El 12 de junio de 2017 fue un día muy especial para los hortalinos y hortalinas porque en el número 29 de la calle Princesa de Éboli (dentro del centro cultural de Sanchinarro) se inauguró uno de los puntos neurálgicos del distrito para cultivar el conocimiento: la biblioteca pública municipal María Lejárraga. Casi diez años de vida en los que se ha consolidado como uno de los centros bibliotecarios de referencia de la Red de Bibliotecas Públicas de la Comunidad de Madrid.
En palabras de Gabriela Sáez García, su directora, la biblioteca “es un poco atípica, reducida en cuanto a espacio, en comparación con el resto de la Red, y sin embargo, el volumen de movimientos la sitúan a la cabeza junto a la de Eugenio Trías”, y argumenta que el barrio “valora muy positivamente” un lugar “que no solo alberga libros, sino que da cabida a actividades, talleres… y promueve, en la medida de nuestras posibilidades y circunstancias, la pasión por la lectura y el conocimiento”.
De esta forma, la que también es denominada como biblioteca de Sanchinarro va más allá de libros, se constituye como un laboratorio de ideas, acompañamiento lector, solidaridad… Un espacio para compartir experiencias tanto las propias del ámbito bibliotecario como las de extensión cultural: fomento y animación a la lectura mediante clubes, cuentacuentos, actividades con colegios, presentaciones de libros, formación de usuarios, talleres de arte, música, ajedrez y manualidades.
La biblioteca María Lejárraga participa en un programa de cooperación internacional, compartiendo su conocimiento y experiencia con una biblioteca lituana
Además, la María Lejárraga, como la llama de forma cariñosa su equipo, está comprometida con la cooperación bibliotecaria, aportando y compartiendo su conocimiento y experiencia de manera recíproca, por ejemplo, con la biblioteca pública Povilas Višinskis de Lituania. No obstante, por su valor humano, el proyecto de cooperación más significativo de la biblioteca es el acuerdo de colaboración que suscribe el Ayuntamiento de Madrid con asociaciones como Aleph-Tea. En este caso, la entidad dedicada a las personas con trastorno del espectro del autismo, ayuda a crear un entorno accesible y seguro para el colectivo y al mismo tiempo sus miembros participan en un programa de prácticas laborales que culmina con la elaboración de un centro de interés en el que comparten sus propios “intereses restringidos”.
La biblioteca está en continuo desarrollo orientado a que los usuarios se sientan cómodos y puedan acceder al conocimiento. En este sentido, Sáez García cree que la biblioteca se valora como un espacio público de calidad. “Me gusta pensar que nosotros, personal de bibliotecas, contribuimos con nuestro granito de arena, haciendo que la biblioteca sea un lugar agradable al que acudir”.
No en vano, en sus propias palabras: “El equipo es maravilloso y destaca por su pasión por el trabajo”, y concluye, “creo que es muy positivo que, aunque el equipo cambia, el espíritu de compañerismo se mantiene”. Un gran equipo siempre dispuesto a ayudar compuesto por funcionarios de carrera, interinos, estudiantes universitarios y colectivos de personas con discapacidad en prácticas y profesionales contratados por la Agencia para el Empleo de Madrid, que dentro del Programa de Políticas Activas de Empleo aportan de manera temporal una oportunidad extraordinaria de crecimiento laboral.






