Son las doce de la noche de un martes no cualquiera. De seis puertas salen seis mujeres. En una de esas casas, permanece el bullicio de la gente y del partido de fútbol. La anfitriona se ha escabullido con cubo y cepillo en la mano. Alguien pregunta dónde está. Una sonrisa: “no, a Cibeles no ha ido”.

Antaño, las doce eran la hora en la que las cenicientas volvían a una realidad hostil. Un 7 de marzo de 2018, previo a la huelga feminista, las doce son la hora de transformar la realidad y de deconstruir clichés, viejos clichés cenicientos.

El punto de encuentro era La Soci de Manoteras y los cubos y los cepillos no eran para barrer el suelo sino para fijar nuevas conciencias. La noche es fría pero hay risas. Pocos pasan. La calle observa intrigada. Gracias a ellas, el barrio amanecerá con más luz. Carteles morados, amarillos y blancos. “Si nosotras paramos, para el mundo”. No es una hipérbole. El planeta sigue girando con cierto alivio.

Son casi las dos. Los seis despertadores se mantienen como si nada mágico hubiera ocurrido. Hay que madrugar y las seis mujeres vuelven a sus seis puertas con la sensación de que ha merecido la pena.

¿Cómo si no! Así es la lucha por la igualdad y la justicia. Sin ellas, no hay futuro.

Seis llaves se dan una tregua. Mañana 8 de marzo serán miles y miles, tal y como viene siendo. ¿Y que haya quien aún no quiera verlo…?

 

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