Mientras miles de familias confían cada día en las escuelas infantiles, quienes sostenemos la educación de 0 a 3 años seguimos trabajando en condiciones cada vez más precarias. Por eso, el pasado 7 de abril comenzó una huelga indefinida en todo el sector de Educación Infantil de primer ciclo incluyendo: escuelas públicas gestionadas por distintas administraciones, centros de gestión indirecta y escuelas privadas.

Se trata de un hecho histórico, fruto del cansancio acumulado tras años de abandono institucional y de falta de reconocimiento hacia una etapa educativa fundamental para el desarrollo de niñas y niños.

Desde la escuela infantil La Almudena hemos decidido sumarnos a esta huelga y explicar algunas de las reivindicaciones que consideramos imprescindibles para garantizar una educación de calidad en la primera infancia.

La primera de ellas es la mejora urgente de las infraestructuras. En nuestro centro llevamos más de cuatro años esperando una solución para los problemas de la cubierta del tejado, que provocan humedades y moho. Pero no es un caso aislado. Muchas escuelas públicas de la Comunidad de Madrid cuentan con más de cuarenta años de antigüedad y arrastran graves deficiencias: tuberías obsoletas, instalaciones eléctricas precarias o ventanas sin aislamiento adecuado.

También reclamamos una reducción de las ratios actuales, que siguen siendo excesivas: hasta 20 criaturas de 2 a 3 años por aula, 14 de 1 a 2 años y ocho bebés menores de un año. Estas cifras duplican en muchos casos las recomendaciones europeas y dificultan una atención individualizada imprescindible en la primera infancia.

Las familias se concentran en apoyo de la huelga de educadoras y profesoras infantiles

Otro problema grave es la insuficiencia presupuestaria. El aumento constante de precios no se refleja en las partidas destinadas a las escuelas, de modo que gran parte de los recursos se destinan simplemente a cubrir gastos básicos como alimentación, luz, agua o gas. Cada año resulta más difícil mantener una alimentación de calidad y renovar materiales educativos necesarios.

Asimismo, exigimos que las trabajadoras de las escuelas infantiles seamos reconocidas como personal docente. No se trata de una cuestión simbólica, sino de un reconocimiento necesario para desarrollar adecuadamente nuestra labor pedagógica y participar en los espacios donde se toman decisiones educativas que después debemos aplicar.

A ello se suma la tardanza en cubrir bajas y sustituciones. En demasiadas ocasiones pasan semanas o incluso meses hasta la incorporación de una persona sustituta, lo que repercute directamente en la organización del centro y en la atención al alumnado.

Podríamos seguir enumerando problemas, pero la cuestión de fondo es clara: reclamamos una mirada hacia la primera infancia que reconozca a niñas y niños como sujetos de derecho, con derecho a una educación pública de calidad desde los primeros años de vida.

Queremos, además, mostrar nuestro apoyo a las compañeras que trabajan en centros de gestión indirecta y privados, muchas veces sometidas a condiciones salariales precarias, pese a la enorme responsabilidad y formación que exige su trabajo.

Somos educadoras infantiles. Sabemos de perseverancia, paciencia e insistencia. Por eso seguiremos defendiendo una educación infantil pública hasta que la Comunidad de Madrid escuche unas demandas que son también las de muchas familias.

Defender la educación infantil es defender el futuro.