En una época en la que muchas galerías de alimentación se ven abocadas al cierre y sustituidas por supermercados o bazares, el Mercado Tradicional de Nápoles (calle Nápoles, 53) se reinventa organizando un rastrillo solidario con el que dar un espacio para que artesanos y pequeños comerciantes puedan poner un puesto en sus instalaciones durante una jornada con el objetivo de obtener beneficios para sufragar las reparaciones que necesita la galería y los costes de mantenimiento.
La iniciativa de llevar a cabo un rastrillo solidario tuvo su primera edición el pasado 15 de noviembre y reunió una oferta muy variada de puestos de artesanía, ropa, zapatos, libros, decoración, perfumería, joyería, juegos, pinturas, esculturas y un largo etcétera a lo largo de toda la mañana.
La segunda fue el pasado 13 de diciembre de 9.00 a 14.00 horas, pero la idea es que se celebre cada segundo sábado del mes a partir de enero, y para reservar una plaza solo hay que contactar escribiendo un correo a ornaklein@hotmail.com o llamar al teléfono 614 07 39 00, así como pagar una cuota de 20 euros. Además, el sábado 3 de enero se celebra una edición especial del mercadillo por Reyes de 10.00 a 14.00 horas.
En 2024 ya empezó a resurgir el mercado con la apertura de varios locales como la tienda de regalos Perla y Chocolate o la bodega Caña y Jamón de la charcutería La Veta, que se ha convertido en punto neurálgico de la calle Nápoles desde que cerraran sus tres bares (el Nápoles, Sheila y el Bali), pero en los últimos meses ha habido nuevas incorporaciones (como, por ejemplo, Rodríguez Torneros, el taller de ebanistería de Luis en la antigua pescadería, o el bar Vida Tropical, especializado en productos latinos y regentado por Maribel), algunas de ellas vienen con muchas ideas para sacar el mercado adelante. «Toda esto ha sido idea de Orna, que acaba de abrir una panadería en el local 26», comenta Ángel Luis González, el charcutero del barrio y dueño de la bodega.
Ángel se refiere a Orna Klein, de 52 años y origen tailandés, indio y alemán que ha recorrido medio mundo, pero desde hace más de una década es vecina de Hortaleza, pues se trasladó por el trabajo de su marido, que es francés, y sus hijas van al Liceo. «He tenido muchas vidas: la primera como directora de un restaurante en París, una escuela de ADE y luego dos de cocina, Ritz-Escoffier y Le Cordon Bleu», rememora Orna, a quien le gusta probar cosas nuevas, ya que después trabajó en marketing durante 14 años en una empresa grande de bolígrafos y, cuando llegó a España, decidió estudiar restauración de muebles y dar clases de pintura mientras aprendía el idioma.
«Ahora voy a una escuela de escultura», añade sonriente mientras recorre su nuevo establecimiento, El 26 Nápoles, que se inauguró después del verano. La tienda es mitad panadería, donde vende pan de masa madre y bollería que le surte El Horno de Babette y también da desayunos, aunque pronto va a empezar a ofrecer «platos del día para llevar», y mitad tienda de artesanía, en la que adquirir regalos y piezas únicas que ella misma ha restaurado: «Me encanta coger cosas viejas y darles una segunda vida, como este arcón que rescaté del bar Nápoles».
Fotos de Julia Manso













