Desde hace un tiempo hemos ido viendo cómo se reducían las labores de mantenimiento del barrio de Palomas (lo que comúnmente llamamos “La Piovera”, aún a riesgo de confusión con la zona de Conde de Orgaz), lo que como es natural ha ido deviniendo en un deterioro progresivo de las aceras, arbolado, alcantarillado y asfaltado de las calles, hasta llegar al desastroso punto en que se encuentran hoy.

Actualmente, en prácticamente cualquier calle del barrio encontramos hoyos en las aceras, baldosines rotos o levantados, tapas de alcantarilla rotas o parcialmente abiertas, tramos de acera virtualmente en escombros. También tenemos árboles enfermos, próximos candidatos a ser talados (pues parece que es la única solución que se le da a día de hoy a cualquier problema en el arbolado), alcorques vacíos, calles enteras en las que ya apenas quedan árboles más allá de los de los propios jardines de las viviendas.

Entendemos que en tiempos complicados, la estética pasa a un segundo plano. Pero la seguridad para los ciudadanos debería ser siempre de máxima prioridad. El estado de conservación actual de las calles significa que hay peligros por doquier (sin ir más lejos, en mi familia ya lo hemos sufrido en primera persona: mi padre se cayó en un alcorque vacío, mi tía cayó de bruces tras un traspiés con un badén en la acera, y cada vez que salgo de casa tengo que insistir a mi hijo “no te acerques a la alcantarilla rota, cuidado con los baldosines levantados, no te acerques a ese árbol”). Solucionar los problemas que suponen un riesgo para los vecinos del barrio debería ser algo prioritario y urgente, antes de que todos estos incidentes se traduzcan en un accidente de consecuencias peores.

En segundo lugar -y aunque parezca superfluo- vemos cómo el arbolado, uno de los tesoros de las calles de nuestro barrio, se va deteriorando y desapareciendo. Nadie duda de la importancia de los árboles en una ciudad, que proporcionan oxígeno, sombra y frescura (algo necesario en una urbe tan grande como la nuestra), y el arbolado de Madrid es comentado siempre que se habla del urbanismo de la capital.

Sin embargo, nada estamos haciendo para mantener los árboles del barrio (a pesar de que hemos reportado árboles enfermos que hemos visto por las calles, y que podrían cuidarse antes de que la situación fuera irreversible). En los casos en los que han sido talados, vemos que no se hace nada por reponerlos, lo que lleva a la progresiva “desarbolización” del barrio. Un árbol de cincuenta años es un tesoro irreemplazable, pero ante la imposibilidad de mantenerlo, qué menos que plantar otro que a la larga pueda dar el inestimable servicio que estaba dando el anterior.

Y por último, aunque no menos importante, tenemos que tener en cuenta la visibilidad de nuestro barrio. Próximo al aeropuerto y a la Feria de Madrid, con varios hoteles y una estación de metro cercana, es el escaparate para muchos visitantes de fuera, que tienen que sortear todo tipo de obstáculos en su camino del hotel al metro. Pensemos en la imagen lamentable que estamos dando de nuestra ciudad.

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