Solo sabía que era el hijo adoptado de Borja Valcárcel, cofundador y alma de este periódico. Ahmed Younoussi es protagonista de una vida superlativa, la expresión máxima de vivir, de ser y de agradecer. Así lo tiene grabado en el nombre propio, Ahmed, “el que más agradece” o también “el más digno de alabanza”.

Su apellido, sin embargo, emparenta con Jonás, el de la ballena, un desobediente profeta que, en vez de ir a Nínive, se vino a la península ibérica a más de 4.000 kilómetros, según algunas fuentes. Pero nuestro Ahmed solo estaba a 14,4 kilómetros, título de la obra teatral que cuenta su odisea y la distancia entre Tánger y Tarifa.

Hoy Ahmed Younoussi se nos presenta como joven de barrio, un colega que quiso añadir a su nombre un segundo apellido, Hortaleza, pero no pudo ser ni es necesario. Esta entrevista nada tiene que ver con las que los grandes medios de comunicación le han hecho. Aquí no censuraremos ninguna palabra malsonante. Estamos en el bar Nuevo M-40, al final de la calle Santa Susana. Entre el ruido de vasos y conversaciones, lo más temible son los saludos que nos interrumpen. Él se presenta como transportista, pero sin darme cuenta se transforma en filósofo.

PREGUNTA: Pongo la grabadora.

RESPUESTA: Ya no hago entrevistas ni nada. Te lo juro, es porque es el barrio, pero es de las últimas.

¿Te han hecho muchas?

Una locura, o sea, era todos los días.

¿Has tenido una biografía dura?

Yo no he tenido una biografía dura, yo considero que he tenido una biografía diferente porque qué se supone que es duro, ¿no?

¿Dormir en la calle con frío y lluvia?

Pero desde qué punto de vista, puede ser duro o no, desde el mío no es duro. Si tú no conoces nada y tienes la calle, para ti lo mejor es la calle. Es más jodido que esté un adulto en la puta calle que un niño, porque un adulto piensa, un niño vive, fluye.

“Es más jodido que esté un adulto en la puta calle que un niño, porque un adulto piensa, un niño vive”

¿Y tú como niño?

Yo fluía con la vida, con lo que veía, con mi entorno, con lo que me rodeaba… Una cosa te llevaba a otra. Era una cadena de sucesos que nunca paraban, porque en la calle las cosas no paran.

¿Envidiabas ver otros niños con sus padres?

Bueno, tenías tu momento de tristeza, obvio.

REFLEXIÓN, VALORES Y PENSAMIENTO

Tu bagaje poca gente lo tiene.

Claro, la educación para mí es muy simple: es el bien o el mal. Diferenciarlo, todos lo diferenciamos. Tener la capacidad de gestionarlo y de parar y frenarnos no todo el mundo la tenemos. Si la tienes, eres un tío educado.

¿Tú la tienes?

Yo la tengo porque lo entendí. Para tener algo, hay que entenderlo.

¿Has tenido vivencias, has hecho travesuras…?

Por eso lo he entendido. Hay gente que piensa que ha tenido una vida muy heavy y, cuando me la cuenta, de repente digo: “Hostias, tío, has salido burgués”.

¿Los ves como burgueses?

Ellos piensan que han vivido una vida intensa y llena. ¿Y dónde quedo yo en esas noches montando en camiones o mil millones de situaciones que he tenido que vivir?

¿Lo has sentido?

No me arrepiento de haberlas vivido porque, gracias a ellas, soy quien soy y estoy aquí hablando contigo.

¿Sobrevivir es lo importante en la calle?

Sí, es lo principal. Comer en un momento dado, ¿no?

¿Cómo se aprende así?

La vida te va enseñando. Ni tus padres te preparan para la vida. Es la vida la que te prepara para la vida. Tus padres al final forman parte de una vida.

¿Tuviste también cosas buenas?

Todo eso yo lo resumo en Borja, Francisco José Valcárcel Fernández, es el que me ha dado prácticamente todo lo que tengo hoy en día y todo lo que soy. Obviamente, yo he tenido que trabajar y esforzarme, pero las puertas, la mayoría, me las han enseñado y me las ha abierto él. Si no fuera por esa apertura de puertas que Borja hizo por mí, quizá yo no sería ni la persona que soy ni estaría aquí o vete tú a saber dónde hubiera acabado.

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Imposible de saber.

Lo que sí sé es que, antes de conocer a Borja, que en paz descanse, yo sentía que era un tío controlado, que era un tío al que no se me iba la olla. A mí nunca se me ha ido la olla y muchas veces me hacen cosas por las que otro mataría, ¿no?

¿Cómo te controlas?

Para salir de aquí lo que hay que hacer es entender la movida, entender lo que pasa. Entonces, ya tiras de tus conocimientos adquiridos a lo largo de tu vida y sales. Es como tu propio psicólogo, y te autocontrolas y aprendes a dosificar esa energía negativa que te viene de la nada.

¿Del instinto?

Yo siempre tengo como ese control. Se me ha dado bien manejar las situaciones muy tensas, ¿no? He sido socorrista, por ejemplo, y he sacado gente ahogándose.

Culturalmente, ¿perteneces a dos mundos?

Yo siento que no pertenezco a ningún lado. Eso lo he meditado mucho durante muchos años. ¿De dónde soy? ¿Dónde vivo? ¿Qué siento? La verdad es que soy del mundo, quiero vivir, me gusta el planeta en el que vivo.

¿En cualquier lugar?

Una putada porque hay ciertos sitios que están a tomar por culo y se necesita pasta. Este mundo ha creado el dinero para todo; así que no voy a poder ir porque no tengo dinero. El mundo es el que es, uno tiene que vivir en la realidad, y no puede permitirse meterse en esa disociación en la que se mete mucha gente.

¿Qué piensas de la xenofobia?

Hay quien no ha entendido el juego de la vida. Por eso hay guerras, porque hay uno que falla, como Trump. Ese uno también es ser humano, forma parte del mundo y tiene ese vacío de no entender qué hace.

¿El vacío de no entender lo que hace en la vida?

Se genera su propia movida, su propia galaxia, como esta gente de la derecha, ¿no? Tiene un objetivo, sacar a todos los inmigrantes del país. Nunca lo van a conseguir, tampoco quieren hacerlo, pero es lo que se marcan.

¿Por qué ocurre?

Las cosas, como la religión, son como cuerdas de vida. La gente se agarra a baile, yoga… La gente no sabe qué hacer, entonces le sacas cualquier mierda y va. ¿Por qué? Porque la gente no se sostiene por sí misma ya, porque no han vivido, no les han enseñado. De jóvenes han estado de fiesta con todo hecho: “Mamá, péiname. Mamá, plánchame. Papá me trae…”, ¿no? A lo largo de esos años no han creado movida.

¿Lo consideras superficial?

No, no es superficial, pero se han perdido muchas otras cosas por andar tanto tiempo concentrados en esa amistad, en ese círculo.

¿Es negativa esa relación?

Yo solo digo que tienes más desconocimiento en ese tipo de vida. Sin embargo, tengo otros colegas que han llegado a China y han nacido aquí en Hortaleza. Entonces, son distintas formas de vivir. Tú puedes no salir de Madrid, puedes tener otra vida distinta, tener contacto con otras culturas, enriquecerte con nuevos conocimientos, saber entender que la historia está para aprender, está para recordar; no está para criticar, no está para dar hostias con la historia a los demás, pero eso son carencias que tiene la gente y la soledad, que es muy mala.

AQUELLA LLEGADA A HORTALEZA

¿Cómo llegaste a España?

Esto no lo suelo contar, pero, bueno, ya de perdidos al río. Yo cruzo desde Ceuta sin querer (con 9 años). Estaba dormido en un remolque y, bueno, me desperté en Barbate, exactamente.

¿En un coche de choque?

No, eso fue una de las veces. Yo lo intenté ocho veces y una lo intenté en un coche de choque. Pero, cuando vine, fue encima del remolque.

Viviste situaciones difíciles.

Sí, pero yo siempre buscaba lo mínimo. Yo en vez de robar la fruta, se la pedía al frutero y me daba dos.  No tenía necesidad de robar, aparte de que no me ha molado. A mí hay una cosa que siempre me ha dado pánico en la vida y es que la gente me vea como el delincuente. Creo que es peor que vivir en la calle.

“Yo en vez de robar la fruta, se la pedía al frutero y me daba dos”

¿Y tu familia?

No, no tengo nada, no tengo ni fotos con nadie de mi familia. Soy un ser único, tío. Yo no pertenezco a ningún lado, yo pertenezco a la vida.

¿Qué sentiste al llegar a Madrid?

El mejor ejemplo que suelo poner es una tapa de registro de las que hay en la calle. Por arriba siempre está limpia, pero, por debajo, de repente, está llena de bichos, ¿no? Mi vida sentía que era eso; de repente, la tapa de registro había girado. Eso es lo que me pasó a mí cuando cuando llegué a Madrid.

¿No tenías el apoyo de Ana, una monja de Ceuta?

Sí, nos dio apoyo a mí y a gente que vivía en la calle. Lo que pasa es que yo con esa señora tuve un vínculo muy guay y, bueno, pues me dio un contacto suyo, al final sucedió todo y la llamé. Y ella se ofreció a subir y echarme una mano. Fue la que me trajo hasta Madrid.

¿Y viniste a Hortaleza con Borja?

Lo conozco en Vallecas en un centro de menores. A ver, con Borja yo empecé a convivir porque lo que pasa es que Borja era mi padre. Yo veía a Borja como un padre. Era un tipo que no se puede definir, un ser del que el mundo nunca debió de carecer.

¿Qué te aportó?

Francisco José Valcárcel Fernández, que seguramente es la persona que ha luchado por este barrio, me ayudó y que me enseñó a hablar como hablo y a decir las cosas que hoy mismo, hoy en día, puedo decir.

¿Algo más te marcó en Hortaleza?

Me acuerdo de que, cuando era pequeño, pasaba por la UVA y veía la de peña estropeada de cuarenta y me decía: “Yo no quiero ser así”. Esto a mí me ha ayudado a no drogarme, a no alcoholizarme más de la cuenta, a no meterme drogas.

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¿Y el fútbol? ¿Sigues jugando en un equipo de Hortaleza?

Sí, juego al fútbol con un equipo que se llama Los Carcamalos, que somos de aquí un grupo de M-40.

¿Carcamalos?

La verdad que nunca lo he preguntado. Ya les he dicho que pongan buenos porque de malos no.

¿Y estáis en una liga?

No, en una liga de estas privadas, de estas que pagamos, pues para jugar durante el año y pasarlo bien. Y luego estoy en otro equipo con un grupo de la UVA que se llama El Encuentro.

¿El Encuentro?

El Sitio del Encuentro es el nombre de un bar que hay en la calle Pedroñeras, cerca de Tribaldos. Me gusta mucho el deporte y lo que es mi relación con el barrio no quiero que nunca se muera.

“Me gusta mucho el deporte y lo que es mi relación con el barrio no quiero que nunca se muera”

¿Qué te retiene en el barrio?

Soy nómada. Y porque tengo un hijo, ¡eh! Si no, yo sé que, desde que no está Borja, me hubiera ido de Madrid. Me han ofrecido trabajo en Barcelona, me han ofrecido trabajo en un montón de sitios, en Mallorca… Y me hubiera ido seguramente.

¿Vives en Hortaleza con tu hijo?

No, vive en Vallecas ahora con su mamá. Yo no soy ese tipo que repite las historias, ¿sabes?, porque yo aprendo de lo que he vivido. Como lo he vivido y sé lo que se siente, sé cómo se ve el mundo desde sus ojitos. Yo voy a estar cerca de mi hijo, da igual que no pueda verlo, pero a nivel físico, estoy cerca de mi hijo. Pasa algo y, esté donde esté, yo en diez minutos voy a estar y eso me mantiene.

¿Qué has estudiado?

Yo tengo la ESO y luego estuve trabajando. Hice un curso de atención especial para enfermos de alzhéimer. Tengo el título de Socorrismo Acuático. Fui socorrista un montón de tiempo en el pantano de San Juan, en piscinas de comunidades privadas…

EL ACTOR: CINE, TELEVISIÓN, TEATRO…

¿Ahí conociste al actor Peris-Mencheta?

No, a Peris-Mencheta lo conocía antes en un cortometraje que hice que se llama Metrópolis Ferry de Juan Gautier.

Me he confundido con la piscina.

En la piscina como socorrista, conocí a un productor de la serie El Príncipe.

Había oído la anécdota.

Él estaba sentado con su familia y yo era el socorrista puesto de la comunidad. Entonces, entró con los zapatos y le dije: “Perdone, ¿puede usted quitarse los zapatos?”, porque era una de las normas que había que cumplir. Entonces, me miró y me dijo: “Pero ¿tú no eres Ahmed?”. Le miro así y le digo: “Sí, ¿quién eres?”. Dice: “Yo soy el productor de El Príncipe”. Ahí me acuerdo que le dije: “Mire, no se quite los zapatos que el césped vuelve a crecer, ya lo riego yo” (risas).

¿Tienes capacidad artística?

Me animaron, me decían que sí. Me costaba creerlo porque, muchas veces, creo muy poco en mí. Otra carencia, aunque, a veces, la seguridad se convierte en inseguridad y lo mismo hay que trabajar mucho. Hay que volver a intentar entenderlo todo superrápido para agarrar esa seguridad y no convertirla en inseguridad. Entonces, no paras de currar, tío.

¿Pasión por el arte?

A mí me encanta el cine y se me da bien, pero no soy compatible con la industria.

“Es una industria en la que muchas veces te utilizan simplemente para que haya un color”

¿Por qué?

Es una industria en la que muchas veces te utilizan simplemente para que haya un color, para colorear, pero tú te crees que están contando contigo. Hay cosas que todavía no se han solucionado, como el racismo…

Se hace en un proyecto, pero lo quieren presentarlo internacional. Entonces meten dinero, meten un moro, meten lo que sea, pero ese moro que van a meter no va a tener un buen papel; además, la vida que va a tener como personaje va a ser una mierda.

Es una profesión difícil.

Si tengo amigos españoles, patriotas autóctonos de la tierra que no trabajan, ¿cómo lo pretendes tú, que eres un moro que llegas aquí, mira la mayoría de la gente que mueve el sector?

¿También en el teatro?

Sí, cuando lo descubrí dije: “¡Ostras, qué guapo, esto mola mucho y a mí me mola”. Y cuando haces algo que te gusta, normalmente, suele salir bien. Y si ya lo haces desde el corazón y lo haces de manera honesta… Si te entregas al público, como el público se entrega a mí cuando se sienta a verme durante dos horas seguidas, yo solo, pues… ¡Y cómo aplauden! Yo he tenido aplausos de siete minutos. Me cagaba en los pantalones de la alegría, de los nervios y del respeto que tenía yo con ese público.

¿Fueron muchos teatros?

En Barcelona, en Bilbao, en Málaga, en Sevilla, en Cádiz… Teatros monumentales, el teatro Gayarre, el Victoria Eugenia… Todo eso me los llevo, pero eso es la vida, a mí eso me lo ha regalado la vida, el destino.

¿Terminaron las temporadas de 14,4?

El teatro lo he dejado. Sí, pero he cortado yo la movida. A mí me ha quemado la productora.

¿Qué pasó?

Yo lo llamo abuso. Abuso de cariño, abuso de tiempo, abuso de la economía, pérdida de calidad de vida durante el proyecto…

¿Cuántos meses has estado?

Dos años en los que he entregado mi vida, de manera literal, gratis, gratis… He entregado mi tiempo y mi salud. Me desmayé en el escenario un día.

¿Te sientes orgulloso?

Me siento muy orgulloso por el público que he tenido. Yo sigo viendo todas esas tardes, todas esas noches en esos teatros con toda esa gente… Tengo caras grabadas todavía. A mí lo que me ha quitado la ilusión no es el teatro; a mí lo que me ha quitado la ilusión es la estructura administrativa, que es la que me ha quemado.

“Soy mozo de almacén en Mercamadrid, pero soy feliz”

¿Mantenías otro trabajo?

Claro, porque no me daba para comer. El esfuerzo que había que hacer era demasiado grande. Yo lo hice. Mandé a la mierda todo lo que tenía, todo mi trabajo, todo lo mandé a la mierda para centrarme en eso. Cuando fui a pedirles una reunión para discutir un poco todo a todos los niveles, de repente, ya la gente empezó a cambiar.

¿Cómo?

Ya empiezas a ver cosas que ya no son “Cariño”, ni “Somos una familia” ni “Te queremos”… Ya son otras movidas. Y ahí es cuando me dije: “Mira, tienes dos opciones, o seguir pegándote con esta gente, que no lo va a entender nunca porque son como son, o estar tranquilo”. Como un León nunca va a entender al tigre, ni el tigre va a entender a la hiena, ni la hiena va a entender al burro…

MOZO DE ALMACÉN

¿Entonces?

Pues siendo un burro en Mercamadrid. No tienes que pensar, no tienes 1.700 personas delante… Y ahí estoy, en Mercamadrid. Soy mozo de almacén en Mercamadrid, pero soy feliz. Yo muevo palés. Los palés no me engañan, los palés no me generan un ambiente que luego es mentira, los palés se quedan quietos. Cuando llego con la transpaleta, los pongo, tronco. A mí el palé no me dice nada ni me engaña, ni me pinta la movida como de Superman.

¿Hay frustración?

Yo fluyo en la vida, a mí no me da miedo nada. Se piensa muchas veces la gente que quiero ser famoso. ¡Qué va! Si soy actor sin querer porque estaba la carretera ahí, porque el peaje estaba levantado.

¿Está escrito el destino?

No, el destino no está escrito. Hay una parte, quizá; una mínima parte puede que esté escrita, pero una gran parte son las acciones que tú haces, esas son las que determinan el tipo de destino que puedes tener.

Ahmed Younoussi

Ahmed Younoussi: “Las acciones que tú haces, esas son las que determinan el tipo de destino que puedes tener”. SANDRA BLANCO