Bill Wilson y Bob Smith se reunieron por primera vez para hablar de sus problemas con el alcohol en Akron (Ohio) en 1935. A raíz de ese encuentro, surgió Alcohólicos Anónimos (AA) con el objetivo de ayudar a sus miembros a recuperarse de esta enfermedad.

Se trata de una red de apoyo mutuo, donde no hay profesionales ni dinero. No se hace seguimiento a sus miembros ni hay ningún tipo de registro. El anonimato de sus asistentes es uno de sus preceptos fundamentales. Es gratuito y se autofinancian gracias a las contribuciones voluntarias de sus miembros, así mantienen su independencia respecto a otras instituciones.

Las reuniones suelen durar una hora y media. Tras la lectura de una serie de conceptos –todos sugeridos, ninguno obligado– que tratan de asegurar el buen funcionamiento del grupo, el moderador –miembro de AA– da paso a los asistentes, que comparten libremente durante unos minutos sus experiencias. Parte del éxito de AA se explica mediante este sencillo a la par que efectivo principio: nadie puede entender a un alcohólico mejor que otro alcohólico.

EL DISTRITO ERA UNA ZONA BLANCA

¿Por qué se ha tardado tanto en abrir un grupo en Hortaleza? Ana –una de las vecinas detrás de la iniciativa– recuerda que algunos vecinos y miembros de Alcohólicos Anónimos se desplazaban hasta Santiago Bernabéu para asistir a una reunión. A la hora de volver al barrio, se organizaban para ir en coche y, a raíz de las conversaciones surgidas en esos trayectos, empezó a germinar la idea de llevar AA al distrito. Por otro lado, la pandemia y la dificultad para moverse por la ciudad hicieron que “la necesidad de que AA llegara a Hortaleza fuera cada vez más acuciante”.

Al ser una organización autogestionada por sus propios asistentes, solo cuando este grupo de vecinos y miembros de AA ha tomado la determinación de crearla, se ha podido abrir una reunión en Hortaleza, que ha dejado de ser así lo que se considera una zona blanca.

FALTA DE ESPACIO EN HORTALEZA

Encontrar un lugar donde llevar a cabo la reunión no fue nada fácil. El alquiler de un local supone un precio prohibitivo, por lo que Alcohólicos Anónimos suele encontrar cobijo en salas cedidas por iglesias –previo pago de una cuota mensual–, ya que es más asequible. Según explica Ana, en ningún momento se pusieron en contacto con la Junta Municipal de Hortaleza, “ya que para AA conservar la independencia es fundamental”.

Finalmente, el párroco de la iglesia de San Martín de Porres (calle Abegondo, 28), Jorge –a quien agradecen su disposición– no dudó ni un segundo cuando le llegó la propuesta de ceder un local. El grupo UVA de Hortaleza se reúne dos veces por semana –lunes y jueves de 19.30 a 21.00 horas–, formado por hasta un máximo de diez personas y siempre respetando las medidas sanitarias: distancia de seguridad, gel hidroalcohólico y ventilación de la sala. Los miembros del grupo insisten en que se trata de un espacio seguro para recuperarse.

Los miembros del grupo insisten en que se trata de un espacio seguro para recuperarse

¿Qué maneras existen de ponerse en contacto con el grupo? Se puede asistir físicamente a una de sus reuniones o ponerse en contacto a través del teléfono 91 341 82 82. Además, en su página web el usuario dispone de un directorio actualizado en el que se pueden encontrar todas las reuniones de AA en Madrid. Por último, también se ofrece una línea de ayuda, anónima y gratuita (985 566 345), disponible las 24 horas del día.

La enfermedad del alcoholismo también afecta a los familiares de los alcohólicos, que muchas veces no saben cómo actuar para ayudar a sus seres queridos. Para ellos existen también grupos de doce pasos que proveen un programa de recuperación a los familiares de los alcohólicos.

“LO QUE NOS IDENTIFICA ES EL SUFRIMIENTO”

Frente al estigma que tacha al alcohólico de persona viciosa o falta de voluntad, Ana aclara que “el alcoholismo es una enfermedad” y afirma que “la persona no es culpable, pero sí responsable de su recuperación.” “Cuando un alcohólico comienza a beber no puede parar –prosigue Ana– eso es lo que diferencia a un bebedor social de un alcohólico. No es que no queramos parar, es que no podemos hacerlo. El que es alcohólico lo es para toda la vida”.

“Lo que nos identifica es el sufrimiento”, asegura Román, uno los fundadores del grupo UVA de Hortaleza: “Cuando llegamos aquí, algunos hemos perdido el trabajo, a nuestros hijos o a nuestra familia. Da igual. Lo que nos une es el deseo de dejar de beber y el sufrimiento que llevamos a cuestas. La persona que mejor te entiende es un alcohólico que ha pasado por lo mismo que tú”.

Pepe, que lleva toda una vida viviendo en el distrito y también promotor de que Alcohólicos Anónimos llegue por fin a Hortaleza, se encarga de recordar que todo el mundo es bienvenido: “En AA hay hombres, mujeres y jóvenes. No importa de dónde vengas, quién seas, tu posición social… Aquí somos todos iguales. El único requisito es el deseo de dejar de beber”.

“En AA hay hombres, mujeres y jóvenes. No importa de dónde vengas, quién seas, tu posición social... Aquí somos todos iguales”

Algunas de las herramientas que se utilizan en AA para dejar de beber son sencillas, pero no por ello fáciles de llevar a cabo. Una de las frases que más se repiten es la de “No a la primera”, y es que tal y como asegura Román: “Una vez que te tomas la primera copa, es muy difícil parar. El problema no es la decimotercera copa, sino la primera”.

Otra herramienta para ayudar al alcohólico que quiere dejar de beber es aquella de “Solo por 24 horas”. “Si a alguien le dices que no va a poder beber nunca más, lo ve muy difícil –explica Pepe–. En cambio, si solo te centras en no beber por 24 horas, poco a poco vas cumpliendo tiempo, pierdes la obsesión por beber y te va cambiando la vida”.

El grupo UVA de Hortaleza se reúne lunes y jueves en la iglesia de San Martín de Porres. SANDRA BLANCO

APRENDER A MANEJAR LAS EMOCIONES

Si bien Alcohólicos Anónimos es una organización en la que se ayuda al alcohólico a dejar de beber, resulta habitual que este haya desarrollado otras adicciones ya sea, entre otras muchas, a la comida, al juego o al sexo. Uno de los aspectos claves para entender el alcoholismo y otro tipo de adicciones es el factor emocional: “Ante cualquier problema o dificultad –asegura Pepe–, el alcohólico o adicto busca anestesiarse emocionalmente. Da igual que sea con alcohol o cualquier otra droga, la cuestión es encontrar algo que te saque emocionalmente del estado en el que estás”.

Una de las claves del éxito de AA es la libertad de la que disponen sus miembros. Nada es obligado y todo sugerido. Uno puede entrar, pero también irse cuando quiera. “Si a un alcohólico le dices lo que tiene que hacer –afirma Román–, te va a llevar la contraria. En cambio, aquí no se le obliga a nada. Tiene plena libertad, tanto para irse como para quedarse. Yo mismo he estado en centros de desintoxicación, psiquiátricos…, y lo que único que me ha funcionado es venir aquí”.

En AA no es tan importante el tiempo que uno lleva limpio –que también–, sino seguir viniendo. “Yo llevo 18 años limpia, y sigo viniendo. He perdido la obsesión por beber. Consumir alcohol no es una posibilidad para mí. Sin embargo, el estar en contacto con otros alcohólicos me hace fuerte frente a la recaída. Me ayuda el recordarme constantemente quién soy, de dónde vengo y tenderle la mano a otro alcohólico que sufre”, explica Ana.

“Yo llevo 18 años limpia, y sigo viniendo. He perdido la obsesión por beber. Sin embargo, el estar en contacto con otros alcohólicos me hace fuerte frente a la recaída”

Dejar de beber no es más que la primera fase en la recuperación del alcoholismo. A continuación, el alcohólico deberá aprender a manejar sus emociones y a construir una vida en la que el alcohol no tenga cabida. AA ofrece un programa de recuperación basado en la metodología de los doce pasos en el cual, a través de la aplicación de una serie de conceptos y el apoyo de un padrino –persona de referencia que trabaja el programa con otro alcohólico–, el miembro de AA examina sus emociones y es capaz de construir su vida en recuperación. “AA te ayuda a cambiar tu vida y aprender a vivir sin el alcohol. Una vez que conoces AA, las copas ya no te sientan igual”, sentencia Pepe.

La negación suele interponerse entre el alcohólico y su recuperación. El enfermo suele ser el último en enterarse de que tiene un problema, pese al deterioro que sufre su calidad de vida y el sufrimiento que genera a su entorno. Como afirma Ana, “muchos bebedores compulsivos se dicen a sí mismos que lo suyo no es tan grave porque siguen siendo funcionales”. No obstante, insiste en recordar que “el alcohólico, al final, terminará perdiéndolo todo”.

“Aquí pude dejar de beber y empezar a recuperar la confianza de mi familia y amigos. Si hubiese seguido bebiendo, lo habría perdido todo. No tendría la tranquilidad que tengo hoy en día. No me dejarían quedarme con mis nietos”, afirma Pepe. Por su parte, Román señala que es importante dejar un mensaje de esperanza: “Se puede dejar de beber y tener una vida plena y feliz sin beber alcohol. Ahora que he dejado de beber, lo material ha pasado a un segundo plano. No necesito grandes cosas para vivir”.

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