“Mientras miles de familias confían cada día en las escuelas infantiles, quienes sostenemos la educación de 0 a 3 años seguimos trabajando en condiciones cada vez más precarias”; así explicaban las educadoras de la escuela pública La Almudena –en una carta publicada en este periódico– los porqués de la huelga indefinida que mantiene desde el pasado 7 de abril el primer ciclo del sector de la Educación Infantil, incluyendo escuelas públicas gestionadas por distintas administraciones, centros públicos de gestión indirecta y escuelas privadas.
Después de años de protestas, “fruto del cansancio acumulado tras años de abandono institucional y de falta de reconocimiento hacia una etapa educativa fundamental para el desarrollo de niñas y niños”, las razones para convocar esta huelga indefinida en la Educación Infantil madrileña, que poco a poco se ha ido extendiendo a otras comunidades autónomas, son diversas, como indica la Plataforma Laboral Escuelas Infantiles (PLEI) en su manifiesto: un salario digno (actualmente cobran el salario mínimo interprofesional, a pesar de que se les exige tener estudios superiores), reconocimiento de la categoría profesional como personal docente y no como personal laboral administrativo y bajada de las ratios y pareja educativa (en concreto, que las de la Comunidad de Madrid se equiparen con las del Ayuntamiento, consolidadas durante la alcaldía de Manuela Carmena: dos educadoras por seis bebés, dos educadoras por 11 niñas y niños de 1-2 años y dos educadoras por 14 niñas y niños de 2-3 años).
Además de invertir más recursos tanto para mejorar las infraestructuras y que estas sean seguras y accesibles como para disponer de más apoyo en los Equipos de Atención Temprana para atender la diversidad, la remunicipalización de las escuelas infantiles de gestión indirecta o la creación de un marco normativo a escala nacional, entre otras muchas. Rosa Marín, portavoz de la Plataforma Laboral Escuelas Infantiles, insiste en la necesidad de que se involucre toda la sociedad y las instituciones porque las escuelas infantiles son “recursos que no solo están para conciliar la vida laboral, sino para educar y atender a la primera infancia previniendo y detectando posibles problemas que puedan surgir en su desarrollo”.
La mayoría de las profesionales en el sector de la Educación Infantil son mujeres (hasta el 97%)
Durante estos meses, aparte de diferentes iniciativas y concentraciones para visibilizar la precariedad de su situación, donde han hecho del color amarillo su bandera, se han mantenido reuniones con las administraciones involucradas. No obstante, como la Plataforma Laboral Escuelas Infantiles no tiene personalidad jurídica, son los sindicatos quienes están manteniendo dichos encuentros: con Mercedes Zarzalejo, consejera de Educación, Ciencia y Universidades de la Comunidad de Madrid, y con Santiago Antonio Roura Gómez, subsecretario del Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes; aunque no se está obteniendo ningún resultado por ahora. “Se pasan la pelota unos a otros, haciendo referencia al convenio y a las patronales”, resume Rosa Marín. Por ello, las concentraciones de los martes frente al ministerio han pasado a ser frente a la sede de la patronal.
Al cierre de esta edición, ya iban más de diez semanas de huelga y no hay intención de parar en junio y julio, pero adecuando el horario de las concentraciones a las altas temperaturas. Así, el pasado 17 de junio la cita frente a la Consejería de Educación (calle Alcalá, 32) se fijó a las 10.00 horas, donde se entregaron 20.000 firmas en apoyo a las educadoras infantiles, y el 18 de junio se convocó a las siete de la tarde una concentración en Sol para denunciar la “discriminación calendaria que sufren los niños y niñas de 0 a 3 años, cuyas jornadas anuales llegan a alcanzar los 215 días frente a los 175 del resto de etapas educativas”. Además de participar en las fiestas y eventos que se celebran durante estos meses en los barrios y distritos madrileños para visibilizar su lucha, como en el pasacalles reivindicativo «No pasarán» del jueves 16 de julio en las Fiestas del Carmen y la Karmela en Vallecas.
La mayoría de las profesionales en el sector de la Educación Infantil son mujeres (hasta el 97%), por lo tanto, como afirma Rosa Marín, “el seguimiento de la huelga depende de la economía de la mujer”. Cobrando el salario mínimo interprofesional y viviendo en Madrid, no es nada fácil, por lo que se ha creado una Caja de Resistencia (ES04 3025 0003 9214 3337 5203) con la que se puede colaborar.

Carteles informativos durante la concentración convocada el pasado 24 de abril por las familias de la escuela La Gran Vía en apoyo de la huelga. ÁNGEL SÁNCHEZ
LA HUELGA DE EDUCACIÓN INFANTIL EN HORTALEZA
En el distrito la situación de la Educación Infantil mantiene la misma diversidad en la gestión y condiciones laborales, con diez escuelas infantiles de titularidad pública, de las cuales Doña Francisquita (Las Cárcavas), La Gran Vía (Canillas), Las Pléyades (Valdebebas) y Ana de Austria y La Ardilla (ambas de Sanchinarro) son de titularidad municipal, pero están gestionadas por empresas privadas; mientras que El Carmen (Manoteras), La Almudena (Canillas), Parque de Hortaleza (Pinar del Rey), Mudarra (Valdebebas) y Rocío Dúrcal (Sanchinarro) son de la Comunidad de Madrid: las tres primeras de gestión directa y las dos últimas de gestión indirecta. Además, hay que añadir la sección de Infantil de los colegios públicos San Miguel y Dionisio Ridruejo, y sin tener en cuanta las escuelas privadas, “cuyas ratios son mayores incluso”, según comentan las educadoras infantiles con las que ha hablado este periódico y que prefieren mantener el anonimato por miedo a sufrir represalias.
Para poder ejercer el derecho a la huelga y cubrir los servicios mínimos, en todos los centros se están organizando semanalmente, ya sea entre las educadoras o desde la dirección de las escuelas infantiles. “Intentamos encontrar un equilibrio entre poder reivindicar nuestras condiciones y seguir asegurando la atención y el cuidado de los niños y niñas”.
“No es una decisión fácil y supone renuncias, tanto económicas como emocionales, pero sentimos que es necesario alzar la voz”
Sobre las concentraciones, “la realidad es que muchas veces no todas podemos asistir porque económicamente está siendo difícil asumir tantos días de huelga”, aun así buscan otras formas de apoyar y participar: llevando camisetas reivindicativas, explicando a las familias el motivo de las movilizaciones, acudiendo a las manifestaciones fuera del horario laboral y visibilizando la situación. También se están realizando acciones individuales para poder sostener la huelga, como venta de camisetas o cestas. La escuela Doña Francisquita tiene su propia caja de resistencia y sus trabajadoras han organizado un evento solidario con actividades para toda la familia el jueves 25 de junio a las 18.00 horas en la asociación vecinal Las Cárcavas (calle Maruja Mallo, 26).
En general, se está notando el apoyo de las familias del alumnado de las escuelas infantiles hortalinas, y prueba de ello es la concentración celebrada el pasado 24 de abril frente a la escuela La Gran Vía. “Muchas familias empatizan con los motivos de la huelga, pero también hay otras que nos preguntan por la fiesta de fin de curso o la graduación y no entienden que no se celebren”. Y no solo de las familias, sino también del tejido asociativo del distrito, como muestra la entrega del Premio Borja Valcárcel a la Participación Ciudadana otorgado a las educadoras infantiles durante las pasadas Fiestas de Juan y Juana, las fiestas populares del barrio Parque de Santa María organizadas por la asociación vecinal La Unión de Hortaleza.
Todas ellas coinciden en que a nivel personal y familiar está siendo una etapa agotadora, tanto física como mentalmente. Dependiendo, además, de las situaciones personales de cada una (si viven solas, en régimen de alquiler o en propiedad, con personas dependientes a cargo…), pueden hacer más o menos sacrificios para poder compensar la pérdida de ingresos. Sin embargo, no van a parar, pues, como resume una de ellas, “estamos viviendo la huelga con cansancio, pero también con convicción. No es una decisión fácil y supone renuncias, tanto económicas como emocionales, pero sentimos que es necesario alzar la voz”.






