Enrique Villareal que lleva por título El Drogas.

Piel de gallina, sin duda, cuando a principios de enero se conocía la muerte del Boni, era la culminación de la C más maldita de todas. 58 años, padre de familia, un tipo de la calle que vivió su canción hasta el último momento, sin tonterías, sin abandonar el timón.

Vayan estas líneas por él, y por supuesto, los aplausos de toda Hortaleza al Boni y los Barricada. En el barrio dejaron huella desde que en el año 1986 actuasen en el auditorio del barrio por primera vez, reclamados para las fiestas por una juventud que la lió parda en aquel concierto. También con aquella actuación del 2003, ya en el auditorio que hoy conocemos, donde actuaron como grupo invitado para celebrar la final del certamen de rock en el barrio, y con ese paseo que Los Kikes les dimos por las benditas calles de este santo barrio mientras el equipo de sonido escupía a todo trapo, para alarma de los vecinos y disfrute de los colegas a los que habíamos pedido el favor de hacer de viandantes: “Que el que se inventa es el que cuenta cuando acaba todo. El que cuando hay lodo saca el codo y no quiere naufragar. Que el mundo es poca habitación para aquel que gira. Y el suelo poco colchón”.

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