Nuestras calles enlazan rostros y vidas inesperadas, algunas que salen y siempre retornan. La de hoy es singular y su estela está llena de matices. Me dijeron que era soprano y la inteligencia artificial me lo resumió con tres notas: voz aguda, timbre brillante y agilidad. Me volví a proponer estudiar música y, quizá, conocer a Aída Briceño Varela fuera un primer paso porque su nombre ya me sonaba a música, a Verdi y a princesa etíope.

Pero antes seguí navegando en el proceloso mundo de ceros y unos hasta encontrarla en la jácara anónima No hay que decir en YouTube. No entendí lo que cantaba, pero, sin saberlo entonces, esa canción del siglo XVII me la presentaba: No hay que decir el primor / ni con el valor que sale, / que yo sé que es la zagala / de las que rompen el aire.

Para dedicarse a la creación y al arte, hay que ser de rompe y rasga y Aída me lo mostró en un primer encuentro hablando sobre la educación musical. Cuando quise entrar en su vida hortalina, su vocación se interponía a otros detalles del barrio, pero ella para no nosotros es quien quiere ser. ¡Brava!

¿De qué barrio eres?

Mi familia vive cerca del metro de San Lorenzo. Yo me he movido bastante. He estado casi doce años fuera de Madrid. Hace mucho que viajo y no estoy tanto en el barrio, pero siempre lo siento como mi barrio, la zona donde he crecido.

¿Tu familia era del pueblo de Hortaleza?

Del barrio de toda la vida. Yo, cuando salen las fotos así en el periódico, me hace gracia porque muchas sí las tengo.

¿Cuánto tiempo llevas en el mundo del canto?

Habría dos etapas: una sería la formación y otra la profesional.

¿Cuándo comenzó la primera?

No sabría decir, pero siempre. No sé, a lo mejor con 5 o 6 años. Mi perfil es bastante interdisciplinar. Yo ya iba a clases en el Dionisio Ridruejo de balé hacia guitarra hacia teatro…

¿Todo relacionado con el arte?

También hice gimnasia rítmica en el polideportivo Luis Aragonés durante bastantes años con el equipo de Hortaleza y ganamos muchos premios. Después entrené en atletismo en los Paúles. Además de la música, he hechos muchas otras cosas.

¿Y el instituto?

En el Gabriel García Márquez estuve un año y después pasé al Ramiro de Maeztu porque solo allí había Bachillerato Artístico. En el barrio, cuando comenzó la ESO no había muchas opciones.

¿Hiciste Bellas Artes después?

Hice un módulo de Artes Aplicadas a la Escultura.

¿Y en la música?

Obtuve el Grado Profesional de Canto en el Conservatorio Arturo Soria, seguí estudios en Londres y me gradué en el Centro Superior de Música del País Vasco. También cursé el Máster de Investigación e Interpretación Musical de la Universidad Internacional de Valencia.

¡Qué diversidad!

Siempre he sido bastante interdisciplinar. Yo tenía claro que quería hacer arte, pero no sabía en qué. Estuve compaginando durante un tiempo el módulo con el conservatorio hasta que dije: “No pueden ser las dos, hay que elegir”.

¿Qué elegiste?

La que tenía que elegir (risas). En el fondo, en la ópera, todas las disciplinas se unen, ¿no?

“En el fondo, en la ópera, todas las disciplinas se unen, ¿no?”

¿Fuiste a la universidad?

Me presenté a la Selectividad porque mi madre me obligo (risas). No me sirvió para nada, salvo para saber que, sin estudiar, tuve unas notas altísimas.

¿No te rebelaste?

Cuando eres artista, tienes el miedo a que, si me sale mal, me lo van a echar en cara. Tener títulos a los padres les tranquiliza, aunque la vida sea otra cosa.

¿Por qué te especializaste en el canto?

Porque a mí me gusta. Supongo que por cabezonería. Obviamente no porque estuviera completamente loca. Se habría confundido muchísimo otra gente que no solo me enseñó, sino que confío, apostó, porque esto es algo muy artesanal entre tú y tu maestro o tus maestros.

¿Quiénes han sido tus maestros?

Son casi 25 años y a día de hoy sigo estudiando. No hay un momento en el que paras de formarte. Si no, estás muerta. Hoy sigo haciendo master class, acudiendo a clases, a ensayos, a preparar audiciones…

¿Y un máster?

Básicamente, es una mirada interdisciplinar entre la música, la literatura y la pintura del siglo XX. Querría hacer el doctorado…, veremos cuándo llega.

Hablemos de lo profesional.

Hay muchísimas formas de poder dedicarte profesionalmente. La mía no es una precisamente estática.

¿Cuándo empezaste a trabajar como cantante?

Como cantante solo, a lo mejor Callas (risas). A quienes estamos más en el medio nos es más difícil. Nada más salir del conservatorio, hice una gira que tuvo un premio en la que cantaba como solista con la orquesta de Euskadi en un ensamble de música barroca y estuvimos de gira por varios festivales internacionales. Después hubo algún papel pequeño, trabajé en coros de ópera, de zarzuela… Todo esto depende de etapas.

Mucha variedad.

No creo que haya un artista que pueda hacer durante toda su vida lo mismo. Puedo decir que he tocado todos los palos interpretativos, el docente y la investigación. No me ha quedado nada.

¿Docente en Hortaleza?

Bueno, aquí he estado dando técnica vocal en el Coro Escolar de Hortaleza. Ellos siguen y merecen alguien que esté todo el tiempo. Yo ahora prefiero darle peso a la parte interpretativa y al escenario, que es donde mejor me siento y lo que más me gusta.

“Aquí he estado dando técnica vocal en el Coro Escolar de Hortaleza”

¿Se es más libre en la interpretación?

Si hay algo que tiene que tenerse como artista es rutina; si no, no come.

¿Un trabajo curioso?

Por ejemplo, puse mi voz a Pierced by Underground del juego Call of the Sea, compuesta por Eduardo de la Iglesia.

¿Dónde trabajas ahora?

En la Ópera de Tenerife. Estamos estos días con los ensayos de Yerma a tope y no he parado. Es una producción muy innovadora con agua en el escenario y es el estreno europeo de la ópera compuesta por Heitor Villa-Lobos sobre el texto de Lorca.

¿Puedes adelantarnos otros proyectos?

En mayo se estrenará Whisky a Kepler: refugiados en el espacio de los hermanos Ferrando. Es uno de los proyectos ganadores en la primera convocatoria de EDP Green Stage de la Fundación EDP y la Escuela Superior de Música Reina Sofía.

¿Vendrías a Madrid?

Me encantaría volver a Madrid, pero se me resiste un poco.

Gracias, mucha suerte y muchos éxitos.

Aída Briceño Varela

La soprano hortalina Aída Briceño Varela en el parque parque Juan Carlos I. DANIEL MILLS SALCEDO

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