Hace unos meses pedí a mi médico de familia que me mandara al especialista, sentía dolor, molestias, no las suficientes como para presentarme en urgencias, pero necesitaba que alguien me viera lo antes posible. Tras expedirme el volante para el especialista y entrar en la aplicación de cita sanitaria, veo que no solo no hay nada disponible en meses en mi barrio, sino que me tengo que ir a Torrejón. ¿A Torrejón? Miro la fecha y, con estupor, compruebo que es para dentro de seis meses, así que la cancelo.
Al cabo de unos días recibo una llamada de citas sanitarias dándome otras opciones en hospitales cercanos, y me congratulo, pero ¡qué bien!, ¡qué atención tan estupenda!, me llaman y se preocupan por mi salud. ¡Qué infeliz soy! Resulta que la cita no es para dentro de seis meses como yo pensaba. La cita es para dentro de un año y seis meses.
Ante mi estupor, me cercioro de lo que me están diciendo. Es temprano por la mañana y es posible que no me esté enterando de nada. Sí, me confirma la funcionaria, dieciocho meses, uno-ocho. Pero, oiga, le digo, ¡que me está doliendo!, ¡que necesito que me vea alguien! Lo lamento, señora, es lo que hay, me responde. ¿Lo coge o lo deja?
“Cuando nos toca a nosotros, cuando somos nosotros los afectados, es cuando nos tomamos en serio aquello que no funciona”
En ese momento es cuando me enfado con la funcionaria, pobre, me digo, qué culpa tendrá ella de que a mí me vea el especialista dentro de dieciocho meses, uno-ocho. Le enumero, de corrido y sin equivocarme, todo lo que pago de impuestos, los años que llevo cotizando, le explico que no me da la real gana acudir a la sanidad privada que quiero que me atiendan en la pública, en mi hospital, en mi barrio. Finalmente cuelgo. Me indigno, ¡dieciocho meses y me tengo que ir a Torrejón!
Desde ese día, desde que me ha tocado a mí soportar este retraso en la atención especializada, veo las cosas de otra manera, porque cuando nos toca a nosotros, cuando somos nosotros los afectados, es cuando nos tomamos en serio aquello que no funciona. Debería ser al contrario, ¿no les parece? Cuando esto les sucede a los demás, debemos estar alerta, protestar, resolver, poner los medios para que las cosas cambien.
He tenido que irme a la sanidad privada, sí, porque necesitaba que un médico me viera, lo he hecho de muy mala gana, así que he decidido contarlo desde esta ventana que se asoma a mi barrio. La rabia se diluye a medida que tecleo estas palabras.




Tenía Vd. que haber acudido a Urgencias… es lamentable pero es así… es más a mi esposa se lo recomendó una funcionaria como la única vía para que fuera atendida.